Domingo 1 de febrero de 2026
Domingo 1 de febrero de 2026
loader-image
temperature icon 30°C

Transporte y movilidad más caros: el boleto de colectivo y los combustibles empujan al gasto de los trabajadores

Febrero encuentra a miles de familias y trabajadores platenses ante un panorama cada vez más exigente para organizar el presupuesto mensual. No se trata sólo de la inflación general, sino de dos aumentos directos en rubros que marcan el día a día: el boleto de colectivo y los impuestos que gravan los combustibles, cuyos efectos se trasladan a los precios en surtidor y, por ende, al costo de moverse con vehículo propio.

Colectivos: otro salto en el boleto mensual

El transporte público urbano e interurbano que operan las líneas de jurisdicción provincial en La Plata, Berisso y Ensenada ajustará nuevamente sus tarifas a partir de este 1° de febrero, con un incremento estimado del 4,8% respecto de enero. Esto se suma a la suba del 4,5% dispuesta a comienzos de año y que llevó el boleto mínimo –con tarjeta SUBE registrada– cerca de $750 en enero, con tramos largos superando los $1.000. Con el ajuste de febrero, el tramo más corto pasará a rondar los $785,70 y el boleto más alto llegará a alrededor de $1.048,85 para usuarios registrados, manteniendo la creciente brecha con quienes no tienen SUBE nominalizada. 

En términos de gasto cotidiano, este escenario se traduce en cifras que comienzan a pesar más en los ingresos mensuales: un trabajador que usa el colectivo todos los días para ir y volver al empleo acumulará un desembolso mensual significativo, que se suma a otros rubros que ya vienen tensionando el presupuesto familiar. Este impacto se siente con especial fuerza entre quienes no pueden optar por alternativas de movilidad y dependen exclusivamente del transporte público. 

SUBE registrada

  • De 3 a 6 km: de $818,45 a $858,19
  • De 0 a 3 km: de $749,72 a $786,12
  • De 6 a 12 km: de $885,64 a $928,65
  • De 12 a 27 km: de $948,46 a $994,52
  • Más de 27 km: de $1.000,82 a $1.049,42

SUBE no registrada

  • De 0 a 3 km: de $1.192,05 a $1.249,94
  • De 3 a 6 km: de $1.301,33 a $1.364,52
  • De 6 a 12 km: de $1.408,17 a $1.476,55
  • De 12 a 27 km: de $1.508,05 a $1.581,28
  • Más de 27 km: de $1.591,31 a $1.668,58

Tarifa social

  • De 0 a 3 km: de $337,37 a $353,76
  • De 3 a 6 km: de $368,30 a $386,19
  • De 6 a 12 km: de $398,54 a $417,89
  • De 12 a 27 km: de $426,81 a $447,53
  • Más de 27 km: de $450,37 a $472,24

Combustibles: la suba impositiva empieza a licuar subsidios

En paralelo, el Gobierno nacional actualizó los montos de los impuestos que gravan la nafta y el gasoil a través del Decreto 74/2026, publicado en el Boletín Oficial. Aunque el Ejecutivo volvió a postergar parcialmente la aplicación total de los aumentos, los valores que regirán entre el 1° y el 28 de febrero de 2026 implican subas sobre el impuesto a los combustibles líquidos (ICL) y al gravamen al dióxido de carbono (IDC). Tal como explican los considerandos oficiales, estos ajustes se enmarcan en la actualización trimestral prevista por la normativa vigente, aunque en esta oportunidad se aplican de forma escalonada para moderar el impacto sobre los precios. 

De acuerdo con esos datos, para febrero el impuesto por litro de nafta subirá $16,773 y el gravamen ambiental $1,027, mientras que para el gasoil el tributo general se incrementará $14,372 por litro y el impuesto al dióxido de carbono $1,638. Estas cifras se trasladan a los surtidores y, si bien no siempre implican un aumento proporcional en el precio final al consumidor, empujan al alza los valores que afrontan quienes usan auto, moto o camioneta para trabajar o moverse dentro de la región. 

Impacto acumulado: clase media y movilidad

El efecto de combinar un boleto de colectivo que sube mes a mes con combustibles más caros –en parte por la actualización impositiva– no puede analizarse aisladamente. Para la clase media trabajadora, que ya carga con un costo de vida elevado y una inflación que no se detiene, estas alzas significan que una proporción cada vez mayor de su ingreso disponible se destina simplemente a moverse.

El transporte público urbano sigue siendo la opción más accesible para muchos trabajadores que no cuentan con vehículo propio. Sin embargo, la presión de los incrementos hace que se reevalúe incluso la frecuencia de viajes, generando tensiones adicionales sobre la participación laboral, el acceso a la educación y la capacidad de participar plenamente de la vida urbana. En paralelo, para quienes dependen del auto propio –ya sea por trabajo u otras necesidades–, el aumento en los impuestos de combustibles se combina con precios en surtidor que no siempre reflejan los costos fiscales de inmediato pero que, en el mediano plazo, terminan trasladándose al consumidor.

Lo que viene

Si bien los ajustes en transporte público responden a un mecanismo de indexación automática vinculado a la inflación del Gran Buenos Aires (IPC) más un porcentaje adicional para asegurar financiamiento a las empresas operadoras, su efecto acumulado en el presupuesto familiar es cada vez más visible. La actualización impositiva sobre combustibles, aún escalonada, anticipa una continuidad en la presión sobre un rubro crítico para el bolsillo: la movilidad propia. Ambos factores, sumados al resto de aumentos en servicios y bienes cotidianos, configuran un desafío estructural para la economía de los hogares platenses en 2026.

Scroll al inicio