Miércoles 13 de mayo de 2026
Miércoles 13 de mayo de 2026
loader-image
temperature icon 8°C

Universidad pública en pie de guerra: lo que dejó la cuarta marcha federal y los frentes que se abren para Milei

Multitudinaria movilización en todo el país, presencia política transversal, un documento que acusa al Gobierno de «desprecio institucional» y una encuesta clave: el 78% de los argentinos respalda a la universidad pública. La Casa Rosada no se mueve y espera el fallo de la Corte. Mientras tanto, CONADU avisa: si no se aplica la Ley, en 2026 no arrancan las clases.

La cuarta Marcha Federal Universitaria dejó un saldo que excede el dato cuantitativo de la convocatoria. La movilización del martes —masiva en Plaza de Mayo y replicada en al menos 15 provincias— funcionó como una radiografía del estado de ánimo social, del estado de la oposición y, sobre todo, del estado de la pulseada entre la Casa Rosada y el sistema universitario. Tres lecturas se imponen tras la jornada: el apoyo social a la universidad se mantiene firme, el Gobierno endureció su postura y el plan de lucha lejos de cerrarse, se profundiza.

A esto se suma el dato de contexto que ningún operador político ignora: la marcha llegó en la peor semana política de Milei, con Manuel Adorni acorralado por la causa judicial, Patricia Bullrich operando por afuera y la oposición convocando a una sesión especial para interpelar al jefe de Gabinete este mismo jueves 14.

El reclamo, una vez más

La consigna central fue clara: «Cumplan con la ley, no hipotequen el futuro». El reclamo apunta a tres ejes concretos.

Primero, el incumplimiento por parte del Ejecutivo de la Ley de Financiamiento Universitario (Ley 27.795), sancionada por el Congreso en octubre de 2025 después de que los legisladores ratificaran la norma con los dos tercios tras el veto presidencial.

Segundo, la falta de acatamiento de fallos judiciales que en dos instancias ordenaron el cumplimiento inmediato de los artículos 5 y 6 de la norma, que establecen la recomposición de salarios docentes y no docentes y la actualización de becas estudiantiles.

Tercero, la pérdida de poder adquisitivo del sector, que según relevamientos gremiales acumula una caída del 36% desde el inicio de la gestión libertaria. La ejecución real del gasto universitario nacional cayó un 29% entre 2023 y 2025, alcanzando el nivel más bajo desde 2006.

La columna platense

En La Plata, la concentración arrancó al mediodía en el edificio del Rectorado de la UNLP, calle 7 entre 47 y 48, con la presencia masiva de estudiantes, docentes, no docentes y autoridades universitarias.

La UNLP, presidida por Fernando Tauber, resolvió otorgar facilidades académicas y administrativas para que la comunidad pudiera participar de la jornada. Facultades enteras —Humanidades, Periodismo, Ciencias Médicas, Psicología, Artes y Exactas— se sumaron a la convocatoria. Antes del mediodía, cientos de manifestantes ya colmaban la Estación de Trenes platense rumbo a Constitución para confluir en Plaza de Mayo.

La presencia de la UNLP no fue solo numérica. La universidad funciona como uno de los pilares simbólicos de la capital provincial y atravesó las últimas semanas en estado de movilización permanente, con paros sostenidos, vigilias y la asunción de Gustavo Marín como primer decano peronista de la Facultad de Medicina, que aprovechó su discurso para advertir que más del 70% de los ingresantes no llega al segundo año.

Los políticos que dijeron presente

La movilización tuvo un perfil opositor inequívoco, con presencia transversal de figuras que en otras agendas no comparten escenario.

Por el peronismo bonaerense, el gobernador Axel Kicillof marchó al frente de una de las columnas. «La defensa de la universidad pública no es solo un reclamo de estudiantes y docentes: es una lucha de todo el pueblo argentino», planteó. Sergio Massa, que viene jugando en perfil bajo, expresó su apoyo en redes: «Cada estudiante que llega a la universidad es una familia entera que llega con él».

Eduardo «Wado» De Pedro se mostró en el acto junto a rectores, gremios y representantes de la comunidad universitaria. La Cámpora, conducida por Máximo Kirchner, se concentró en Avenida de Mayo y Tacuarí. Cristina Kirchner saludó desde el balcón de su casa a la militancia que pasaba camino a Plaza de Mayo.

