Jueves 2 de julio de 2026
Jueves 2 de julio de 2026
loader-image
temperature icon 8°C

«La macro es irrelevante frente al bolsillo»: por qué Milei llega a su peor imagen aunque baje la inflación

Los datos macroeconómicos que el Gobierno celebra cada semana —desaceleración de la inflación, estabilidad del dólar, resultado fiscal positivo— no logran trasladarse a la percepción de los argentinos. Cada nueva encuesta lo confirma: Javier Milei transita su momento de mayor rechazo desde que asumió, y los analistas coinciden en el diagnóstico aunque disienten en el pronóstico. El problema no es solo de imagen.

Es estructural: solo 1 de cada 5 argentinos se identifica emocionalmente con el Presidente, y el motor que el equipo económico tenía previsto para recuperar la micro —el crédito barato— se pinchó antes de arrancar.

El bolsillo manda: por qué la estabilidad no alcanza

Lucas Romero, director de Synopsis Consultores, lo sintetizó con precisión quirúrgica: «La microeconomía es lo que está explicando las encuestas, porque estas no parecen sintonizar con la macro, sino con la micro». La frase captura la contradicción central del momento político argentino. El Gobierno tiene datos para mostrar —baja de la inflación, reservas en recuperación, superávit— pero las familias experimentan una realidad diferente: morosidad en ascenso, tarifas que suben muy por encima de la inflación, transporte que aumentó al doble de la proyección oficial, y la dificultad de llegar a fin de mes como principal preocupación de casi 1 de cada 4 argentinos, según Management & Fit.

Cristian Buttié, de CB Global Data, fue más directo: «Que hasta el momento Milei esté en 36, 37 o 38 puntos de aprobación —dependiendo de la coyuntura— es porque claramente la macro es irrelevante frente a las urgencias de la microeconomía, que es la economía de bolsillo». La medición de Management & Fit de junio le dio números concretos a ese diagnóstico: desaprobación de gestión al 58,2%, el registro más alto desde que Milei es presidente. Aprobación: 37,3%. El 57,1% evalúa como mala o muy mala la situación económica y social del país. Y el 65,2% dice que el rumbo del país le genera sentimientos negativos.

Para la campaña de 2027, el Gobierno apostará al relato de que frenó la inflación que heredó de Sergio Massa y Alberto Fernández. El problema es que ese relato puede no alcanzar si la micro no levanta. «Si uno proyecta estas condiciones económicas hacia adelante, podría haber dificultades para que Milei convenza a la gente de que el rumbo es el correcto, aún con buenos datos macro; la sensación de insatisfacción política que desprenden las encuestas hace difícil pensar que pueda juntar el 45 más uno», dijo Romero en referencia a una eventual segunda vuelta.

El Conurbano: el eslabón más golpeado

Buttié puso el foco donde los números duelen más. El Gran Buenos Aires y, en particular, el tercer cordón del Conurbano, es la geografía donde el Presidente tiene peor imagen a nivel nacional. Según el encuestador, solo Santiago del Estero podría superar ese piso negativo. La razón es directa: el Conurbano concentra los efectos más brutales de la micro golpeada: cierre de comercios, desempleo formal que migra a la informalidad, y una morosidad que en distritos como Florencio Varela llegó a rozar el 40% según datos del propio Banco Central.

El fenómeno de la informalización laboral tiene cifras que el diputado peronista Guillermo Michel puso en palabras: desde el inicio del Gobierno de Milei hasta hoy, más de 300.000 asalariados perdieron su empleo formal. «¿A dónde fueron? A la informalidad: +160.000 asalariados informales y +420.000 cuentapropistas informales», señaló Michel. Es lo que él llama la «peruanización» de la economía argentina: el deterioro sostenido del empleo de calidad como modelo de ajuste silencioso.

Para Buttié, el desafío del Gobierno es concreto: «Que la micro se reactive para que el votante no termine teniendo a Milei como su ‘mal menor'». La formulación importa: si el Gobierno logra que la micro rebote antes de la elección, retiene el apoyo pragmático. Si no lo logra, ese votante podría resignarse a votar al candidato oficialista solo por descarte, sin convicción. Un respaldo frágil que cualquier crisis puede quebrar.

El crédito que no llegó: el motor pinchado

El plan B del equipo económico para recuperar la micro tenía nombre: crédito barato. Luis Caputo sostuvo durante meses, al menos en privado, que la estabilización permitiría que las familias accedieran a financiamiento a tasas razonables para mejorar su consumo y calidad de vida. Era la luz al final del túnel del ajuste.

Ese motor, sin embargo, se pinchó. Mientras las tasas siguen altas para contener el dólar, la morosidad saltó al 12,7% en el sistema bancario y casi al 33% en entidades no bancarias como billeteras virtuales. En paralelo, 7 millones de argentinos entraron al Veraz por dejar de pagar sus préstamos. Si Caputo decide bajar la tasa, se encontrará con ese universo de deudores que dificulta cualquier reactivación crediticia genuina. El círculo se cierra sobre sí mismo: la micro no se reactiva porque el crédito es caro; el crédito no baja porque el dólar necesita ser contenido.

Adorni y la grieta en el relato anticasta

La economía no es el único factor que explica la caída. El caso Adorni actuó como catalizador de una percepción que el Gobierno tardó en evaluar correctamente: la de que la promesa de una política diferente —limpia, sin privilegios, anticasta— estaba contaminada desde adentro.

