Las cifras de pobreza en Argentina volvieron al centro de la escena, pero esta vez no sólo por el número final sino por cómo se lo calcula. Mientras los datos oficiales muestran una caída respecto de los picos alcanzados en 2023 y 2024, economistas y centros de estudio advierten que la mejora podría estar sobrerrepresentada por cuestiones metodológicas.
En el fondo, la discusión combina dos ejes: por un lado, la actualización pendiente de la canasta de bienes y servicios con la que se mide la pobreza; por otro, los cambios en la forma de relevar ingresos que, según la Universidad Católica Argentina (UCA), influyen en el resultado final.
La canasta que no se actualizó
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) tenía previsto renovar la base del Índice de Precios al Consumidor (IPC) y, junto con eso, revisar las canastas utilizadas para medir pobreza e indigencia. Esa actualización, basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017-2018, finalmente no se aplicó.
Economistas especializados en medición social sostienen que esa canasta más reciente refleja hábitos de consumo más cercanos a la realidad actual, donde tienen mayor peso rubros como alquileres, servicios, transporte, salud y comunicaciones, todos con fuertes subas en los últimos años.
El economista Martín Rozada, de la Universidad Torcuato Di Tella, advirtió que si se utilizara esa canasta actualizada, la tasa de pobreza sería varios puntos más alta que la difundida oficialmente. Como referencia, mientras la medición vigente ubicó la pobreza en torno al 31,9% a mediados de 2025, con la nueva estructura de gastos ese valor podría trepar a cerca del 37%. La diferencia no es menor: representa a cientos de miles de personas.
La UCA y el “efecto estadístico”
A la discusión sobre la canasta se sumó el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA. Allí se reconoce que la pobreza bajó respecto del momento más crítico de la crisis, pero se advierte que la caída sería menos profunda de lo que muestran los datos oficiales.
Según la UCA, parte de la mejora responde a un cambio en la forma en que la Encuesta Permanente de Hogares capta los ingresos. Desde 2024 se registran con mayor precisión recursos que antes no aparecían declarados. Eso eleva los ingresos medidos y, en consecuencia, reduce estadísticamente la cantidad de personas bajo la línea de pobreza, aun cuando su situación material no haya cambiado en la misma proporción.
Bajo su propia metodología, la UCA ubicó la pobreza en torno al 36% hacia fines de 2025, por encima de la cifra oficial. El informe también remarca que la pobreza infantil y la precariedad laboral siguen en niveles elevados, lo que habla de problemas estructurales más allá de la recuperación de algunos indicadores macroeconómicos.
Dos miradas sobre un mismo fenómeno
Desde el Gobierno nacional se destacan las cifras oficiales como señal de que la desaceleración de la inflación y el reordenamiento fiscal comenzaron a tener impacto social. Incluso se difundieron proyecciones que ubican la pobreza en torno al 27,5% en algunos tramos de 2025.
Sin embargo, los cuestionamientos apuntan a que medir con una canasta desactualizada y con cambios en la captación de ingresos puede suavizar el diagnóstico. En otras palabras, la tendencia a la baja puede ser real, pero la magnitud del descenso sería menor si se utilizaran parámetros más exigentes y representativos del consumo actual.
Lo que estos números significan en La Plata
Para ciudades como La Plata y el Gran La Plata, estas diferencias estadísticas no son abstractas. Algunos puntos porcentuales más de pobreza implican mayor presión sobre comedores, escuelas, hospitales y programas sociales municipales y provinciales. También impactan en el comercio local, el empleo informal y la demanda de asistencia estatal.
En un contexto donde el costo de vida en servicios, transporte y alquileres golpea fuerte a los ingresos medios y bajos, la discusión sobre la canasta y la metodología no es solo técnica: define cuán visible es la fragilidad de una parte importante de la población.
Un debate que sigue abierto
La pobreza en Argentina muestra una baja respecto de los peores momentos recientes, pero el debate actual deja en claro que la foto final depende en gran medida de cómo se construye el termómetro.
Actualizar la canasta de consumo y revisar los métodos de medición no es un detalle estadístico: es lo que permite saber con mayor precisión cuántas personas siguen sin cubrir necesidades básicas y qué tan profundo debe ser el esfuerzo de las políticas públicas para revertir esa situación.


