Jueves 13 de agosto de 2026
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Con el peronismo reagrupándose y las encuestas en rojo, el Gobierno sale a cerrar todos los acuerdos posibles

Después de una semana de derrotas legislativas y con los números que no le cierran, el oficialismo activó en simultáneo el diálogo con Macri, la seducción de los gobernadores del Norte Grande y la construcción bonaerense. El contexto social y económico convierte 2027 en una urgencia.

El detonante: el peronismo dejó de pelear entre sí

La cumbre secreta del martes entre Kicillof, Máximo Kirchner y Massa fue la señal que el oficialismo no podía ignorar. Que los tres principales líderes del peronismo bonaerense se sentaran por primera vez desde octubre de 2025 y acordaran defender las PASO y construir una mesa política común cambia el escenario. El Gobierno había apostado a que la interna peronista los mantendría divididos. Esa apuesta se empezó a perder.

En la Casa Rosada lo leen así y lo dicen sin rodeos: «Milei ya no compite contra sí mismo», según fuentes cercanas a Balcarce 50 citadas por Infobae. La oposición se despertó. Y el peronismo no es el único frente: la CGT evalúa un nuevo paro general, el movimiento universitario mantiene su conflicto y las encuestas muestran un cuadro que preocupa. Según un relevamiento de la OPSA (UBA) que circula en los despachos, Myriam Bregman lidera el ranking de imagen positiva y Milei aparece recién en el cuarto lugar.

La llamada y la reunión

Ante ese contexto, Karina Milei llamó a Mauricio Macri el lunes a la mañana. Hablaron media hora. El resultado fue una reunión de trabajo fijada para este jueves a las 11 en la Casa Rosada: por LLA, el jefe de Gabinete Diego Santilli y el subsecretario Eduardo «Lule» Menem; por el PRO, el titular del bloque en Diputados Cristian Ritondo y el exsecretario de la Presidencia Fernando de Andreis. Karina digitó el encuentro pero no participó.

La condición del oficialismo fue clara desde el principio: «Apoyen nuestros proyectos y después vemos». En Balcarce 50 lo tradujeron sin eufemismos: la agenda legislativa —reforma de la Carta Orgánica del BCRA, eliminación de las PASO, mercado de capitales, zonas frías, inocencia fiscal— viene primero. El acuerdo electoral puede esperar. Como zanahoria, el Gobierno prometió al PRO impulsar proyectos que estaban cajoneados: la ley de electromovilidad y la de banquinas, entre otras.

Macri habilitó la negociación con reservas. Transmitió escepticismo a su mesa ejecutiva, pero también dejó en claro que el PRO debe agotar las instancias de diálogo para que la gestión de Milei tenga éxito. Esa posición fue suficiente para que los equipos empezaran a trabajar. Patricia Bullrich, que cruzó del todo al lado del Gobierno, no será parte de las negociaciones.

Los números que fuerzan la urgencia

La presión no viene solo del peronismo que se organiza. El cuadro social y económico pesa. Las tarifas de gas subieron más del 500%, el sueldo promedio perdió capacidad adquisitiva equivalente a 10 tanques de nafta por mes, y desde la Asociación de Defensa de los Derechos de Usuarios y Consumidores (ADDUC) advierten que las familias se están endeudando para comer. El mercado, según Letra P, ya manifiesta síntomas de incertidumbre electoral.

En ese marco, Sebastián Pareja, presidente de LLA en la provincia, admitió sin vueltas ante legisladores en La Plata que los números no cierran. «Sabemos que hoy legislativamente no tenemos los números para lograr los resultados que queremos», dijo. Y también reconoció que las encuestas bonaerenses tampoco acompañan. La lógica del movimiento que viene: presentar proyectos sólidos, exponer la falta de acompañamiento de los otros bloques y construir agenda para 2027 aunque hoy no haya votos.

Santilli en el Norte Grande: fotos, reclamos y ninguna mención a las PASO

El mismo martes que el peronismo se reunía en Buenos Aires, el jefe de Gabinete viajaba a Posadas para la 24ª Asamblea Regional del Norte Grande. Ocho de los diez gobernadores se sentaron con él —los peronistas más duros, Ricardo Quintela (La Rioja) y Gildo Insfrán (Formosa), no fueron. Quintela hasta se fue del grupo de WhatsApp del bloque y cuestiona que ya no representa los intereses del norte.

Los que sí participaron —entre ellos Jalil y Jaldo, señalados días después por el peronismo como «colaboracionistas»— presentaron la cuenta: rutas, zonas cálidas, deudas nacionales, El Niño. Santilli escuchó, prometió analizar y los invitó a Buenos Aires la semana próxima. En la reunión nadie mencionó la eliminación de las PASO, aunque era el tema que sobrevolaba la sala entera. La negociación quedó abierta: el oficialismo necesita a estos gobernadores para sacar sus proyectos en el Congreso, y los gobernadores lo saben.

El contexto que rodea a este encuentro habla solo: hace dos meses, esos mismos diez mandatarios se reunieron con Santilli y votaron a favor de la derogación de Zona Fría a cambio de un decreto de zonas cálidas que nunca llegó. El desgaste se nota. Esta vez fueron solo ocho.

La Provincia: el frente más caliente

En la provincia de Buenos Aires, LLA y PRO ya trabajan en conjunto en la Legislatura. Pareja y Ritondo se reunieron y el jefe del bloque amarillo lo blanqueó en su cuenta de X: van a impulsar juntos el límite de dos mandatos para intendentes y el avance hacia una Legislatura unicameral. Pareja la viene sosteniendo hace meses: «Son 414 millones de pesos por día que nos cuesta mantener el Senado que no funciona.»

La alianza legislativa es también la punta de lanza de la alianza electoral. En Balcarce 50 dan por sentado que Santilli será el candidato de consenso para disputarle la gobernación al peronismo. Sin embargo, en el «karinismo» suena con fuerza otro nombre: Daniel Scioli. El exgobernador bonaerense aparece entre las alternativas analizadas como figura con conocimiento territorial, experiencia de gestión y pasado peronista —activo para captar votos moderados que se alejaron del kirchnerismo. Nicolás Scioli, su hermano, figura como posible candidato en Tigre.

La discusión sobre candidatos, de todos modos, llegará después. Primero hay que resolver la agenda legislativa, reconstruir la confianza con el PRO y contener los reclamos de los gobernadores aliados. La reunión del jueves en la Casa Rosada fue apenas el primer paso de un armado que el Gobierno encaró con urgencia, empujado desde dos lados: un peronismo que empezó a cerrar filas y una economía que todavía no le da los votos en las encuestas que necesita para ir tranquilo a 2027.

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