El gobierno bonaerense dejó pasar junio sin convocar a los sindicatos ni hacer una sola propuesta de aumento. Los docentes perdieron la paciencia y le avisaron al Ejecutivo que si la demora continúa habrá medidas de fuerza. El 15 de julio se viene y el reloj corre.
El gobierno bonaerense dejó pasar otra semana sin convocar a los gremios estatales para retomar las negociaciones salariales. No es la primera vez. No es un descuido. Es un patrón que los sindicatos ya leen con irritación creciente y que empieza a tener consecuencias concretas: en el sector docente analizan medidas de fuerza y ya se lo hicieron saber al gobierno.
Una semana perdida, y van…
Las dos últimas reuniones con los gremios habían sido el 11 y 12 de junio —estatales de la administración central y docentes— pero el gobierno ni siquiera formuló una propuesta de aumento. El resultado fue que junio se cerró igual que mayo: sin suba.
Tres días después de esas reuniones, los salarios de junio se liquidaron sin aumento, pero se esperaba que en compensación el Ejecutivo apurara una convocatoria para esta semana. Tampoco ocurrió.
El malestar entre la dirigencia gremial no es solo por los números. Es por la forma. Había cierto fastidio porque la conducción sindical creyó percibir señales de que esta semana habría al menos una convocatoria, como gesto de descompresión de un escenario tenso. Ninguna de las dos cosas llegó.
ATE se hartó, los docentes amenazan con el paro
La señal más elocuente vino de donde menos se esperaba. ATE, una central que tiene sintonía política con el gobierno, emitió un comunicado en que exigió que la reapertura de la paritaria sea «urgente». Cuando el gremio más afín al oficialismo sale a exigir en público, algo se rompió en la mesa chica.
Más dura todavía es la situación con los docentes. Aunque aún no se activó el proceso institucional de decisión, dirigentes del sector le habrían hecho saber al Ejecutivo que si las dilaciones continúan podrían avanzar en breve con la definición de medidas de fuerza, especialmente con un paro.
Un paro docente en la provincia de Buenos Aires, en pleno segundo semestre, es el peor escenario posible para una gestión que ya tiene suficientes frentes abiertos.
El diagnóstico del gobierno y lo que viene
Desde el Ejecutivo el argumento es conocido: los ministros de Economía y Trabajo, Pablo López y Walter Correa, describieron una situación fiscal compleja en la provincia por los recortes nacionales y no avanzaron con propuestas concretas.
La estrategia oficial apunta a estirar el acuerdo lo más posible. El gobierno espera llegar a un acuerdo con los gremios que abarque varios meses —»lo más largo posible», indicaron fuentes del Ejecutivo— para dar previsibilidad al manejo del Tesoro.
Los gremios, en cambio, van en sentido opuesto: hablan de la necesidad de una recomposición «importante» y «con retroactividad», y advierten que el piso de pérdida salarial supera holgadamente el 3%.
El calendario aprieta
En la hoja de ruta de las negociaciones hay al menos tres semanas por delante antes de llegar a la próxima fecha límite: el 15 de julio, cuando se liquiden los salarios de ese mes.
Si para esa fecha no hay acuerdo firmado —o al menos una convocatoria formal con propuesta sobre la mesa—, la paciencia sindical que quedaba se agota. Y en ese escenario, el primer paro docente del segundo semestre en la provincia de Buenos Aires ya no sería una advertencia: sería un hecho.


