Miércoles 13 de mayo de 2026
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El peor mes de Milei: cayó al puesto 16 entre 18 presidentes de la región y siete de cada diez argentinos no lo reelegirían

Una encuesta regional ubica al Presidente en el penúltimo escalón de aprobación de América Latina, con 34,8% de imagen positiva. En paralelo, el 73,5% de los argentinos asegura que no lo votaría para un segundo mandato. Crisis interna, caso Adorni, marcha universitaria y un votante propio que empieza a soltarle la mano. La radiografía del peor momento político de la gestión libertaria.

Javier Milei atraviesa el peor momento político desde que asumió. Tres relevamientos publicados en las últimas horas dibujan, en simultáneo, el mismo cuadro: deterioro regional, rechazo creciente a una eventual reelección y un electorado original que empieza a soltarle la mano. El dato no se explica por un solo factor sino por la acumulación de frentes abiertos —el caso Adorni, la interna libertaria, la marcha universitaria, el ajuste que pega en el bolsillo— que el oficialismo no logra contener.

Lo más sensible para la Casa Rosada es que ya no se trata de mediciones aisladas: distintas consultoras coinciden en la tendencia, los datos atraviesan provincias y franjas etarias, y el deterioro se sostiene desde hace tres meses sin signos de recuperación.

La caída en la región: del top a la cola del pelotón

La medición regional pertenece a la consultora CB Global Data y se realizó entre el 5 y el 9 de mayo en 18 países de América Latina, con 40.459 personas mayores de 18 años encuestadas online. Es uno de los relevamientos más voluminosos que se hacen en la región y suele funcionar como termómetro político continental.

El resultado fue contundente: Javier Milei descendió al puesto 16 entre 18 presidentes evaluados, con una imagen positiva de 34,8%. La caída se produjo por tercer mes consecutivo. El Presidente, que arrancó su gestión en zonas altas del ranking, hoy aparece en el penúltimo escalón.

Para tener referencia, Claudia Sheinbaum (México) encabeza la tabla con 67,8% de aprobación, apenas por encima de Nayib Bukele (El Salvador) con 67,5%. Es decir, Milei queda casi 33 puntos por debajo de los líderes. Y, lo más relevante en términos políticos: queda solo dos puestos arriba del último, en un grupo donde habitan presidentes con conflictos institucionales y económicos abiertos.

El dato regional importa por dos razones. La primera, porque la imagen internacional fue parte del relato libertario desde el día uno: Milei en Davos, en Washington, en Los Ángeles, en el Instituto Milken. La segunda, porque la imagen externa termina pesando en la negociación con los mercados, los organismos internacionales y los inversores que evalúan riesgo país.

El 73,5% que no lo reelegiría

El relevamiento nacional más reciente lo realizó la consultora Sentimientos Públicos sobre 1.500 casos. La pregunta fue directa: ¿votaría a Milei para un segundo mandato? El 73,5% respondió que no. Solo el 26,5% dijo que sí.

El dato se corresponde con otra medición clave, la de Zuban Córdoba, que arrojó 60,7% de rechazo a la reelección, contra 29,4% que la apoyaría y un 10% indeciso. Aunque los números varían según consultora, la lectura es la misma: dos tercios de los argentinos descartan, hoy, un nuevo mandato libertario.

Los motivos también están medidos. Entre quienes no lo votarían, el 47% señala la «mala gestión económica» como razón principal, seguido por el 24,7% que cita las «promesas incumplidas». La conclusión no es menor: la base del relato oficial —que la economía iba a empezar a sentirse en el bolsillo— se cae por el lado más sensible para cualquier gobierno.

La fuga del votante propio

Lo que más preocupa al oficialismo no es la imagen agregada, sino la composición. Las encuestas indican que Milei perdió el 48% de su electorado original. La mitad de quienes votaron a Patricia Bullrich en la primera vuelta de 2023 hoy no acompañarían a Milei en 2027.

A esto se suma el dato que terminó de inquietar a la mesa chica de Karina Milei: una encuesta confirma que el caso Adorni impactó negativamente en el electorado libertario. No solo en el voto blando, sino también entre quienes son fieles al núcleo duro del Presidente.

El cuadro deja una conclusión política dura. El espacio que conducen los hermanos Milei tiene problemas no solo para crecer hacia el centro o hacia la oposición moderada, sino para retener a su propio votante original. El 71,2% de los argentinos cree que es necesario un cambio de gobierno, según otro relevamiento reciente.

El combo que explica el deterioro

La caída no se explica por un solo factor. Es la suma de varios frentes que terminaron de abrirse en el mismo tramo del año.

Económico: la inflación de abril desaceleró al 2,4% en GBA, pero el consumo no rebota, los salarios reales acumulan caídas, los comercios cierran y los servicios suben. Más de 450 locales vacíos solo en la capital provincial. La sensación es de ajuste perpetuo sin promesa de mejora visible.

Judicial y patrimonial: la causa por enriquecimiento ilícito contra Manuel Adorni acumula chats con el contratista, denuncia penal por presunto apriete a un testigo y un pedido formal de detención presentado por la diputada Marcela Pagano. Esta semana se vota una sesión especial para interpelarlo.

