La agenda de preocupaciones de los argentinos cambió de eje. Aunque los precios siguen presionando el bolsillo, ya no ocupan el primer lugar en la lista de inquietudes. Un reciente informe de la Universidad de San Andrés confirma que los bajos salarios, la falta de trabajo y la corrupción pasaron a dominar el ranking, en un contexto de malestar económico que también impacta en la vida cotidiana y en la salud emocional.
El relevamiento —realizado entre el 10 y el 17 de marzo de 2026 sobre más de mil casos— muestra un corrimiento claro: el 37% de los encuestados señaló a los ingresos insuficientes como el principal problema del país, seguido muy de cerca por la falta de empleo (36%) y la corrupción (33%). Más atrás quedaron la inseguridad (30%), la pobreza (27%) y, recién en sexto lugar, la inflación con un 20%.
El dato no es menor si se tiene en cuenta que el Índice de Precios al Consumidor viene mostrando una aceleración desde mediados del año pasado, con registros cercanos al 2,9% en los primeros meses de 2026. Sin embargo, el deterioro del poder adquisitivo y la incertidumbre laboral parecen haber ganado centralidad en la percepción social.

Un malestar que atraviesa a todos
Uno de los puntos más relevantes del informe es la transversalidad de estas preocupaciones. Más allá de las diferencias políticas, sociales o generacionales, el combo salarios–empleo aparece como una constante.
La preocupación por los ingresos impacta con mayor fuerza en sectores de clase media alta y en personas de entre 44 y 59 años, mientras que la falta de trabajo golpea especialmente a los sectores más vulnerables. En ambos casos, las mujeres registran niveles de preocupación levemente superiores a los hombres.
En términos políticos, también hay matices: entre quienes votaron a Sergio Massa, el peso de los bajos salarios alcanza el 40%, mientras que entre los votantes de Javier Milei desciende al 32%. Algo similar ocurre con el desempleo, que preocupa más entre los votantes de Myriam Bregman que entre los del actual oficialismo.
La corrupción, en tanto, mantiene un lugar relevante, con mayor impacto en sectores de mayores ingresos y entre votantes de distintas fuerzas, incluidos Patricia Bullrich y Juan Schiaretti.

La Plata: entre la presión económica y el desgaste cotidiano
Aunque el estudio es nacional, los datos encuentran eco en la realidad de La Plata. En una ciudad con fuerte presencia estatal, universitaria y comercial, la pérdida de poder adquisitivo y la inestabilidad laboral repercuten directamente en el consumo, el empleo informal y la actividad de las PyMEs.
A esto se suma un factor menos visible pero igual de determinante: el impacto emocional. El estrés y la ansiedad, alimentados por la incertidumbre económica, empiezan a jugar un rol clave en la vida diaria de los platenses.
Diversos estudios en neurociencias advierten que hasta el 95% de las decisiones cotidianas tienen un componente emocional. En contextos de presión —como llegar a fin de mes, sostener un empleo o enfrentar gastos imprevistos—, el cuerpo prioriza la respuesta emocional por sobre el análisis racional. Esto reduce la capacidad de evaluar opciones con claridad y puede derivar en decisiones apresuradas o poco eficientes.
En términos concretos: el estrés económico no solo afecta el bolsillo, también condiciona la forma en que las personas resuelven su día a día, desde decisiones laborales hasta hábitos de consumo.
Pesimismo y desgaste político
El informe también revela un deterioro en las expectativas. El 56% de los encuestados considera que la situación del país empeoró en el último año, y casi la mitad cree que seguirá en esa dirección. Solo un 30% proyecta una mejora.
En paralelo, crece la insatisfacción general: el 65% se muestra disconforme con el rumbo del país, mientras que la aprobación presidencial se ubica en el 38%, por debajo de otros ciclos de gobierno en etapas similares.
En cuanto a la imagen de dirigentes, Javier Milei encabeza la valoración positiva con el 38%, seguido por Patricia Bullrich (36%) y Myriam Bregman (33%). Sin embargo, ningún referente logra un diferencial positivo, lo que evidencia una crisis de representación que atraviesa a todo el sistema político.
Una agenda que se redefine
El trabajo de la Universidad de San Andrés deja en evidencia una reconfiguración de las prioridades sociales. La inflación, históricamente en el centro del debate público, cede terreno frente a problemas más inmediatos y tangibles: el salario, el empleo y la estabilidad económica.
En ese contexto, la preocupación no solo se mide en porcentajes. Se traduce en decisiones cotidianas, en niveles de estrés cada vez más altos y en un clima social que combina incertidumbre económica con desgaste político.


