Desde este viernes comenzó a regir el nuevo esquema cambiario del Gobierno nacional, una pieza central de la estrategia económica para 2026. El sistema introduce bandas móviles para el dólar oficial que se ajustan por inflación y busca un delicado equilibrio: sumar reservas sin desarmar el ancla cambiaria que sostiene el proceso de desinflación.
La medida, impulsada por el equipo económico que encabeza el ministro Luis Caputo junto al presidente del Banco Central, Santiago Bausili, se inscribe en un contexto conocido para la economía argentina: escasez estructural de dólares, expectativas financieras sensibles y un frente inflacionario que, si bien desaceleró, aún no está bajo control total.
Cómo funcionan las nuevas bandas del dólar
El cambio clave del esquema es que el piso y el techo del dólar oficial dejan de moverse a un ritmo fijo y pasan a ajustarse diariamente en función de la inflación informada por el INDEC, con un rezago de dos meses. En los hechos, el tipo de cambio seguirá flotando dentro de un corredor que se amplía de manera gradual.
Según el sendero publicado por el Banco Central, durante enero el piso de la banda baja desde los $914,78 hasta alrededor de $894, mientras que el techo sube de $1.529 a la zona de $1.563. Esto otorga mayor margen de fluctuación al dólar oficial y evita que la inflación vaya “comiéndose” el techo en términos reales, como ocurrió durante gran parte de 2025.
En el mercado, la lectura es prudente. Para varios analistas no se trata de un cambio de régimen, sino de un ajuste técnico que busca estirar la vida útil del esquema cambiario actual, sin abrir todavía una liberalización plena del mercado de cambios.
Reservas, el verdadero cuello de botella
El objetivo explícito del nuevo esquema es fortalecer el balance del Banco Central y avanzar en la acumulación de reservas, un punto crítico para cumplir las metas pactadas con el FMI y sostener la estabilidad financiera.
Según estimaciones privadas, el BCRA debería sumar antes de fin de año cerca de US$12.000 millones para cumplir con el acuerdo vigente, cifra que podría escalar a US$14.500 millones si se activa un swap adicional por US$2.500 millones. En paralelo, el calendario financiero no da tregua: el 9 de enero vencen US$4.200 millones con bonistas privados, que serán cubiertos con reservas del Tesoro y un préstamo de bancos internacionales.
Un informe de la consultora Invecq recordó que 2025 estuvo marcado por una fuerte volatilidad financiera, atravesada por el calendario electoral y la incertidumbre sobre las reservas. En ese escenario, el riesgo país llegó a rozar los 1.500 puntos y luego bajó hasta la zona de 566 puntos tras las elecciones. El desafío de 2026 será consolidar esa mejora, en un contexto internacional menos favorable.
Dólar, inflación y expectativas
Desde el sector privado coinciden en que el nuevo esquema mejora la previsibilidad, aunque no elimina los riesgos. Sebastián Menescaldi, de EcoGo, advirtió que el sistema podría modificar incentivos financieros y presionar sobre las tasas: si no ingresan dólares suficientes, el esquema queda expuesto. Aun así, descartó un impacto directo sobre los precios en el corto plazo.
En la misma línea, Alfredo Romano, de Romano Group, sostuvo que la ampliación de las bandas era una demanda del mercado y relativizó la posibilidad de que el dólar se desplace de forma persistente hacia el techo. “El ingreso de divisas será determinante para la sostenibilidad del esquema”, sintetizó.
El frente inflacionario sigue siendo una luz amarilla. Consultoras como Econviews detectaron una aceleración de la inflación núcleo en los últimos meses de 2025 y una inercia todavía elevada. Desde el Banco Central ratificaron que, mientras la inflación local se mantenga por encima de la internacional, la política monetaria seguirá siendo contractiva durante 2026.
Qué puede pasar con las tasas
La tensión también se traslada al mercado de pesos. La suba reciente de las tasas de caución, que llegaron a tocar el 140%, refleja un sistema financiero con menor margen de liquidez. Según analistas de PPI, los bancos están agotando sus “pulmones” de liquidez y dependen cada vez más de operaciones de corto plazo con el BCRA.
Matías Rajnerman, jefe de Macroeconomía del Banco Provincia, explicó que el comportamiento de las tasas en enero dependerá en buena medida de si el Central flexibiliza o no el esquema de encajes. Una reducción adicional podría liberar pesos y aliviar el costo del crédito, aunque siempre con el límite que impone la necesidad de mantener tasas reales positivas.
Desde el propio BCRA confirmaron que continuará el proceso de normalización de encajes bancarios, pero aclararon que el sesgo monetario seguirá siendo contractivo mientras la inflación no converja a niveles más bajos.
Un equilibrio fino para 2026
En síntesis, el arranque de 2026 encuentra al Gobierno con un esquema cambiario más flexible, una hoja de ruta explícita para las reservas y varios frentes abiertos. Inflación, dólar y tasas vuelven a jugar en simultáneo, en un equilibrio tan delicado como habitual en la economía argentina.
Para ciudades como La Plata, donde el impacto de la inflación se siente con fuerza en el consumo, los alquileres y los servicios, la estabilidad cambiaria no es una discusión abstracta: es una variable que condiciona precios, salarios y expectativas. El nuevo esquema promete previsibilidad; el desafío será sostenerla con dólares reales y no solo con diseño técnico.


