Viernes 21 de agosto de 2026
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El Círculo Rojo pidió a Milei acuerdos políticos para 2027 y lo aplaudió con frialdad

Tras diez días encerrado en Olivos sin agenda pública, Javier Milei se presentó en la 23ª edición del Consejo de las Américas con un discurso escrito de puño y letra. El encuentro en el Hotel Alvear reunió a los CEOs y directivos más importantes del país, pero el clima no fue el que el gobierno esperaba.

Los empresarios recibieron al presidente con aplausos escasos, iniciados casi exclusivamente por los funcionarios ubicados en la primera fila, e impulsaron en los pasillos un mensaje claro: la estabilidad macroeconómica ya no alcanza. Para el Círculo Rojo, el riesgo de 2027 ya no está en la economía sino en la política.

La otra cara del Consejo: frialdad y preguntas sin respuesta

El mensaje que predominó entre los directivos fue menos entusiasta que el del Presidente. También fue más estratégico y más preocupado. La preocupación central no pasó por el rumbo económico en sí, sino por la continuidad institucional y la gobernabilidad de cara al año electoral.

«El ruido político empieza a aparecer», dijo un referente del sector financiero. «Hay incertidumbre si, por ejemplo, querés tomar un crédito a dos años, tanto para el que lo toma como para el que lo da. El problema no está en la economía: lo que hay que hacer es trabajar en lo político». Por su parte, otro ejecutivo fue más directo: «Milei no va a perder por cómo está la economía, pero tampoco le va a alcanzar para reelegir».

La pregunta sobre la sucesión también atravesó los pasillos. Un sector del empresariado —con Paolo Rocca y Héctor Magnetto a la cabeza— evalúa la alternativa de Patricia Bullrich para 2027. Asimismo, un dirigente del sector agropecuario señaló que el gobierno dilapidó capital político con el episodio de Manuel Adorni: «Eso hay que recuperarlo porque se vienen las elecciones», dijo.

En ese marco, el exembajador Diego Guelar resumió el estado de situación con crudeza: «¿Por qué el riesgo país bajaría? Confidencialmente, los inversores dicen que no hay confianza». También advirtió sobre los dos escenarios que podrían hundir al gobierno: «Hay dos maneras de que pierda las elecciones un presidente: que se dispare el dólar y que se prenda fuego el conurbano».

El discurso que escribió solo en Olivos

Milei llegó al encuentro después de diez días sin agenda pública. Su vocero Adrián Ravier tuvo que desmentir públicamente que el presidente tuviera problemas de salud. El discurso lo escribió sin el asesoramiento habitual de Santiago Caputo, solo en la Quinta de Olivos.

El resultado fue una alocución de casi una hora sin autocrítica. Además fue el regreso al tono de la campaña de 2023: combativo, desafiante y cargado de insultos hacia sus críticos. En la cúpula libertaria lo recibieron con entusiasmo. «Desarmó los argumentos de todos los que operan en contra del Gobierno»; «fue profundamente inspirador»; «estuvo espectacular, siempre con la verdad y con datos»: fueron algunos de los comentarios que Milei cosechó entre sus propios funcionarios.

Sin embargo, ya desde su ingreso al salón, el presidente dio señales que encendieron alarmas. No reconoció a Susan Segal, la anfitriona norteamericana que conduce el Council hace 23 años. En cambio, saludó primero a Natalio Grinman, titular de la Cámara Argentina de Comercio y uno de sus principales defensores entre los empresarios. También en el discurso atacó a Rocca y festejó la pérdida de empleo en Fate.

Los números que Milei defiende y los que oculta

El presidente construyó su presentación sobre los indicadores que mejor le quedan. Destacó la baja de la inflación, que pasó del 211% al 31.5%, lo que implica una reducción del 85%. Asimismo, celebró que la inflación mayorista de julio fue del 0.8% e incluso anunció que hará un nuevo recital para festejar ese dato.

Sin embargo, los números de la economía real pintan otro cuadro. Según Ferreres y Asociados, la inversión cayó un 6.2% interanual en junio y acumula una baja del 7.6% en el primer semestre. Por su parte, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) reportó que las ventas minoristas pyme cayeron un 3.8% interanual en julio y un 2.7% acumulado en el año.

