Las últimas encuestas ubican al gobernador bonaerense como el principal referente opositor a Milei, mientras Máximo Kirchner acumula el peor nivel de rechazo entre los dirigentes nacionales. El dato numérico empieza a moderar el tono de la disputa con La Cámpora.
Los números empiezan a inclinar la balanza de la interna peronista. Las últimas mediciones de opinión pública muestran a Axel Kicillof despegándose en imagen tanto de Cristina Kirchner como de Máximo Kirchner, un dato que la Gobernación bonaerense empieza a leer como capital político propio de cara a 2027.
En la última medición de imagen que compara a los principales dirigentes nacionales, Kicillof comparte el segundo escalón con Patricia Bullrich, ambos con 40% de imagen positiva, apenas detrás de Javier Milei. Cristina Fernández de Kirchner queda relegada, con 38% de imagen positiva y 59% de negativa.
En intención de voto presidencial, el escenario es de paridad técnica: un relevamiento de la consultora Trends midió a Milei con 41% y a Kicillof con 40%, dentro del margen de error, en un eventual balotaje 2027.
La sociedad ya eligió a su referente opositor, y no es Cristina
El dato más sensible para la interna: una encuesta de la consultora Casa Tres —que trabaja para el macrismo— midió que Kicillof es percibido como el principal opositor al Gobierno nacional con 36 puntos, mientras Cristina Kirchner acumula apenas 23%. La opinión pública ya ungió al gobernador bonaerense como la cara visible de la oposición, restándole protagonismo al ala camporista.
El contraste es elocuente. Una encuesta de Trends ubicó a Máximo Kirchner como el dirigente con mayor rechazo electoral del país: 65% de los consultados afirmó que «nunca lo votaría», superando a Macri, Milei y Bullrich en esa misma medición. Es un techo que condiciona cualquier estrategia de La Cámpora que involucre exponerlo como candidato.
El kirchnerismo como marca sigue golpeado, pero Kicillof se despega
Un relevamiento de Giacobbe Opinión Pública, sobre 2.500 casos a fines de julio, mostró que el 50% de los argentinos no quiere que el kirchnerismo vuelva a gobernar. Sin embargo, dentro de ese mismo universo de dirigentes, Kicillof aparece con la mejor imagen: 36,7% positiva y 50,4% negativa. El rechazo a la etiqueta «kirchnerismo» no se traslada en la misma proporción a la figura del gobernador.
El dato numérico ya tiene efecto político concreto. En la mesa chica del kirchnerismo duro archivaron, al menos momentáneamente, la idea de instalar una candidatura presidencial de Cristina Kirchner al comprobar que Kicillof la supera ampliamente en proyección electoral. En paralelo, Máximo Kirchner pasó de un discurso duro contra el gobernador en Parque Lezama a un tono conciliador, al sostener públicamente que «no estamos en veredas opuestas».
Si la tendencia se sostiene, la Gobernación bonaerense tiene margen para seguir marcando autonomía frente al larretismo camporista sin pagar un costo alto en imagen. La pregunta que empieza a instalarse en el peronismo bonaerense es si esa ventaja de Kicillof alcanza para torcer el control de las listas legislativas que La Cámpora todavía pretende retener.


