Lunes 2 de marzo de 2026
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Milei tensó al máximo la grieta en el Congreso: reformas, embestida contra el kirchnerismo y señales de campaña en año clave

Con más tono político que institucional, Javier Milei abrió el período de sesiones ordinarias con un discurso que funcionó como hoja de ruta de su programa económico y, al mismo tiempo, como relanzamiento de la confrontación con el kirchnerismo. Lejos de buscar consensos en un Congreso fragmentado, el Presidente eligió reafirmar identidad, profundizar su narrativa anti “casta” y exponer a la oposición como antagonista central de su gestión.

La escena no fue neutra. Con Victoria Villarruel presidiendo la Asamblea Legislativa y un recinto atravesado por ausencias, gestos y murmullos, el oficialismo mostró cohesión discursiva, pero también dejó ver la tensión política que rodea al Gobierno. El mensaje no fue de apertura dialoguista, sino de consolidación de poder propio.

Reformas estructurales y un ajuste que no se negocia

En materia económica, Milei ratificó que el equilibrio fiscal es innegociable y que el ajuste continuará como pilar del modelo. Defendió la caída del gasto público como condición para estabilizar la macroeconomía y sostuvo que la baja de la inflación es el primer paso hacia una recuperación.

Sin embargo, el discurso dejó interrogantes sobre el impacto real en la economía cotidiana. En ciudades como La Plata, donde el empleo público, el sistema universitario y los servicios vinculados al Estado tienen un peso determinante, la reconfiguración del gasto nacional no es abstracta. Se traduce en menos consumo, tensión en comercios y una tasa de desocupación en el Gran La Plata que sigue mostrando fragilidad en comparación con años previos.

El Presidente habló de reformas laborales, impositivas y de una transformación más profunda del Estado. El problema político es que para avanzar necesita mayorías que hoy no tiene. Por eso, el discurso también puede leerse como presión hacia el Congreso y como mensaje a gobernadores e intendentes.

Cristina, el kirchnerismo y la apuesta a la polarización

El tramo más fuerte estuvo dirigido al kirchnerismo y, en particular, a Cristina Fernández de Kirchner. Milei volvió a asociar a la ex mandataria con la corrupción y utilizó su situación judicial como argumento político. El mensaje no buscó matices: reforzó la polarización como estrategia.

Esa decisión no es casual. En un escenario económico todavía delicado, la confrontación ordena el tablero propio y tensiona a la oposición. En la provincia de Buenos Aires, donde el peronismo mantiene estructura territorial y peso legislativo, el discurso fue interpretado como un anticipo de campaña.

Desde Unión por la Patria rechazaron el tono y lo calificaron de provocador. En sectores bonaerenses advirtieron que el ajuste impacta con mayor fuerza en distritos con alta dependencia de fondos nacionales. El cruce promete escalar en el plano legislativo.

Empresarios, mercado y un mensaje hacia adentro

Milei también habló hacia el sector empresario. Defendió la desregulación y la apertura económica como camino para atraer inversiones. La señal fue clara: el Gobierno no retrocederá en su orientación promercado, aun cuando el corto plazo muestre caída de actividad.

Pero el discurso tuvo otra capa: la interna. Si bien no hubo menciones directas, la relación con Villarruel y las diferencias dentro del oficialismo forman parte del contexto. El Presidente eligió un tono personalista, reforzando la idea de liderazgo sin intermediarios.

¿Gestión o campaña?

Más allá de los anuncios, el mensaje dejó una lectura política central: Milei apuesta a sostener la confrontación como herramienta de gobernabilidad. En un Congreso dividido, la construcción de mayorías estables parece lejana. Por eso, la presión pública y la polarización aparecen como recurso.

Para La Plata y la región, el escenario es concreto. El ajuste nacional, la evolución del empleo y la dinámica del consumo definirán el clima social en los próximos meses. El discurso presidencial dejó en claro que no habrá cambios de rumbo. La incógnita es si el tejido productivo y social resistirá la velocidad del proceso.

El Presidente eligió reafirmar su identidad antes que moderar el tono. La estrategia puede consolidar a su núcleo duro, pero también profundiza resistencias. Con la economía en transición y la política en tensión permanente, el año legislativo comenzó con un mensaje que no busca equilibrio, sino disputa.

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