El consumo también retrocede. El INDEC reveló que en mayo las ventas en supermercados a precios constantes cayeron un 0.7% mensual y acumulan una baja de 2.8% desde enero. En autoservicios mayoristas, la caída fue del 2.3% mensual y del 3.0% acumulado. Además, la utilización de la capacidad instalada industrial se ubica en el 58.4%, lo que implica un 41.6% de capacidad ociosa.

El mismo Gustavo Weiss, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, lo dijo desde la primera fila: «El tema de la micro es lo que nos preocupa a todos. Hay muchas familias endeudadas, mucha gente preocupada». Y agregó: «Milei no escucha a nadie, no solo a mí».

Mario Grinman, uno de sus principales aliados empresariales y anfitrión del encuentro, fue más matizado pero no menos revelador: «¿La estamos pasando bien? Más o menos. Es muy heterogéneo». También dijo que el cierre de empresas y la pérdida de empleos eran «el precio que los argentinos tienen que pagar» para transformar el país. La declaración tuvo un peso particular: coincidió con una protesta de pymes frente a la Casa Rosada.

Los «hijos de puta prebendarios», el aborto y los barbijos

En su discurso, Milei atacó al CEO de Techint Paolo Rocca, a quien acusó de haberse beneficiado de la prohibición de exportar chatarra. También apuntó contra Javier Madanes Quintanilla y celebró que 921 trabajadores de Fate perdieran sus empleos por la apertura del mercado de neumáticos: «Tengo a 47 millones beneficiándose y 921 perjudicándose», dijo.

Frente al empresariado, descartó la validez de sus críticas con una frase: «Si queremos ser grandes, tenemos que ponernos los pantalones largos y los prebendarios hijos de puta tienen que quebrar». También los interpelo: «Ustedes tienen que definir de qué lado están». El pasaje más aplaudido del salón fue ese, aunque los aplausos provinieron casi exclusivamente de los funcionarios presentes.

Además, negó los problemas en los salarios y relativizó el cierre de empresas. «¿Alguno de ustedes están en contra de que caigan los salarios del sector público?», preguntó. Y sobre el cierre de industrias: «Así como aparecen empresas, otras desaparecen, es natural». También comparó a los fabricantes nacionales de ropa con los productores chinos y concluyó que si venden lo mismo «cinco o diez veces más caro, están en un problema».

En uno de los pasajes más polémicos, vinculó el aborto legal con la crisis del sistema previsional y con el crecimiento económico. «Estamos pagando muy cara la locura de los pañuelitos verdes», dijo. Además la caracterizó como «esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre» y señaló que sus consecuencias alcanzan «al crecimiento y al sistema previsional». Por último, recurrió a los barbijos de la pandemia como ejemplo de por qué los precios máximos generan escasez.

Lo que el Círculo Rojo sabe pero no dice

La incomodidad empresarial en el Alvear tuvo una particularidad reveladora. Los sectores más golpeados por la gestión libertaria —construcción, industria, pymes— expresaron sus cuestionamientos. Sin embargo, los más vinculados al sistema financiero y a los grandes negocios exportadores sostuvieron el modelo con más reservas que convicción.

Un empresario del sector financiero sintetizó la tensión con precisión: «La crítica a la micro en realidad es una crítica a la macro». De esta manera, dejó en claro que los problemas del consumo, el empleo y el crédito no son accidentes del ajuste. Son su resultado directo.

En ese marco, el Círculo Rojo no pide un cambio de rumbo. Pide continuidad. También pide que Milei construya los acuerdos políticos que le permitan garantizarla más allá de 2027. Sin embargo, el presidente respondió con un discurso de campaña, sin agenda política explícita y sin la intermediación de su principal operador.

Un banquero lo resumió con claridad: «No se puede sostener este ruido durante un año así». De esta manera, la cumbre empresarial más importante del año terminó con una conclusión incómoda para el oficialismo: el establishment quiere que Milei gane, pero no está seguro de que Milei pueda hacerlo.

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