Interna libertaria: las «tres damas de hierro» —Karina, Bullrich y Villarruel— se mueven con estrategias distintas. Bullrich camina la Ciudad como candidata propia, Villarruel espera y Karina ordena con mano dura. Caputo y Francos presionan por la salida del jefe de Gabinete. La pelea ya es visible en cada movimiento del Gabinete.

Externa: Macri vuelve al ruedo electoral, el PRO publicó un informe demoledor de su Fundación Pensar y los gobernadores empiezan a calibrar distancia. Wall Street también enfrió el termómetro: Barclays habló de «una gota de agua en el desierto» y Moody’s no piensa subir la calificación en el corto plazo.

Social: la cuarta Marcha Federal Universitaria llenó Plaza de Mayo el martes, con apoyo del 77,7% de los argentinos a la universidad pública. La CGT amaga con paro general, los movimientos sociales sostienen cortes por el programa Volver al Trabajo, los gremios estatales bonaerenses tienen paritarias frenadas.

Lo que pesa más: el incumplimiento del relato

Detrás de los números, hay una lectura política de fondo. El relato libertario combinaba dos promesas centrales: estabilizar la macroeconomía y reordenar el Estado. La primera tuvo logros parciales —baja de la inflación— pero a un costo social que cada vez más ciudadanos perciben como insostenible. La segunda quedó cuestionada en el corazón mismo del Gobierno con el caso Adorni y los movimientos de Karina Milei al frente del armado político.

A esto se le suma una tercera promesa que ya nadie repite en voz alta: el «fin de la casta». Mientras se acumulan denuncias por enriquecimiento ilícito, los chats con contratistas, las propiedades sin declarar y los gastos no registrados, el discurso anti-casta queda erosionado por dentro.

Los encuestadores coinciden en otra observación clave: el votante libertario original no necesariamente abandona al espacio, pero baja la intensidad. Pasa de «ferviente» a «tibio» o «desencantado». Esa diferencia, en términos electorales, es la que separa una victoria de una derrota ajustada.

La lectura en Buenos Aires

Para la provincia de Buenos Aires —madre de todas las batallas electorales—, el cuadro nacional tiene una traducción específica. El desgaste de Milei abre oxígeno para el peronismo bonaerense, que ya larga su propia carrera interna por la sucesión de Kicillof en 2027 con cuatro canteras y nueve nombres en danza.

Pero también complica al PRO bonaerense, que apostó parte de su capital político a la alianza con La Libertad Avanza. Diego Santilli, hoy ministro del Interior y eventual candidato a gobernador, queda atado a una marca cuyo desgaste empieza a ser difícil de disimular. Macri, mientras tanto, mide sus tiempos para una eventual vuelta al ruedo presidencial.

Para La Plata, el termómetro nacional pega doble. La capital provincial concentra empleados públicos, jubilados, docentes universitarios y comerciantes: todos los sectores donde el ajuste pegó más fuerte. La gestión municipal sostiene su agenda local con obras, presupuesto provincial y articulación con AUBASA, pero el contexto nacional opera como techo de cualquier proyección política.

Lo que se viene

La hoja de ruta de las próximas semanas tiene cuatro escenas clave:

Jueves 14 de mayo: Sesión especial en Diputados por la interpelación a Adorni. La votación va a exponer a los gobernadores y a los bloques dialoguistas, además de poner en aprietos al jefe de Gabinete.

Definición de la Corte Suprema: El máximo tribunal debe resolver sobre el Recurso Extraordinario por la Ley de Financiamiento Universitario. Cualquier fallo va a ser un capítulo político mayúsculo.

Inflación y consumo: Los datos de mayo van a medir si el rebote prometido para el segundo semestre tiene chances de materializarse o si el cuadro recesivo se profundiza.

Próximas encuestas: La velocidad con la que la imagen del Presidente se estabilice —o siga cayendo— va a marcar el clima electoral hacia octubre.

La pregunta de fondo

Detrás de las cifras hay una pregunta política que ya circula entre los operadores del oficialismo: ¿hay tiempo para recuperar? La Casa Rosada apuesta a que la desinflación, el rebote del consumo y eventuales señales de mejora económica operen como anestesia social. Pero los plazos son cortos: en octubre se vota.

Si la tendencia de las encuestas se sostiene, Milei va a llegar a las legislativas con un techo de imagen mucho más bajo que el que necesitaba para imponer una agenda propia. Y si los resultados son flojos, el armado libertario va a entrar en zona de turbulencia interna y externa, con consecuencias difíciles de prever para los dos años que aún le quedan al mandato.

Por ahora, lo que muestran los relevamientos es un fenómeno político inusual: un presidente que llegó a la Casa Rosada con un voto fervoroso y mayoritario está, dieciocho meses después, en zona de rechazo masivo, con un núcleo duro que empieza a achicarse y un escenario regional que ya no lo acompaña. La política argentina, una vez más, parece estar entrando en otra etapa. Y el que ordene primero esa transición, manda.

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