El gobernador bonaerense Axel Kicillof tomó una decisión que no admite excepciones: su gabinete no viajará al Mundial de fútbol que arranca en Estados Unidos, Canadá y México. Lo que había circulado como trascendido en los últimos días fue confirmado este lunes por el ministro de Gobierno provincial, Carlos Bianco, en conferencia de prensa.
«El gobernador nos pidió que alentemos a la selección desde nuestras casas», dijo Bianco. El funcionario admitió que le habría gustado ir —»nunca pude ir a un Mundial, me encanta el fútbol»— pero que la situación no lo permite: «Tengo una responsabilidad política e institucional en un momento muy complejo.»
La razón detrás de la instrucción es explícita: la crisis económica que atraviesa la Provincia. «Es de bastante sentido común que los que somos funcionarios políticos en un momento tan crítico no tengamos que ir al Mundial», afirmó Bianco. Buenos Aires atraviesa una emergencia económica declarada hasta 2027, con cuentas en rojo, paritarias abiertas y el aguinaldo de 600.000 estatales en el aire.
Para quienes ya compraron pasajes, la orden no tiene margen: cancelar o postergar el viaje para las vacaciones. Como alternativa, Bianco sugirió seguir los partidos desde los fanfest que la AFA montará con pantallas gigantes en distintos municipios bonaerenses.
El contraste político es inevitable. Mientras Kicillof ordena a sus funcionarios quedarse, el gobierno nacional también frenó los viajes al Mundial de sus propios diputados —pero por otra razón: necesita que estén en el Congreso para aprobar leyes clave durante junio. Dos gobiernos que restringen el Mundial a sus equipos, con motivaciones distintas y el mismo resultado visible: nadie del poder viaja mientras la gente llega justa a fin de mes.


