La pulseada por la conducción del peronismo con vista al 2027 entró en una nueva etapa. Los tres grandes bloques del PJ comenzaron a moverse con fuerza y arrastraron al Movimiento Evita a definirse. La foto de la unidad cada vez parece más lejana.
Hay un momento en las internas partidarias en que los actores secundarios dejan de tener ese lujo. Tanto el kicillofismo como el kirchnerismo y el massismo empezaron a mostrar sus cartas y obligaron a sectores que orbitan en el espacio a jugar con fuerza, como el Movimiento Evita.
Lo que hasta hace pocas semanas era tensión contenida se convirtió en posicionamiento abierto. Y en la Provincia de Buenos Aires —donde se juega el partido más importante del peronismo de cara a 2027— eso tiene consecuencias directas.
Tres bloques, tres lógicas
El kicillofismo juega desde la gestión. Kicillof administra la provincia más grande del país, construye territorio y convierte cada obra o conflicto en capital político. Su entorno lee la interna desde ese lugar: el que gobierna, define.
El kirchnerismo duro, con Máximo Kirchner a la cabeza, juega desde la identidad. Las críticas al gobernador no son casuales ni espontáneas: son parte de una disputa por quién hereda el legado de Cristina en un momento en que ella está presa y no puede conducir directamente.
El massismo, por su parte, juega al silencio. La cautela del líder del Frente Renovador obedece a un solo motivo: apuesta a ser el árbitro principal de la pelea rumbo a 2027. Sergio Massa no gasta munición ahora. Observa, acumula y espera el momento en que los otros dos bloques se desgasten entre sí.
El Evita, forzado a elegir
En ese tablero de tres patas, el Movimiento Evita —la organización social con fuerte presencia territorial en el conurbano y en el Gran La Plata— no podía seguir en la indefinición. Las críticas de Máximo Kirchner hacia Kicillof fueron el factor determinante que llevó al conglomerado social que tiene a Emilio Pérsico al frente a salir al cruce, con duras respuestas.
La definición del Evita tiene peso real: no es solo una declaración de principios sino un movimiento de estructura. Quien tenga al Evita de su lado en la Provincia tiene militancia, comedores, planes sociales y capacidad de movilización. En La Plata y el Gran La Plata eso se traduce en votos concretos.
Desde el espacio consideran que gracias al estilo de Máximo Kirchner se expulsaron cuadros valiosos para ampliar la propuesta electoral, y esa lectura los empujó a salir con nombre y apellido: Kicillof es el candidato del Evita para 2027.
Por qué importa este momento
Que los tres bloques hayan empezado a moverse al mismo tiempo no es coincidencia. El calendario electoral presiona: las listas y candidaturas para las Generales del 2027 se definen en los próximos meses, y cada posición que se negocie hoy prefigura la correlación de fuerzas para la presidencial del año siguiente.
El principal asesor de Kicillof, Carlos Bianco, lo dijo sin rodeos: «Hay sectores del peronismo más preocupados por criticar a los compañeros que por criticar a Milei, que es el verdadero adversario y quien está destruyendo a nuestro país.»
La frase condensa el dilema central del peronismo bonaerense: con Milei acumulando desgaste y la economía golpeando a los sectores populares, el PJ tiene una ventana de oportunidad real para 2027. Llegar fragmentado sería desperdiciarla.
¿Negociación o ruptura definitiva?
Las próximas semanas van a mostrar si el movimiento de los tres bloques deriva en negociación o en ruptura abierta. La definición de las listas legislativas de octubre es el primer termómetro. Si el kicillofismo le da espacio a La Cámpora en la Provincia y el Evita cobra su respaldo con lugares en las nóminas, puede haber un armisticio táctico. Si Máximo insiste en la confrontación, el escenario se complica. Y Massa, desde su silencio calculado, seguirá esperando que alguien lo llame para poner orden.


