El cantautor tenía 81 años y estaba internado en el Hospital Italiano. Autor de himnos que atravesaron generaciones, fue perseguido durante la dictadura y vivió en el exilio entre 1976 y 1981.
Murió Piero, uno de los nombres centrales de la canción popular argentina. El cantautor tenía 81 años y falleció en la mañana de este miércoles 7 de octubre en el Hospital Italiano, donde se encontraba internado por un delicado cuadro de salud. La causa de su muerte no fue informada.
La noticia la confirmó su familia a través de la cuenta oficial del artista en Instagram. En el mensaje, sus allegados lo despidieron con cariño y destacaron que su obra seguirá vigente: «Su voz, sus canciones y su mensaje de paz quedan para siempre con nosotros».
Con él se va una voz inseparable de la historia política y cultural del país. Canciones como «Mi viejo» y «Para el pueblo lo que es del pueblo» trascendieron el disco para convertirse en parte de la memoria colectiva, cantadas en peñas, actos, movilizaciones y reuniones familiares durante más de medio siglo.
Quién era Piero: de Gallipoli a la canción popular argentina
Piero Antonio Franco De Benedictis nació en 1945 en Gallipoli, en el sur de Italia, y llegó a la Argentina con su familia a los tres años. Se crió en el país y desde muy joven se volcó a la música.
Su primera etapa estuvo ligada a la canción melódica de fines de los años sesenta, en plena época de la «Nueva Ola». Pero muy pronto su camino tomó otra dirección.
La sociedad artística con el poeta José Tcherkaski, autor de buena parte de las letras de sus canciones más recordadas, le dio a su obra un contenido social y político que lo convirtió en una figura distinta dentro del panorama musical.
“Mi viejo», una canción que cruzó generaciones
De esa dupla nació «Mi viejo», una de las composiciones más emotivas de la música en español. El retrato de un padre que envejece en silencio, escrito con una ternura sin golpes bajos, se transformó en un clásico de alcance latinoamericano.
La canción sobrevivió a modas, géneros y épocas. Fue versionada por artistas de distintos países y sigue siendo, décadas después, una referencia obligada cada vez que se habla de la figura paterna en la música popular.
La canción de protesta y el exilio
A comienzos de los años setenta, Piero se convirtió en uno de los emblemas de la canción de protesta. Sus temas, con letras directas sobre la injusticia social, la libertad y el hambre, se ubicaron en un lugar propio: entre la música melódica que dominaba la radio, el tango de la vieja guardia y el rock nacional que empezaba a crecer.
«Para el pueblo lo que es del pueblo» se convirtió en himno de una época. Su tono combativo y su ironía frente al poder militar lo transformaron en un tema que todavía hoy se escucha en actos políticos y sindicales.
Ese compromiso tuvo un costo. Sus letras le valieron la persecución de la última dictadura militar, y Piero debió exiliarse entre 1976 y 1981. Fue uno de los tantos artistas que el régimen empujó fuera del país por lo que decían sus canciones.
El regreso y un mensaje de paz
Con la vuelta de la democracia, Piero retomó su carrera en la Argentina y su obra fue virando hacia un mensaje de paz, dignidad y reconstrucción, sin perder la mirada sobre las desigualdades.
En 1983 publicó Hombre común, un disco centrado en la vida cotidiana de la gente de a pie. En esa etapa también le dedicó canciones al norte argentino castigado por las inundaciones y al abandono de los sectores más postergados.
Entre sus creaciones de alcance universal se cuenta «Soy pan, soy paz, soy más», una canción que recorrió América Latina y que fue interpretada por algunas de las voces más importantes del continente.
Un legado que excede la música
La figura de Piero estuvo siempre asociada a una manera de entender el oficio: la canción como herramienta para decir lo que pocos se animaban a nombrar, con una voz serena y sin estridencias. Esa combinación de ternura y compromiso es, quizás, la razón por la que sus temas lograron llegar a públicos tan distintos.
Sus canciones acompañaron la recuperación democrática, los reclamos sociales y las celebraciones populares. Y en un país donde la música y la política se cruzan de manera permanente, su obra funcionó como un puente entre generaciones: la de quienes lo escucharon en los setenta y la de quienes lo descubrieron después, muchas veces en casa, de la mano de sus padres.
La despedida
Hasta el momento, la familia no informó detalles sobre la despedida de sus restos. Se espera que en las próximas horas se multipliquen los homenajes de artistas, organizaciones culturales y referentes políticos, y que sus canciones vuelvan a sonar en radios, escenarios y actos de todo el país.


