La capacidad de pago de los hogares argentinos vuelve a ser un espejo de la fragilidad económica que atraviesa el país: la morosidad de las familias en créditos de consumo trepó a niveles no vistos desde los años 90, según advirtió el presidente del Banco Provincia, Juan Cuattromo. Al mismo tiempo, los datos de precios al consumidor muestran que el costo de vida sigue acechando el ingreso familiar, con la inflación de alimentos y bebidas marcando un ritmo superior al promedio en las primeras semanas del año.
El endeudamiento se convierte en trampa para las familias
Desde la banca pública bonaerense se encendieron alertas por el crecimiento de la morosidad en tarjetas de crédito y préstamos personales, segmentos donde un número creciente de hogares ya no puede siquiera afrontar los pagos mínimos de sus cuotas. Para Cuattromo, este fenómeno no tiene paralelos recientes y obliga a mirar hacia atrás, hasta la década del 90, para encontrar cifras similares.
El análisis del titular del Banco Provincia asocia este repunte con tres factores estructurales:
- La pérdida de ingresos reales y el estancamiento de salarios frente al avance de precios.
- La caída del empleo formal, que reduce la previsibilidad y estabilidad de los ingresos domésticos.
- La dependencia de créditos de fácil acceso —en especial los ofrecidos por billeteras digitales y plataformas financieras fuera del sistema bancario tradicional— que suelen operar con menor transparencia y exigencias más laxas.
Este cóctel obliga a muchas familias a endeudarse para cubrir necesidades básicas, en un contexto donde la educación financiera es insuficiente y las decisiones crediticias se toman sin control de riesgos ni planificación, resaltó Cuattromo.
Inflación local: La Plata siente el impacto de la suba de precios
En paralelo, la inflación continúa siendo un dolor de cabeza para el poder adquisitivo de los platenses. Un relevamiento de la Cámara de Comercio y la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP registró que en enero la inflación local fue del 2,4%, con alimentos y bebidas explicando más del 60% de ese incremento.
Ese liderazgo de los bienes de consumo masivo se traduce en aumentos visibles en los productos cotidianos: cerveza en lata (+11,6%), pollo (+9,4%) y café instantáneo (+7,5%), entre otros. La variación interanual en La Plata alcanzó 30,6%, reflejando la sensibilidad de los precios de los bienes esenciales ante la menor actividad económica y la caída del consumo general.
Además, datos privados muestran que solo en la primera semana de febrero el rubro alimentos y bebidas experimentó un salto del 2,5%, impulsado fuertemente por panificados y bebidas para consumo en el hogar. Este nivel de suba semanal es el más alto registrado desde marzo de 2024 y sugiere que la desaceleración inflacionaria es frágil y puede revertirse rápidamente si persisten los desequilibrios de precios relativos.
Doble efecto: precios altos + menor ingreso real
La combinación de inflación persistente en bienes básicos y mayor endeudamiento familiar presiona de forma conjunta sobre las economías domésticas. Cuando los salarios no acompañan la evolución de precios, y al mismo tiempo las familias contratan créditos para comprar alimentos o hacer frente a gastos urgentes, el círculo vicioso de deuda y pérdida de capacidad de pago se profundiza.
Esta dinámica no es ajena al escenario general argentino. A nivel nacional, distintas consultoras advierten que el proceso de desinflación esperado por el Gobierno enfrenta obstáculos, especialmente por el peso que tienen los alimentos en las canastas tradicionales del IPC —una cuestión que se agrava cuando se mantiene una metodología de cálculo con ponderaciones desactualizadas.
¿Qué implica para la agenda pública?
Para economistas y actores sociales, la simultaneidad de estos fenómenos —morosidad en alza e inflación persistente en alimentos— exige enfoques que vayan más allá de medidas aisladas. No se trata solo de reducir números on paper (en los indicadores oficiales), sino de mejorar el ingreso real, incentivar el empleo formal y promover educación financiera efectiva para que las familias puedan planificar decisiones de consumo y crédito sin caer en sobreendeudamiento.
En La Plata, donde la inflación local se siente en la góndola y en el ticket del supermercado, estas tensiones se traducen de inmediato en discusiones sobre presupuesto familiar, acceso a bienes básicos y sostenibilidad de la demanda. Y mientras estos fenómenos sigan amplificándose, las estrategias que implementen tanto el sector público como el privado serán clave para amortiguar el impacto sobre los hogares.


