Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta brasileña y forzó una segunda vuelta con Lula el 25 de octubre. Milei, que siguió la elección desde Olivos y se involucró en la campaña, ve una oportunidad para la derecha regional, aunque también un riesgo para su propio liderazgo.
La elección presidencial de Brasil confirmó lo que el Gobierno argentino esperaba: habrá balotaje. Con más del 90% de las mesas escrutadas, Flávio Bolsonaro lideraba con el 48% y Lula tenía el 43%, y como ninguno alcanzaría el piso del 50% para ganar en primera vuelta, ambos deberán medirse el domingo 25 de octubre.
El resultado fortaleció la apuesta política de Milei y Bolsonaro, una alianza que el Presidente construyó a fuerza de gestos y mensajes contra el mandatario brasileño.
Milei siguió la jornada desde la Quinta de Olivos y, aunque evitó pronunciarse de forma directa durante la votación, dejó en claro de qué lado estaba. Compartió en sus redes publicaciones críticas contra Lula y se mostró alineado con el candidato del Partido Liberal.
Un resultado que sorprendió a las encuestas
El desempeño de Bolsonaro superó lo que anticipaban los sondeos. Las encuestas previas marcaban una ligera ventaja del presidente Lula sobre el opositor, aunque insuficiente para evitar un balotaje. El escrutinio mostró lo contrario: el senador quedó primero, con una ventaja de unos cuatro puntos.
El conteo arrancó con una diferencia mayor a favor del candidato de derecha. Los estados del sur, más inclinados hacia Bolsonaro, suelen ser los primeros en reportar resultados, y a medida que avanzó el escrutinio Lula fue recortando distancia, aunque sin alcanzar a su rival.
Para el bolsonarismo, el dato también se completó con victorias territoriales: un aliado de Bolsonaro fue reelegido como gobernador de San Pablo por amplia mayoría, el estado más poblado y la principal economía del país.
Milei y Bolsonaro: una alianza con mensajes y provocaciones
El respaldo de Milei no fue solo una expresión de afinidad ideológica. Durante la campaña, el Presidente difundió una publicación que comparaba una foto suya como arquero de Chacarita con la imagen policial de Lula durante su detención en 1980, cuando el entonces dirigente sindical fue arrestado por encabezar una huelga metalúrgica en plena dictadura brasileña.
La provocación se sumó a una serie de ataques previos. En una entrevista con el medio francés Le Point, Milei volvió a tratar de ladrón a Lula y cuestionó su situación judicial, al atribuir su liberación a un tecnicismo y a la intervención de un juez al que acusó de complicidad.
El costo diplomático ya está a la vista. La relación bilateral atraviesa uno de sus peores momentos y los vínculos se mantienen en el nivel de encargados de negocios, sin embajadores plenos. Desde la llegada de Milei a la Casa Rosada, no hubo gestos de acercamiento entre ambos presidentes.
Del otro lado, Flávio Bolsonaro devolvió la gentileza. Tras votar en Río de Janeiro, invitó a Milei a visitar Brasil y hasta usó el grito de campaña del Presidente argentino, «Viva la libertad, carajo».
Qué se juega la Argentina en la segunda vuelta
En Balcarce 50 celebraron el resultado como un triunfo. «Ya llegar al balotaje es un triunfo para Flávio», resumió un funcionario cercano a Milei antes de que se conocieran los primeros datos. En el Gobierno ya se evalúa un posible viaje del Presidente a Brasil si el bolsonarismo se impone el 25 de octubre, aunque la agenda presidencial incluye otra visita a Estados Unidos a mediados de mes.
Pero la elección brasileña excede la disputa ideológica. Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y un destino clave para la industria bonaerense, con el sector automotriz a la cabeza. El tono de la relación entre ambos gobiernos impacta en exportaciones, acuerdos sectoriales y en el funcionamiento del Mercosur.
Para la provincia de Buenos Aires, donde se concentra buena parte del entramado industrial que comercia con Brasil, el vínculo entre Olivos y Brasilia no es un tema de política exterior lejano. La tensión diplomática de los últimos años ya complicó canales de negociación que los sectores productivos necesitan aceitados.
El riesgo de que la «ola azul» tenga otro líder
En el oficialismo hablan de una «ola azul» para describir el avance de las fuerzas conservadoras en la región. Un triunfo de Bolsonaro en Brasil sería, en esa lectura, la consolidación de ese proceso.
Sin embargo, la victoria del senador también podría abrir una competencia por el liderazgo de ese espacio. Milei se presenta como el principal referente de la nueva derecha latinoamericana y como interlocutor privilegiado de Donald Trump. La llegada al poder de un dirigente al frente de la mayor economía de la región cambiaría ese equilibrio.
En el entorno presidencial lo niegan y sostienen que el apoyo responde a una coincidencia de ideas, no a un cálculo personal. Pero la historia regional muestra que las alianzas ideológicas no siempre resisten las diferencias de intereses entre países.
Qué viene de acá al 25 de octubre
La segunda vuelta se presenta abierta. Bolsonaro llega con el envión de haber ganado la primera ronda y de haber desmentido a las encuestas. Lula, en cambio, deberá recuperar terreno y sumar apoyos de los candidatos que quedaron afuera.
Para Milei, el desenlace tendrá efectos directos sobre su estrategia. Un triunfo bolsonarista le permitiría exhibir un aliado en el país vecino y reforzar su discurso de cambio regional, a un año de las elecciones de 2027. Una victoria de Lula, en cambio, lo dejaría frente a un gobierno vecino con el que mantiene una relación rota y con pocos puentes para reconstruirla.


