El sindicato La Fraternidad —que agrupa a los maquinistas ferroviarios de todo el país— oficializó la convocatoria a un paro general de trenes de 24 horas para este jueves 5 de febrero. La decisión se tomó luego de que las negociaciones paritarias con el Gobierno y las empresas del sector no lograran destrabar un acuerdo salarial superador y profundizan la crisis del transporte sobre rieles en Argentina.
¿Por qué se llega a un paro que paraliza a todo el sistema?
Según el gremio que conduce Omar Maturano, la última oferta incluida en las negociaciones apenas contempla un 1% de aumento para enero, una cifra que desde La Fraternidad califican como insuficiente frente al actual contexto de fuerte presión inflacionaria y pérdida sostenida del poder adquisitivo de los trabajadores.
Desde el sindicato —históricamente crítico de las políticas laborales del Gobierno— argumentan que, más allá del tema salarial, el deterioro estructural del sistema ferroviario también alimenta la protesta. Maturano sostuvo en declaraciones a medios que la discusión “no es solamente dinero”, sino que también incluye la falta de inversiones en material rodante y vías, así como una gestión estatal que, a su juicio, falla en garantizar condiciones de seguridad y diálogo constante.
Alcance de la medida y efectos previstos
La huelga, que comenzará a las 00:00 del jueves y se extenderá por 24 horas, afectará todas las líneas de pasajeros y buena parte de los servicios de carga que dependen de Trenes Argentinos y otras concesionarias del transporte ferroviario. Se prevé la interrupción total de operaciones en las redes urbanas, interurbanas y de larga distancia, con especial impacto en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde millones de usuarios utilizan el tren a diario.
El paro incluye líneas claves como San Martín, Urquiza, Belgrano y los servicios gestionados por Metrovías y Ferrovías SAC, aunque también se sentirán consecuencias en las conexiones provinciales. Para quienes planifiquen viajes o desplazamientos laborales, será un jueves con restricciones casi absolutas al transporte ferroviario.
Un conflicto con múltiples capas
La tensión actual no surge de la nada: representa la continuidad de un malestar acumulado en el sector. Los representantes sindicales denuncian que, aun con eventuales sumas no remunerativas o acuerdos parciales en segmentos del transporte, la recomposición global de los salarios no acompaña el ritmo de la inflación real que se vive en Argentina. Ese reclamo —sobre el salario básico y su impacto en el costo de vida de los trabajadores— es el eje del conflicto.
En paralelo, el choque entre el gremio y el Gobierno se da en un momento en el que las discusiones sobre la reforma laboral y la política de ingresos están en el centro del debate nacional. Sectores sindicales y funcionarios tienen visiones contrapuestas sobre el rol del Estado en la negociación paritaria, la seguridad de los servicios públicos y las prioridades de inversión en infraestructura. Este paro, por lo tanto, expresa tensiones más profundas que trascienden lo estrictamente salarial.
¿Qué puede pasar ahora?
Aunque la convocatoria está confirmada y los sindicatos ratifican la medida, el conflicto puede sufrir giros de último momento si en los próximos días se reabren canales de diálogo con ofertas superadoras. Sin embargo, en lo inmediato, el paro ferroviario de 24 horas sigue en pie, y para millones de usuarios será un nuevo recordatorio de las tensiones acumuladas entre gremios, empresas y el Estado en el área del transporte.


