La Plata combina dos problemas que se retroalimentan: un tránsito cada vez más caótico y un sistema de multas que muchos vecinos empiezan a cuestionar como una herramienta de recaudación antes que de ordenamiento.
El trazado fundacional de la ciudad convive hoy con doble fila, motociclistas que ignoran las normas y controles nocturnos que caen sobre calles sin señalización visible.
El desorden que se repite en cada esquina
Circular por La Plata en horas pico se volvió, para muchos vecinos, un ejercicio de resignación y riesgo. La escena se repite en el casco urbano y en la periferia: autos detenidos en doble y hasta triple fila frente a escuelas y comercios, camiones descargando mercadería en pleno horario pico, y motociclistas y ciclistas que cruzan por cualquier esquina o circulan a contramano.
El sector de los motociclistas, impulsado por el crecimiento de las aplicaciones de delivery, protagoniza buena parte de las maniobras más riesgosas. La circulación por veredas, el cruce con luz roja y la falta de casco dejaron de ser excepciones para convertirse en una constante.
Un repartidor platense, identificado como Gonzalo, describió la presión que enfrenta a diario: las aplicaciones exigen tiempos de entrega muy ajustados y una demora baja la calificación del repartidor. Esa lógica empuja a cometer maniobras peligrosas, aun sabiendo el riesgo que implican.
La queja de fondo: falta de controles y de educación vial
Para muchos vecinos, el problema no está solo en las imprudencias individuales sino en la inacción de los inspectores municipales y en la ausencia de una campaña oficial de concientización vial.
Mariana Gómez, madre de dos alumnos de una escuela céntrica, describió la salida diaria como una pesadilla: autos parados en doble y triple fila que bloquean la visión, chicos que terminan cruzando entre vehículos estacionados porque no se puede ver si viene alguien, y ningún inspector municipal presente para ordenar el tránsito en el horario de salida.
Desde la ONG Corazones Azules, su titular Pedro Perrotta planteó que la seguridad vial no puede limitarse a sancionar después de que ocurre un siniestro. Propuso experiencias que funcionaron en otras ciudades, como las áreas exclusivas de carga y descarga de Nueva York o el programa «Calles Escolares» de Londres, que restringe el ingreso de vehículos motorizados en las arterias linderas a las escuelas durante los horarios de entrada y salida.
Multas de madrugada en calles sin señalización
Mientras el desorden vial se agrava, otro fenómeno empezó a incomodar a buena parte del vecindario del Casco Urbano: la sospecha de que los operativos de control dejaron de ordenar para empezar a recaudar.
El caso que encendió la polémica ocurrió el domingo a la 1:46 de la madrugada, en calle 16 entre 46 y 47. Un inspector recorrió la cuadra y labró al menos seis actas a autos estacionados en fila. El problema no estuvo en la infracción en sí, sino en la señalización: la prohibición de estacionar se había pintado días antes, y solo frente a un colegio de la Universidad Católica. El resto de la cuadra no tenía una sola marca que avisara del cambio.
Los vecinos dejaron los autos donde acostumbraban a hacerlo. La respuesta municipal fue tajante: la prohibición rige las 24 horas, con o sin señalización visible.
Fotomultas por sendas borradas y paradas sin cartel
El problema excede esa cuadra puntual. Según describe el relevamiento periodístico, La Plata acumula lo que se definió como un catálogo de «trampas cazabobos»: multas que superan largamente los $110.000 caen por fotomulta sobre quien pisa una senda peatonal agrietada, borrada o directamente inexistente.
También se sanciona por detenerse en un área sin cordón pintado, o frente a una parada de colectivo cuyo cartel fue vandalizado o nunca repuesto. Sin referencias visuales claras, la infracción queda librada al criterio de cada inspector.
Una fiscalización que muchos describen como despareja
La bronca vecinal también crece por lo que se percibe como un criterio desigual de control. Las mismas faltas que un sábado cualquiera se sancionan sin margen, se vuelven invisibles cuando hay partido, recital o algún evento masivo, cuando el caos de estacionamiento toma manzanas enteras sin que aparezca un solo inspector.
Esa doble vara alimenta la sospecha de que detrás del volumen de actas hay una lógica orientada más a ampliar la recaudación que a garantizar la seguridad vial real.
La ecuación que consideran injusta
Nadie cuestiona la sanción a quien tapa una rampa para personas con discapacidad o ignora un cartel de «prohibido estacionar» bien visible. Pero exigir el cumplimiento estricto de una normativa vial sobre una infraestructura deteriorada —sin señalización clara, con baches que revientan gomas a costa del bolsillo particular— convierte el reclamo en una ecuación que muchos vecinos consideran injusta.
La conclusión que circula entre los vecinos es simple: antes de multar hay que señalizar, y antes de exigir hay que mantener. Pintar cordones, reponer carteles de parada y repintar sendas no es un lujo, sino la base mínima que le daría autoridad moral al municipio para después cobrar con legitimidad.
Si el municipio prioriza el acta fácil por sobre la obra pública de señalización y mantenimiento, lo que gana en caja puede perderlo en confianza. Un vecino que le pierde la confianza a la señalización vial es, tarde o temprano, un vecino que deja de mirarla —lo que agrava todavía más el caos que hoy se vive en cada esquina de La Plata.


