El ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, advirtió que las denuncias por conflictos vinculados a deudas casi se duplicaron en los primeros meses del año. La Plata y el Gran La Plata aparecen como zonas críticas en un escenario marcado por la presión económica sobre las familias.
La crisis económica no solo golpea los bolsillos: también se traduce en violencia. Según datos oficiales, en los dos primeros meses del año las denuncias por “ajustes de cuentas” vinculados a deudas crecieron de manera alarmante en la Provincia de Buenos Aires, con fuerte impacto en La Plata y su región.
Un fenómeno en ascenso
El ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, reconoció que los casos casi se duplicaron respecto al mismo período del año pasado. “Hay una profunda crisis económica que están atravesando las familias”, señaló, vinculando directamente el aumento de la conflictividad con la pérdida de capacidad de pago.
La Plata en el mapa de la violencia
En la capital provincial y el Gran La Plata, donde la presión inflacionaria se combina con el encarecimiento de servicios básicos como la educación privada (que registró un aumento del 6,5% en abril), los conflictos por deudas se convierten en un nuevo factor de inseguridad. Comercios, barrios populares y sectores medios que recurren al crédito informal aparecen como los más expuestos.
La lectura política
El gobierno de Axel Kicillof busca instalar el tema en la agenda de seguridad, en un año atravesado por tensiones con la oposición y reclamos sociales por el deterioro del poder adquisitivo. La advertencia de Alonso funciona como señal política: el Ejecutivo provincial intenta mostrar que la violencia no es solo producto del delito organizado, sino también de la crisis económica que atraviesa a las familias.
Un escenario posible
Si la tendencia se mantiene, el Gran La Plata podría convertirse en un epicentro de conflictos derivados de la deuda informal, con impacto directo en la convivencia barrial y en la agenda de seguridad local. La combinación de inflación, caída del ingreso y falta de crédito formal anticipa un escenario de mayor tensión social en el corto plazo.


