El gobernador bonaerense Axel Kicillof se sumó este viernes a la tradicional peregrinación de San Cayetano, desde el santuario de Liniers hasta Plaza de Mayo, en una jornada que volvió a mezclar fe, reclamo social y tensión política.
“Vinimos a acompañar a un pueblo que está sufriendo y que tiene muchas dificultades para afrontar su día a día”, dijo Kicillof. Y fue directo al hueso: millones de familias se endeudaron para pagar comida o alquiler “no porque sean irresponsables, como dicen los funcionarios del Gobierno nacional, sino porque los salarios no alcanzan”.
El mensaje tuvo un claro destinatario. El gobernador apuntó contra la administración nacional por no escuchar y por reprimir, en referencia a lo ocurrido el día anterior en el Congreso. “Estamos frente a un Gobierno que no solo no escucha, sino que, como se vio ayer en el Congreso, además reprime a quienes se expresan pacíficamente”, sostuvo.
La crítica se cerró con una frase cargada de contenido político: “Queda claro que este no es el camino que necesita la Argentina: no van a poder rematar nuestro país porque hay un pueblo que está dispuesto a defender nuestra soberanía”.
Desde La Plata y el Gran La Plata, donde el costo de vida y la presión sobre los salarios se sienten con fuerza, el discurso de Kicillof busca capitalizar el malestar de sectores que siguen mirando a San Cayetano como espacio de reclamo por trabajo y pan. La provincia, gobernada por el oficialismo bonaerense, mantiene una confrontación abierta con la Casa Rosada en materia económica y social.
El Día de San Cayetano vuelve a funcionar, una vez más, como termómetro político. Mientras el gobernador refuerza su perfil de oposición, el Gobierno nacional enfrenta el desafío de sostener su relato de ajuste en un clima de creciente movilización social.
A corto plazo, es esperable que este tipo de intervenciones se intensifiquen a medida que se acerquen nuevas discusiones presupuestarias y medidas económicas que impacten de lleno en el bolsillo de los bonaerenses.