Alejandro Catterberg, de Poliarquía, fue taxativo: «La imagen de Milei cayó hasta 20 puntos por lo de Adorni». La magnitud es comparable al escándalo de la foto de Olivos que devastó a Alberto Fernández en 2021, cuando Management & Fit detectó que un 22,3% de quienes pensaban votar al oficialismo decían que revisarían su voto. La última encuesta que recibió el Gobierno sobre el tema arrojó un 80% de respuestas negativas al manejo del caso. No es fácil encontrar fenómenos políticos con semejante nivel de rechazo unificado.

La lectura interna es más dura todavía. Santiago Caputo, el asesor estrella del Gobierno, reconoce en privado que el ex vocero «les hizo perder el atributo anticasta». La frase tiene consecuencias directas sobre el capital político del presidente: Milei ya no puede presentarse como el outsider que rompió el molde. Hoy, en la percepción de una parte del electorado que lo había respaldado, es un político más.

El mapa emocional: 1 de cada 5, el único núcleo duro real

El estudio de QSocial publicado esta semana aporta la dimensión más incómoda para el oficialismo. Al segmentar al electorado según el vínculo emocional con Milei —y no solo según aprobación/desaprobación— el resultado es más precario de lo que los promedios sugieren.

Solo el 19% de los argentinos son «adherentes plenos»: personas que respaldan la gestión y además comparten valores, sienten simpatía personal por el Presidente y expresan orgullo por su liderazgo. Ese es el núcleo duro real. Un bloque electoralmente fidelísimo —entre esos, Milei retiene el 98% de la intención de voto—, pero que representa apenas 1 de cada 5 argentinos.

El otro 17% que completa el bloque oficialista son los «acompañantes condicionales»: apoyan al Gobierno por resultados prácticos o expectativas, sin identificación personal fuerte. Entre ellos, Milei conserva el 58% de intención de voto, pero hay un 29% de indecisos y un 9% de voto en blanco. Es el respaldo más volátil, el que puede evaporarse si la situación económica no mejora.

Del otro lado, el 35% corresponde a «detractores» con rechazo emocional activo y sostenido. Y el 29% restante son «distantes críticos»: no se identifican con Milei, pero tampoco expresan rechazo frontal. Entre ellos, el 39% optaría por voto en blanco y el 31% se declara indeciso. Solo el 11% iría con Kicillof; apenas el 5% con Milei. Son el territorio más disputado de la política argentina de cara a 2027.

La disputa que definirá la elección: los 29 puntos que no tienen dueño

El mapa de QSocial permite afinar lo que los números brutos no dicen. La suma de «distantes críticos» (29%) e «indecisos dentro de los condicionales» (29% de ese 17%) dibuja un universo de votantes que no está ni con Milei ni con la oposición. Ese espacio es el campo de batalla de 2027.

Romero introduce aquí la «teoría de las perspectivas» del economista Daniel Kahneman: «La experiencia inmediata anterior es que si vos ves que el salario se viene recuperando, eso te puede ayudar a pensar que el rumbo es el correcto, aún con el salario deprimido». No hace falta recuperar todo lo perdido. Alcanza con que la tendencia parezca positiva. Si la micro muestra señales de mejora —aunque sean modestas— en los meses previos a la elección, una parte de ese universo indeciso podría inclinarse por la continuidad.

Pero hay un dato de Management & Fit que complica ese escenario: ante la pregunta de cuál es el escenario que más preocupa para 2027, el 44,3% respondió que una posible reelección de Milei. El retorno del peronismo al gobierno preocupa al 38,6%. Es decir: más gente teme la reelección que la vuelta del kirchnerismo. Un número que el equipo de Santiago Caputo no puede ignorar al diseñar la estrategia de campaña.

La mirada más optimista: el blindaje Santilli

No todos los analistas coinciden en la lectura pesimista. Marcos Novaro cuestionó incluso el punto de partida del debate: «La distinción entre la macro y la micro es un poco abusiva. En la realidad la economía es una sola: si anda bien, anda bien, y si anda mal, anda mal».

Para Novaro, el Gobierno encontró una salida política al impacto del caso Adorni con la llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete y la ampliación de la coalición. «Ver a todos los gobernadores yendo a la Casa Rosada a la asunción de Santilli y sacándose fotos sonrientes es espectacular. Eso le da al Gobierno un blindaje político que también consolida la confianza económica», apuntó. El politólogo proyecta un escenario electoral 2027 con menos incertidumbre que los anteriores, con una lógica de «reelección generalizada» que beneficia tanto al Gobierno nacional como a los gobernadores aliados.

La foto de Santilli con gobernadores tiene lectura doble: para el oficialismo, es señal de unidad y de que el sistema político funciona. Para los analistas más críticos, es una escena que consolida el statu quo pero no responde a las urgencias del bolsillo que, como muestran todas las encuestas de la semana, siguen siendo el principal motor de la desconfianza ciudadana.

El debate está abierto. Lo que no está en discusión es el diagnóstico base: con casi dos tercios de los argentinos en posiciones de rechazo o distancia crítica respecto al Presidente, el camino a 2027 dependerá más de lo que pase en las góndolas y en los bolsillos que de ninguna otra variable política o comunicacional.

Scroll al inicio