Sábado 28 de febrero de 2026
Sábado 28 de febrero de 2026

Milei cargó contra tres empresarios y los acusó de exponer “un sistema corrupto que hundió a los argentinos de bien”

El Presidente volvió a encender la tensión entre el poder político y el sector privado con una ráfaga de tuits que superan la crítica económica: se dirigió directamente a tres de los empresarios más influyentes del país, a quienes responsabilizó por prácticas que, según su diagnóstico, profundizaron los problemas de precios y rentabilidad en la economía argentina. 

Desde la Casa Rosada, Milei describió irónicamente como “Don Chatarrín de los Tubitos Caros” al CEO de Techint, Paolo Rocca; “Don Gomita Alumínica” al titular de Fate y Aluar, Javier Madanes Quintanilla; y el “Señor Lengua Floja” a Roberto Méndez de Neumen. Con esos apelativos, el mandatario no solo los confrontó por el cierre de industrias y altos precios, sino que los ubicó en el centro de lo que él define como un sistema “corrupto” que, en su mirada, perjudicó a los argentinos de bien. 

Remarcaciones, cierre de plantas y proteccionismo en debate

El trasfondo de las críticas fue primero económico: en la serie de controversias recientes, uno de los puntos más delicados fue el cierre de la planta de Fate, tradicional fabricante de neumáticos, y las declaraciones públicas del CEO de Neumen admitiendo que durante épocas de restricciones a las importaciones los empresarios locales “ganaron mucho dinero” con márgenes de hasta el 60 % o 70 % en el precio de las cubiertas. 

Ese reconocimiento no solo reavivó la polémica por el alto costo de insumos industriales sino que, para Milei, confirmó algo que su Gobierno sostiene desde la campaña: que sectores corporativos supieron beneficiarse del proteccionismo, acumulando rentabilidades extraordinarias mientras el poder de compra de la mayoría de los argentinos se deterioraba. 

El Presidente aprovechó esos datos para cargar incluso contra los supuestos “defensores del nacionalismo barato”, argumentando que defender prebendas y barreras a la competencia fue funcional a prácticas que, en su visión, dañan a los consumidores. 

Una estrategia política cargada de simbolismo

Políticamente, las declaraciones de Milei no solo son un ataque a empresarios específicos: forman parte de una narrativa más amplia donde busca reconfigurar el vínculo entre el poder estatal, el sector privado y la sociedad. La insistencia en denunciar “castas”, “privilegios” y “mercados cerrados” refuerza su discurso sobre la necesidad de abrir la economía, desregular sectores y remover obstáculos que, según él, encarecen productos y servicios. 

Este enfoque —si bien coherente con su base ideológica liberal— choca con la percepción de parte del arco político tradicional y de sectores industriales, que sostienen que el costo de producción en Argentina está influido por una combinación de carga tributaria elevada, costos logísticos, tipo de cambio y competencia extranjera. En ese sentido, la apertura de importaciones y la competencia, defendidas por el Gobierno, son vistas por estos interlocutores como amenazas a industrias que aún no lograron modernizarse. 

Impacto concreto en mercados y consumidores

Para los ciudadanos y, en particular, para mercados locales como el de La Plata, estas controversias no son meramente retóricas. El precio de insumos estratégicos —como las cubiertas, el acero o el aluminio— se traduce rápidamente en costos de mantenimiento de flotas, transporte, construcción y producción. Las variaciones en estos rubros repercuten en precios finales al consumidor y en la competitividad de sectores productivos locales. 

Además, la polémica influye en la percepción social sobre quiénes son los responsables de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo: si los empresarios por prácticas de mercado o si las políticas económicas, la apertura y la desregulación impulsadas desde el Ejecutivo.

Un mensaje con doble filo para la política nacional

Por último, la ofensiva verbal de Milei también tiene un claro efecto político. Busca consolidar su narrativa contra las élites tradicionales, presionar a sectores económicos que consideran legítimas sus quejas y, a la vez, mostrar a su base una postura intransigente contra lo que define como prebendas. Esto puede reforzar la polarización política en Argentina, donde los debates sobre industrialización, apertura y regulación ya vienen cargados de tensiones y pasiones. 

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