La discusión sobre la pobreza en la Argentina sumó un nuevo capítulo a partir de un informe privado que pone bajo la lupa la magnitud de la baja difundida por el INDEC. Mientras el Gobierno exhibe los últimos datos como una señal de mejora social, el estudio advierte que parte de esa caída se explicaría por cambios en la forma de medir y no necesariamente por un aumento real de los ingresos de los hogares.
De acuerdo con las cifras oficiales, la pobreza pasó del 52,9% en el primer semestre de 2024 al 31,6% en el mismo período de 2025. Son 21,3 puntos porcentuales menos y el registro más bajo desde 2018, un dato que la Casa Rosada viene destacando como uno de los pilares de su relato económico. Sin embargo, la consultora Equilibra sostiene que la foto es más compleja.
El trabajo, elaborado por los economistas Lorenzo Sigaut Gravina, Sebastián Lastiri, Gonzalo Carrera y Micaela Bassi, plantea que la serie oficial muestra variaciones muy bruscas en poco tiempo, difíciles de conciliar con la evolución de otros indicadores sociales. Según el informe, no se observan mejoras equivalentes en variables como empleo de calidad, informalidad o acceso a bienes y servicios básicos que acompañen una reducción de esa magnitud.

La canasta, en el centro de la discusión
Uno de los ejes del análisis es la actualización de la Canasta Básica Total (CBT) a partir de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18 (ENGHo). Equilibra señala que, con una estructura de consumos más actual, los gastos no alimentarios tienen mayor peso, lo que eleva el umbral de ingresos necesarios para no ser considerado pobre.
Bajo esa metodología, los “requerimientos básicos” son más altos que los que surgen de la medición vigente. El informe estima que, si se excluyen los restaurantes de los gastos alimentarios, la tasa de pobreza sería 17 puntos porcentuales mayor que la oficial. Si se los incluye, la diferencia rondaría los 8 puntos. En ambos casos, la línea que separa a pobres de no pobres se mueve de manera significativa.
El impacto de la subdeclaración de ingresos
El segundo factor clave es la subdeclaración de ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Se trata de un problema habitual en encuestas: muchas personas no informan la totalidad de sus ingresos reales. El estudio toma estimaciones del CEDLAS que muestran una mejora en la captación desde 2023.
Esa mejor medición, advierten los autores, puede hacer parecer que los ingresos crecieron más de lo que efectivamente lo hicieron. Según los cálculos citados, la corrección por subdeclaración reduce la pobreza en promedio 10,8 puntos, pero también altera la dinámica de la serie: parte de la baja reciente se debería a un cambio estadístico y no a un salto en el poder adquisitivo.
Dos escenarios alternativos
Al combinar la actualización de la canasta y la corrección de ingresos, Equilibra construye dos series alternativas. En la primera, que excluye restaurantes de la CBT, la pobreza en el primer semestre de 2025 llegaría al 42%. Ese nivel es similar al de comienzos de 2022 y la caída desde el pico de 2024 sería de entre 14,2 y 16,4 puntos, bastante menor a los 21,3 puntos que surgen de la medición oficial.
En la segunda serie, que incluye restaurantes, la incidencia se ubica en 31,4%, un valor cercano al 31,6% del INDEC. Aun así, el informe remarca que la reducción acumulada también es menor que la informada oficialmente, lo que refuerza la idea de que la mejora social fue más moderada.
Un debate con impacto político
Más allá de la discusión técnica, el planteo reaviva un debate de fondo: cuánto de la mejora social responde a una recuperación real de ingresos y cuánto a cambios metodológicos. En un contexto de ajuste fiscal, caída del consumo y recomposición todavía débil del mercado laboral, la lectura sobre la pobreza tiene consecuencias políticas directas.
Para ciudades como La Plata, donde el empleo público, el comercio y los servicios pesan fuerte en la economía local, estos matices no son menores. La evolución de la pobreza no solo marca el pulso social, sino también el clima económico que enfrentan miles de hogares que aún sienten el impacto de la inflación acumulada y la pérdida de poder adquisitivo de los últimos años.


