El Presidente y el gobernador mejoraron su imagen en septiembre y casi empatan en voto seguro, según Zentrix Consultora. La diferencia está en el techo: Kicillof tiene más margen para crecer, pero un voto menos firme. Ninguno supera hoy los 30 puntos.
A un año de las elecciones presidenciales, Milei y Kicillof aparecen prácticamente empatados en intención de voto firme. Según un relevamiento de Zentrix Consultora, el Presidente reúne un 28,3% de voto seguro y el gobernador bonaerense, un 27,1%. Los dos mejoraron respecto de agosto, pero ninguno logró perforar la barrera de los 30 puntos, en un clima social dominado por el pesimismo económico.
El dato tiene una lectura particular en La Plata. La capital provincial es el centro administrativo de la gestión de Kicillof y concentra buena parte del empleo público bonaerense y universitario, dos sectores donde la discusión salarial atraviesa directamente la evaluación de ambos gobiernos.
La imagen de Milei y Kicillof: subas que no cambian el balance
En septiembre, Milei llevó su aprobación al 35,2%, tres puntos más que el mes anterior. Pero la mejora no alteró el saldo general: la desaprobación también creció, hasta el 56,8%, y su imagen negativa se ubicó en el 58,5%.
La explicación está en los indecisos. El segmento que no tenía una posición tomada se achicó y se repartió hacia ambos extremos. En otras palabras, el Presidente sumó adhesiones, pero también rechazos.
Kicillof, por su parte, registró un 38,2% de imagen positiva, dos puntos por encima de agosto, y volvió a acercarse a la franja de los 40. Su imagen negativa quedó en el 53,6%. Igual que en el caso de Milei, el crecimiento se dio a costa de quienes antes lo calificaban de forma regular.
El gobernador supera al Presidente en imagen positiva por tres puntos y tiene casi cinco puntos menos de rechazo. Es una ventaja que el oficialismo provincial mira con atención, aunque todavía no se traduce en votos asegurados.
Dos electorados que casi no se tocan
El punto más revelador del estudio de Zentrix aparece en la composición de cada base de apoyo. Los perfiles de Milei y Kicillof son prácticamente espejos.
El respaldo al Presidente se concentra en los sectores de mayores ingresos, los jóvenes y los varones. Su aprobación alcanza el 58,8% en la clase alta y el 42,5% entre quienes tienen de 18 a 39 años. En cambio, cae al 19,8% en los sectores de menores ingresos.
En intención de voto el patrón se repite: Milei consigue un 43,9% de voto seguro entre los jóvenes y un 37,5% entre los varones, pero baja al 19,9% entre las mujeres y al 22,8% entre los mayores de 60.
Kicillof muestra el recorrido inverso. Su imagen positiva llega al 49,3% en la clase baja, al 45,1% entre las mujeres y al 40% entre los mayores. En voto seguro, alcanza el 40,1% en los sectores de menores ingresos, el 34,6% entre las mujeres y el 29,5% entre los mayores de 60.
La foto anticipa una campaña de polarización segmentada. Cada uno parece hablarle a un país distinto, y la elección podría definirse en los grupos intermedios: mujeres jóvenes, clase media, votantes de mediana edad. Ahí ninguno de los dos tiene hoy una ventaja clara.
Piso firme contra techo alto
Si el voto seguro muestra un empate, el voto potencial marca la principal diferencia entre ambos dirigentes.
Al 28,3% de Milei se suma un 9% que dice que podría votarlo. Eso lleva su potencial al 37,3%. Es un núcleo duro y consolidado, pero con poco espacio para crecer.
Kicillof parte de un piso casi idéntico, pero suma un 20,7% de votantes posibles. Su potencial trepa así al 47,8%, más de diez puntos por encima del Presidente.
La contracara es la solidez. Ese electorado «posible» del gobernador todavía no está comprometido y puede moverse en los próximos doce meses. Para el peronismo bonaerense, el desafío es convertir esa simpatía difusa en un voto firme antes de que se ordene la oferta electoral. Para La Libertad Avanza, en cambio, la pregunta es cómo ampliar una base que parece haber tocado su límite.
Los niveles de rechazo refuerzan ese diagnóstico. El 59,3% de los consultados afirmó que nunca votaría a Milei, mientras que el 50,4% dijo lo mismo sobre Kicillof. En un eventual balotaje, ese dato pesa tanto como la intención de voto.
El salario, la variable que ordena todo
Los números políticos no pueden leerse por fuera del humor económico. El 57,4% de los encuestados por Zentrix se declaró pesimista sobre el futuro del país, y los ingresos y la incertidumbre económica encabezan la lista de preocupaciones.
Hay dos cifras que golpean de lleno el discurso oficial. El 81,8% considera que su salario no le gana a la inflación y el 67,1% sostiene que el índice del INDEC no refleja lo que vive en su día a día.
Esa brecha entre el dato oficial y la percepción cotidiana es uno de los flancos más sensibles para la Casa Rosada, que construyó buena parte de su capital político sobre la baja de la inflación. Si la desaceleración de precios no se traduce en una mejora del poder adquisitivo, el argumento pierde fuerza en la calle.
En la región, el impacto se siente en las negociaciones paritarias. Estatales provinciales, docentes y trabajadores universitarios, con fuerte presencia en La Plata, son termómetros directos de esa tensión. La UNLP y los gremios del sector público vienen planteando reclamos que, en la práctica, también funcionan como evaluación de ambas gestiones.
Qué puede pasar de acá a 2027
El escenario que deja la encuesta es abierto. Milei conserva un núcleo más firme y una base que, por ahora, no se erosiona. Kicillof tiene más espacio para crecer, pero depende de consolidar apoyos que todavía son blandos.
En los próximos meses, tres factores pueden mover la aguja. El primero es la evolución del salario real, que hoy aparece como la principal fuente de malestar. El segundo es el armado de alianzas: en el oficialismo nacional ya circulan versiones de un acuerdo con el PRO, mientras el peronismo debe resolver su propia interna. El tercero es la capacidad de cada uno para hablarle a los votantes que hoy no lo eligen.
Con rechazos que superan el 50% en ambos casos y ningún candidato por encima de los 30 puntos de voto seguro, la elección de 2027 todavía está lejos de definirse. Lo que sí muestra la medición es que la disputa ya empezó, y que la provincia de Buenos Aires vuelve a ser el escenario central.