La movilización también sumó a figuras del centro y la centroderecha. Margarita Stolbizer, Pablo Avelluto y dirigentes de Provincias Unidas, Coalición Cívica y Encuentro Federal participaron de las columnas o expresaron adhesión pública. Es la misma matriz política que esta semana se reúne para empujar la interpelación a Adorni.

A nivel local, una nutrida representación de funcionarios platenses acompañó la columna de la UNLP, en una articulación que se viene viendo desde el inicio del conflicto.

«Desprecio institucional»: el documento que sacudió la Plaza

El acto central se cerró con la lectura de un documento conjunto del CIN, la FUA y el Frente Sindical de las Universidades Nacionales. La pieza tuvo un nivel discursivo institucional muy fuerte, lejos del tono de panfleto.

«El Poder Ejecutivo, en un acto de desprecio institucional sin precedentes, ha decidido alzarse contra los otros dos poderes de la República», dice el texto. Y agrega: «Cuando el Gobierno decide qué leyes cumple y qué sentencias acata, lo que se rompe no es solo lo relativo al presupuesto universitario, es el contrato social que nos mantiene libres y en un estado de derecho».

El presidente del CIN, Franco Bartolacci, y el vicepresidente Anselmo Torres exigieron a la Corte Suprema que «no permita que el Gobierno siga incumpliendo la ley». Es la primera vez que la comunidad universitaria, en plena marcha y desde Plaza de Mayo, le pide explícitamente a un poder del Estado que tome partido.

La respuesta del Gobierno

Mientras decenas de miles de personas marchaban hacia Plaza de Mayo, Javier Milei siguió la jornada desde la Quinta de Olivos y eligió responder por redes sociales. Compartió tuits cuestionando la «politización» del reclamo y retuiteó a Camila Manfredi, dirigente juvenil del PRO: «A la educación hay que defenderla siempre, el tema es de quién».

El mensaje de fondo del oficialismo se mantuvo firme: el Gobierno no se mueve de su postura y espera el fallo de la Corte Suprema sobre el Recurso Extraordinario Federal presentado. El argumento técnico de Casa Rosada es que la Ley de Financiamiento aprobada por el Congreso no especifica de dónde salen los fondos, lo que la convertiría —según el oficialismo— en inaplicable.

Pero hubo un gesto que terminó de inflamar la convocatoria. La víspera de la marcha, el Ejecutivo profundizó el recorte universitario por aproximadamente $1.000 millones, un movimiento que los gremios y los rectores interpretaron como una provocación deliberada. Un Adorni cuestionado en lo judicial firmó la decisión administrativa que activó el ajuste extra.

Lo que dicen las encuestas: el dato que pesa

El cuadro de respaldo social es contundente y se mantuvo estable a pesar del paso del tiempo y del intento oficial de instalar una imagen negativa del sistema universitario.

Según un relevamiento de la Consultora Proyección difundido en la previa de la marcha, el 77,7% de los argentinos tiene una imagen positiva de la universidad pública, frente a un 17,2% que la valora negativamente. El 66,5% rechaza la decisión del Gobierno de reducir el presupuesto universitario, contra un 25,4% que respalda la medida.

Los datos refutan, además, una afirmación que Milei había sostenido en distintas oportunidades, según la cual la imagen de las universidades habría caído cerca de 30 puntos. La realidad es la opuesta: el respaldo se mantuvo firme y, en algunos segmentos, incluso creció.

El dato no es un detalle académico. En un año electoral, cualquier batalla cultural que el Gobierno pierda 78 a 17 es una batalla que difícilmente le rinda votos.

El plan de lucha: lo que viene

La marcha no cerró la pelea, la abrió. CONADU ratificó esta misma semana la profundización del plan de lucha, con paros de una semana completa programados de manera escalonada, asambleas en facultades de todo el país y la organización de una «carpa por la universidad y la soberanía» que va a recorrer distintas provincias.

La advertencia más fuerte llegó del Frente Sindical: si el Gobierno no aplica plenamente la Ley de Financiamiento Universitario, las clases del segundo cuatrimestre de 2026 no van a comenzar. Es la línea más dura en lo que va del conflicto y deja al ciclo lectivo del segundo semestre en estado de alerta.

