Jueves 8 de enero de 2026
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Trump negoció con el chavismo y dejó expuesto a Milei: alineamiento sin condiciones y señales de fragilidad diplomática

El giro que decidió Donald Trump en la transición política de Venezuela volvió a dejar al presidente Javier Milei en una posición incómoda. Mientras la Casa Rosada se apuró a respaldar públicamente a la oposición venezolana, Washington avanzó por otro carril: descartó ese esquema, negoció con el chavismo residual y colocó a Delcy Rodríguez como figura central del proceso. El resultado fue un nuevo desajuste entre el discurso del Gobierno argentino y la estrategia real de Estados Unidos.

La secuencia fue rápida y elocuente. Tras la captura y traslado de Nicolás Maduro a custodia estadounidense, la Cancillería que encabeza Pablo Quirno difundió un comunicado en el que “recomendaba” que Edmundo González Urrutia y María Corina Machado asumieran la conducción política de Venezuela. El texto hablaba de “autoridades legítimamente elegidas” y destacaba el liderazgo de Machado como garante de la democracia.

Sin embargo, la respuesta de Trump fue directa y dejó poco margen para interpretaciones. El presidente estadounidense descartó a Machado con argumentos personales, evitó mencionar a González Urrutia —a quien Milei había exhibido días antes en el balcón de la Casa Rosada— y confirmó negociaciones con Delcy Rodríguez, ex vicepresidenta del régimen chavista.

Washington prioriza intereses, Buenos Aires acompaña

El secretario de Estado, Marco Rubio, terminó de blanquear la postura estadounidense: no habrá elecciones en el corto plazo y la prioridad de Estados Unidos pasa por su seguridad, estabilidad regional y acceso a recursos estratégicos, en particular el petróleo. La promoción de la democracia quedó relegada a un segundo plano.

Ese cambio de enfoque dejó a Milei en falsa escuadra. No fue la primera vez. Ya había ocurrido con el viaje relámpago a Oslo para la entrega del Premio Nobel de la Paz a Machado: Trump no asistió, la dirigente venezolana llegó tarde y el Presidente argentino regresó a Buenos Aires tras un periplo costoso y políticamente estéril. Con el nuevo giro, aquel gesto pierde aún más sentido.

En Balcarce 50, el desconcierto inicial dio paso a un rápido realineamiento. Funcionarios cercanos al Presidente bajaron el perfil público y aseguraron que Argentina evitará cualquier gesto que pueda interferir en las negociaciones que lidera Washington. Incluso se desmintió que Milei haya promovido activamente a González Urrutia ante otros mandatarios, pese a sus declaraciones iniciales.

El caso “Cartel de los Soles” y otro papelón diplomático

El seguidismo quedó todavía más expuesto con otro movimiento de Trump. Tras la caída de Maduro, el Departamento de Justicia de Estados Unidos se retractó de la caracterización del llamado “Cartel de los Soles” como organización narcoterrorista. En la nueva acusación ya no se habla de una estructura criminal organizada, sino de una red de corrupción sistémica vinculada al narcotráfico.

La corrección dejó en evidencia al gobierno argentino, que meses atrás —con Patricia Bullrich como una de las principales voceras— había declarado al Cartel de los Soles como organización terrorista, alineándose sin matices con Washington. Estados Unidos corrigió el rumbo; Argentina quedó pagando el costo político.

El New York Times aportó un dato clave: el supuesto cartel nunca figuró como organización formal en informes de la DEA ni de la ONU y era, en gran medida, un rótulo mediático utilizado para describir la connivencia entre sectores militares y el narcotráfico.

Apoyo incondicional y sin margen propio

Lejos de revisar la estrategia, Milei decidió profundizarla. Bajó línea a su gabinete para expresar “apoyo incondicional” al accionar de Trump en Venezuela y formalizó esa postura en el Consejo de Seguridad de la ONU. En paralelo, avanza en la construcción de un bloque regional de gobiernos de derecha alineados con Estados Unidos, con la ambición de ocupar un rol de liderazgo.

Ese posicionamiento también se verá reflejado en el discurso que el Presidente prepara para el Foro Económico de Davos, donde volverá a respaldar la intervención estadounidense, defender el ideario libertario y presentarse como portavoz del “mundo occidental”. En la Casa Rosada admiten que Davos funciona como una vidriera global, aunque el costo sea quedar desmentido a las pocas horas por el propio aliado estratégico.

Un alineamiento que expone debilidades

El interrogante que deja el caso Venezuela es hasta dónde puede sostenerse una política exterior basada en la adhesión automática. Trump negocia según sus intereses, ajusta el discurso cuando le conviene y redefine aliados sobre la marcha. Argentina, en cambio, parece enterarse después.

Y en diplomacia, como en política interna, llegar tarde suele ser más caro que no llegar.

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