Axel Kicillof tiene una estrategia, una cadencia y una consigna que baja a toda su tropa con la misma claridad que una orden de campaña: construir, no pelear. Mientras el peronismo bonaerense se fragmenta en corrillos de intendentes, candidaturas por globo y pulseadas con La Cámpora, el gobernador avanza en silencio y con método hacia 2027. No le habla a la interna. Le habla al mapa.
El eje de ese avance es el Movimiento Derecho al Futuro. La consigna para el segundo semestre está dada: llevar el MDF a los 135 municipios de la provincia de Buenos Aires, sean o no peronistas, y expandirlo además hacia otras provincias. Para ello, Kicillof organizó una maquinaria territorial con cara visible y reparto de roles: Andrés Larroque, su ministro de Desarrollo de la Comunidad, es el armador político a nivel nacional. Carlos Bianco, ministro de Gobierno, es el operador en el territorio bonaerense.
Los doce de Axel y el WhatsApp «Provincias»
La columna vertebral del armado no es una estructura formal. Es un grupo de WhatsApp. Se llama «Provincias» y en él están doce figuras que funcionan como la red de avanzada de Kicillof: la vicegobernadora Verónica Magario, los ministros Bianco, Larroque, Katopodis (Infraestructura), Walter Correa (Trabajo), Javier Rodríguez (Desarrollo Agrario) y Javier Alonso (Seguridad), la jefa de Asesores Cristina Álvarez Rodríguez, el ex intendente de Avellaneda Jorge Ferraresi, los intendentes Julio Alak y Fernando Espinoza, y los ex intendentes Julio Pereyra (Florencio Varela) y Alberto Descalzo (Ituzaingó).
El gobernador los llama «adelantados». Son quienes recorren el terreno antes de que él llegue, toman la temperatura política, se reúnen con dirigentes locales y le informan si hay condiciones para una visita. Y tienen una directiva explícita: no ceder la franquicia del MDF a nadie.
En las últimas semanas la agenda de recorridas fue intensa. Bianco viajó a Entre Ríos y encabezó un encuentro en San José con 700 militantes bajo el lema «Entre Ríos tiene futuro, Axel es la esperanza». Alonso estuvo en Paraná en julio y repitió en Santa Fe, donde Kicillof apareció vía teleconferencia. Javier Rodríguez pasó por Córdoba, Santa Fe y tiene previsto Corrientes. Ferraresi y Katopodis encabezarán juntos una actividad en Mendoza —primera vez que salen juntos fuera de la provincia, dato elocuente para dos que también quieren ser gobernadores. El propio Kicillof estaría en Chaco el 20 de agosto, en el acto de normalización de la CGT con Héctor Daer.
El plan para las próximas semanas es todavía más ambicioso: una serie de plenarios en las ocho secciones electorales de la provincia durante agosto y septiembre que terminarán en un gran acto provincial. La intención es mostrar músculo territorial y dar al encuentro una impronta federal que polarice directamente con Javier Milei.
Los cinco para la gobernación y la condición de Kicillof
Mientras construye su candidatura presidencial, el gobernador también tiene que resolver quién lo sucede en la provincia. El MDF tiene cinco nombres anotados en la carrera: Julio Alak, Carlos Bianco, Fernando Espinoza, Jorge Ferraresi y Gabriel Katopodis. Kicillof no ha puesto un favorito. Puso una condición: el que quiera postularse tiene que salir a recorrer. La definición final, dijo, llegará en 2027.
Esta semana, en una reunión del Movimiento Derecho al Futuro, el gobernador les pidió a estos cinco —junto a Larroque— que salgan a correr la provincia sin meterse en roces internos. La orden también tiene una lógica: la carrera hacia la gobernación no puede distraer la construcción presidencial.
El desdoblamiento: todo depende de las PASO
Uno de los temas que más se mueve en los pasillos de la Gobernación es el formato electoral de 2027. La respuesta que dan fuentes cercanas a Kicillof es precisa: si el Gobierno nacional no logra eliminar las PASO, no habrá desdoblamiento en Buenos Aires.
La mecánica electoral explica la lógica. La legislación le permite al gobernador convocar a elecciones generales en una fecha diferente a la nacional, pero las primarias deben hacerse el mismo día que las PASO nacionales. Si hay PASO —como parece probable, dado que el oficialismo no termina de juntar los votos necesarios para eliminarlas— el desdoblamiento pierde sentido técnico.
Dentro del entorno de Kicillof coexisten dos posturas. Unos señalan que el desdoblamiento fue exitoso el año pasado en las legislativas y que con un candidato único del peronismo se retiene la provincia. Otros —y Kicillof parece inclinarse por este lado— apuestan a elecciones simultáneas: los votos de los intendentes arrastran hacia arriba, y para eso sirve la reelección indefinida que el MDF quiere volver a habilitar en la Legislatura.
La frase que el gobernador usó con los intendentes de la Liga no deja mucho margen para la interpretación: «Quien está en contra de la reelección no quiere ganar las elecciones nacionales del año que viene». Con esa definición, Kicillof no solo mostró su postura sino que desafió al resto del peronismo bonaerense.
El proyecto para habilitar la reelección indefinida ya está en la Legislatura, presentado por la senadora kicillofista Ayelén Durán. La Cámpora no se opone de plano, pero pide que el debate incluya las PASO, el desdoblamiento y las vacantes en la Suprema Corte bonaerense. El Frente Renovador, que impulsó la ley vigente en 2016, no quiere modificarla.
Máximo Kirchner: globo de ensayo o señal de debilidad de Cristina
En ese marco, la candidatura de Máximo Kirchner a gobernador funciona más como señal política que como proyecto real. En el kirchnerismo la alimentan, la dejan correr, la usan para demostrar presencia en un territorio que hoy controla Kicillof. Pero dos intendentes peronistas —uno muy cercano a Máximo— reconocen en privado lo que los números confirman: la imagen negativa del diputado hace inviable una candidatura competitiva.
En el entorno de Máximo creen que «se puede trabajar en un año». Señalan que no tiene causas de corrupción y que lleva una vida alejada de las excentricidades que le endilgan. También están conscientes de que su candidatura busca contraponer presión sobre los candidatos «duros» de Kicillof —Bianco, Larroque, Ferraresi— que resultan más refractarios al kirchnerismo duro.
El propio Máximo bajó el tono en las últimas semanas. «Estoy convencido que no estamos en veredas opuestas», dijo, y trasladó a Kicillof la propuesta de sentarse a hablar. En el peronismo, muchos leen la candidatura de Máximo como una señal de debilidad de Cristina antes que de fortaleza de La Cámpora. Una jugada para negociar listas, no para ganar una elección.
Y en el fondo de la escena, el factor CFK sigue operando en sordina. La ex presidenta anunció su presentación ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU en busca de que la Justicia argentina revise su condena, y su abogado Javier Borrego dejó abierta la puerta a una candidatura en las PASO de 2027. En el kicillofismo celebraron que finalmente tenga una estrategia judicial —»era hora», dijeron— pero ponen en duda los tiempos: «Los plazos en el Comité son muy largos».
Mientras tanto, Axel Kicillof sale provincia por provincia, municipio por municipio, con sus doce adelantados como avanzada. No da definiciones sobre su candidatura. No entra en la interna. Y construye.