A esto se suma la articulación con sectores no universitarios. La CGT mantiene la opción de un nuevo paro general sobre la mesa, los movimientos sociales acaban de protagonizar la jornada nacional por el programa Volver al Trabajo, y los gremios estatales bonaerenses tienen paritarias frenadas. El terreno está fértil para una primavera de protesta que confluya, en algún momento, con el conflicto universitario.

La Corte Suprema, el árbitro silencioso

El que más tiene para definir en las próximas semanas es el máximo tribunal del país. La Corte Suprema tiene en sus manos un Recurso Extraordinario Federal que define si la Ley 27.795 se aplica o si la suspensión por decreto del Ejecutivo prospera.

Hace una semana, la Cámara Contencioso Administrativo Federal suspendió la cautelar que obligaba al Gobierno a cumplir con la ley, en una decisión que el oficialismo recibió con alivio. Pero el mismo fallo rechazó los argumentos económicos de la Casa Rosada y habilitó la intervención del máximo tribunal.

La definición de la Corte va a ser uno de los grandes capítulos políticos del año. Si avala la postura del Gobierno, refuerza el modelo del Ejecutivo de gobernar por decreto y desactivar leyes del Congreso. Si falla a favor de las universidades, le devuelve oxígeno institucional al sistema y deja a Milei con un nuevo dolor de cabeza.

La marcha en el escenario más amplio

El timing político de la cuarta marcha federal universitaria es clave. Llegó justo cuando la interna libertaria se profundiza, con Karina Milei, Bullrich y Villarruel ordenando estrategias paralelas; cuando el caso Adorni acelera con la inminente sesión por la interpelación del jueves; cuando Macri vuelve al ruedo y el PRO bonaerense empieza a calibrar; cuando Wall Street empieza a poner el ojo en el desgaste del Gobierno y Moody’s y Barclays enfrían el relato.

La universidad pública aporta a este combo un dato decisivo: un terreno donde el Gobierno juega con números sociales en contra. Más del 78% de apoyo a un actor institucional al que el oficialismo viene atacando frontalmente es, en términos políticos, un cuello de botella.

Para el peronismo bonaerense, la marcha funciona también como ensayo de articulación rumbo a 2027. La presencia de Kicillof, Massa, La Cámpora, Wado y los intendentes del conurbano en un mismo escenario es la imagen que el espacio necesita mostrar para reordenarse de cara a la sucesión.

Lo que se viene en los próximos días

La hoja de ruta inmediata tiene cuatro escenas que conviene seguir.

Jueves 14: Sesión especial en Diputados por la interpelación a Adorni. El cruce con la pelea universitaria es directo: el Gobierno enfrenta una doble presión institucional, judicial y política.

Próximas semanas: Definición de la Corte Suprema sobre el Recurso Extraordinario por la Ley 27.795. Es el partido más relevante en términos institucionales.

Cuatrimestre que viene: Conadu sostiene que sin financiamiento pleno no arrancan las clases. Si esa amenaza se cumple, el segundo semestre puede tener un escenario de parálisis universitaria total.

Plan de lucha sostenido: Carpa universitaria itinerante, paros escalonados y la posibilidad de una quinta marcha federal si el conflicto no se resuelve.

La proyección de fondo

La pulseada por la universidad pública dejó de ser un debate sectorial para convertirse en uno de los frentes políticos centrales del Gobierno. El reclamo combina respaldo social mayoritario, mandato legislativo refrendado dos veces, fallos judiciales favorables y capacidad de movilización sostenida. Es, en términos políticos, una pelea difícil de ganar para Milei.

La pregunta de fondo, sin embargo, excede al financiamiento universitario. Lo que se está discutiendo es qué Estado queremos: si uno que se retire del lugar donde históricamente garantizó educación, ciencia y movilidad social, o si uno que sostenga ese rol incluso en contextos de ajuste fiscal. La universidad argentina fue, durante un siglo, la postal más reconocible del modelo de desarrollo nacional. Defenderla o no defenderla es, en estos términos, una decisión que va a marcar varios capítulos del año que viene y, probablemente, de los próximos.

El que tenga la última palabra todavía no está claro. Pero después del martes 12, el Gobierno sabe una cosa: la calle, los rectores, los gremios, la oposición y, sobre todo, las encuestas le marcan que en este terreno no hay margen para ganar fácil.

Scroll al inicio