El presidente Javier Milei decidió reactivar la mesa política del Gobierno con un objetivo claro: ordenar la estrategia parlamentaria y volver a empujar la reforma laboral, uno de los ejes estructurales de su programa económico que hasta ahora encontró fuertes resistencias en el Congreso.
El movimiento se da en un contexto de reacomodamiento interno del oficialismo, luego de un primer año de gestión marcado por tensiones con bloques aliados, dificultades para sostener mayorías y avances parciales en el paquete de reformas impulsado desde Casa Rosada. La reactivación del espacio político busca alinear discursos, afinar negociaciones y evitar nuevos traspiés legislativos.
La reforma laboral aparece nuevamente como prioridad. El Gobierno insiste en avanzar sobre un esquema que reduzca la litigiosidad, flexibilice las condiciones de contratación y modifique el sistema de indemnizaciones, con el argumento de promover el empleo formal y bajar los costos laborales. Sin embargo, el tema genera rechazo en sectores de la oposición, en el sindicalismo y en parte del arco político provincial, incluida la provincia de Buenos Aires.
Desde el oficialismo reconocen que el escenario no es sencillo. La falta de una estructura territorial sólida y la dependencia de acuerdos puntuales obligan a Milei a reconstruir canales de diálogo político, incluso con actores que hasta hace poco eran blanco de críticas públicas. En ese marco, la mesa política funciona como ámbito de coordinación entre ministros, referentes legislativos y asesores clave.Para distritos como La Plata, el debate no es abstracto. Cualquier modificación del régimen laboral impacta de manera directa en el mercado de trabajo local, atravesado por altos niveles de informalidad, empleo estatal y sectores productivos sensibles a los cambios normativos. La discusión promete volver a escalar en las próximas semanas y anticipa un nuevo foco de conflicto político y social en el arranque del año legislativo.


