Miércoles 13 de mayo de 2026
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Bajan persianas y cierran comercios históricos: ya son más de 450 los locales vacíos en la ciudad

Cerraron una mueblería con años en el centro y un salón de fiestas infantiles, en una semana donde se sumaron más de 20 comercios al listado de bajas. Alquileres impagables, tarifas en alza y un consumo que no levanta. La crisis del modelo económico nacional pega de lleno en el corazón comercial platense.

La postal se repite cada vez con más frecuencia: vidrieras tapadas con papel, carteles de «Liquidación total» y persianas que no vuelven a abrir. Esta semana, una mueblería con trayectoria en el casco urbano y un salón de fiestas infantiles —dos rubros que históricamente fueron ancla del consumo familiar— se sumaron al listado de comercios que ya no pueden sostener la actividad.

El número total ya incomoda. Según la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), de 4.739 locales relevados en la ciudad, 455 están cerrados definitivamente o en alquiler. Es el 9,6% del total y un crecimiento interanual del 180% respecto del mismo período de 2025. En el corazón comercial del centro, el incremento de locales vacíos llega al 32,6%.

Las bajas de la semana

El cierre de la mueblería fue uno de los más comentados. Décadas de presencia en la zona céntrica no alcanzaron para sostener un negocio asediado por la suba de costos fijos y la caída brusca de las ventas. Los muebles, junto con electrodomésticos y bienes durables, son uno de los rubros que más sienten el ajuste: cuando el bolsillo se achica, son los primeros que se postergan.

El otro caso es el de un salón de fiestas infantiles. Lugar de cumpleaños, eventos familiares y ritual barrial, su cierre marca un cambio cultural además de económico. Cuando los hogares recortan en celebraciones y experiencias compartidas, lo que se enfría es la economía cotidiana del barrio.

Las causas que se repiten

La radiografía que arman los comerciantes es coincidente. Tres factores aparecen en cada cierre:

  • Alquileres impagables. En el centro, los contratos para locales medianos pueden superar el millón de pesos mensuales, sin contar expensas ni impuestos.
  • Servicios disparados. Luz, gas y conectividad se llevan una porción cada vez mayor de los ingresos brutos, en un contexto donde las tarifas vienen de aumentos sostenidos.
  • Caída del consumo. Las ventas minoristas vienen marcando bajas mes a mes, con el invierno como agravante porque aprieta los presupuestos familiares en gastos fijos.

A eso se suma un cambio estructural: la migración de las compras al e-commerce y a las grandes superficies, que terminó de erosionar al comercio de cercanía. Lo que antes era una ventaja —barrio, cliente fiel, ticket promedio estable— hoy no compensa la caída del flujo.

El contexto económico que aplasta

La pelea es desigual. La actividad económica regional cayó 0,9% interanual según los últimos relevamientos de la UNLP. La inflación de abril desaceleró al 2,4% en el Gran Buenos Aires, pero los analistas advierten que mayo viene con presiones nuevas por el costo del gas y el gasoil, atados al conflicto en Medio Oriente y al pico de demanda invernal.

El salario real del trabajador registrado quedó 5,5% por debajo del nivel de 2023, mientras que en el sector público nacional la pérdida supera el 37%. Los jubilados acumulan una caída del 29% en el poder adquisitivo desde el inicio de la gestión libertaria. El resultado: una masa de consumidores que cada mes tiene menos para gastar.

A eso se le suman las tarifas y el transporte. Solo en La Plata, el boleto de colectivo subió otra vez este lunes y un trabajador que viaja todos los días destina cerca de $50.000 mensuales solo en moverse.

La lectura política

El fenómeno excede lo económico y empieza a tener costo político. La motosierra como bandera de gobierno fue funcional al diagnóstico de los primeros meses, pero a esta altura el dato concreto es que el ajuste se siente más en la cuadra del comerciante que en la macroeconomía de los dashboards oficiales.

En la Casa Rosada, mientras tanto, la atención está puesta en la interna libertaria por el caso Adorni y el reordenamiento de Karina Milei. La discusión por la microeconomía —comercios que cierran, empleo que se evapora, consumo que no rebota— quedó en un segundo plano del debate político nacional, pese a que es uno de los principales generadores de malhumor social.

A nivel provincial, la situación tampoco aporta alivio: la Provincia endureció los controles para liberar fondos a los municipios y los intendentes reclaman libre disponibilidad para sostener servicios. Cualquier obra, programa de fomento al comercio o subsidio queda atado a la negociación entre Nación y Provincia, una pulseada donde la región arrastra un déficit estructural de recursos.

Lo que viene en las próximas semanas

El escenario para los próximos meses tiene tres variables. Primero, la suba estacional del invierno, que concentra el gasto en gas y servicios y deja menos margen para consumo discrecional. Segundo, la negociación paritaria, que por ahora cierra por debajo de la inflación y profundiza la pérdida de ingresos. Tercero, el factor político: a medida que se acerca la elección de octubre, todas las fuerzas van a buscar capitalizar el descontento, y la calle comercial es uno de los termómetros más sensibles.

Para la región, la pregunta de fondo es si la recuperación que promete el oficialismo nacional llega a tiempo de salvar a los comercios que aún resisten. Cada local que cierra es empleo que se pierde, alquileres que dejan de circular y un barrio que empieza a apagarse. Si el círculo no se rompe pronto, el mapa comercial de la capital provincial puede quedar marcado por una década.

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