Unos 2,7 millones de personas participaron de la 52ª Peregrinación Juvenil, una convocatoria récord. En la misa de cierre, el arzobispo Jorge García Cuerva apuntó contra la intolerancia y la exclusión, a un mes de la llegada del papa León XIV.
La 52ª peregrinación a Luján se convirtió en la más masiva de su historia. Unos 2,7 millones de fieles recorrieron los 60 kilómetros que separan Liniers de la Basílica, en una edición que arrancó bajo tormentas en el AMBA y terminó con una plaza desbordada. Pero la cifra no fue lo único que dejó la jornada: en la misa central, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, lanzó una de las críticas más duras de la Iglesia al clima político y social que atraviesa el país bajo el gobierno de Javier Milei.
El mensaje llegó en un momento clave. El papa León XIV tiene prevista su llegada a la Argentina para los primeros días de noviembre, y la homilía funcionó como una anticipación del tono con el que la Iglesia piensa recibirlo.
Una peregrinación a Luján que rompió todos los registros
La caminata, organizada por la Arquidiócesis de Buenos Aires, convocó este año bajo el lema «Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos». La lluvia del sábado no frenó la convocatoria: el flujo de peregrinos se sostuvo durante toda la noche y la madrugada, con un amplio operativo de salud, hidratación, seguridad y transporte a lo largo de la ruta.
Desde la región capital, la participación volvió a ser significativa. Grupos de fieles de La Plata, Berisso y Ensenada organizaron sus propios puntos de partida y logística, y muchos se sumaron a la columna principal en distintos tramos del Conurbano, una modalidad que se consolidó en los últimos años como tradición regional.
El récord de asistencia también tiene una lectura que excede lo religioso. En un contexto de pesimismo económico extendido, la multitud en Luján expresó una demanda de contención y pertenencia que las parroquias, los comedores y las organizaciones barriales vinculadas a la Iglesia conocen de cerca.
García Cuerva y la advertencia sobre la grieta
Frente a la muchedumbre reunida en la Plaza Belgrano, el arzobispo describió un país lastimado por la descalificación, la intolerancia y la violencia física y verbal. Según su diagnóstico, esas heridas no cicatrizan y empiezan a contaminar el vínculo entre los argentinos.
La crítica no fue abstracta. García Cuerva sostuvo que León XIV encontrará una Argentina herida y partida por la grieta, atravesada por una crisis estructural que castiga a los sectores más vulnerables. Para ilustrarlo, recurrió a un recuerdo familiar: su abuelo le auguraba que, cuando creciera, el país iba a salir adelante, una promesa que, admitió, sigue sin cumplirse.
El prelado ya había trazado un diagnóstico similar durante el fin de semana en la Catedral Metropolitana. En Luján, con millones de personas como testigos, lo llevó a su máxima expresión.
Los excluidos que nombró la Iglesia
El tramo más político de la homilía fue la enumeración de los sectores que, a juicio del arzobispo, quedan afuera del modelo actual: los jubilados, las personas con discapacidad y sus familias, los desocupados, quienes viven en la calle y los adolescentes atrapados por la droga.
La lista no fue casual. Cada uno de esos grupos protagonizó conflictos con el Gobierno nacional en los últimos meses, desde las movilizaciones de jubilados frente al Congreso hasta los reclamos por las prestaciones de discapacidad, un tema en el que La Libertad Avanza tuvo que introducir cambios en el Parlamento.
En línea con la doctrina social que impulsa el Vaticano, García Cuerva reclamó garantizar alimento a quien tiene hambre, educación adecuada para los chicos y una vejez digna para los adultos mayores. Es un planteo que choca de frente con la lógica del ajuste fiscal que el oficialismo exhibe como su principal logro.
Caminar juntos como respuesta política
La multitud que llenó la ruta fue, en el relato del arzobispo, la mejor respuesta a la fragmentación. «Cuando caminamos juntos, no le damos lugar a los discursos de odio», afirmó, en una frase que en el oficialismo difícilmente se lea como neutral.
García Cuerva contrapuso la solidaridad de los peregrinos, que caminaron cargando las historias de vecinos sin trabajo, enfermos o amigos ausentes, con el individualismo que asoció a las esferas del poder. Y cerró con un pedido explícito: dejar de descalificar a quien piensa distinto.
La tensión entre la Iglesia y la Casa Rosada no es nueva, pero el escenario de Luján le dio otra escala. No se trató de un documento episcopal ni de una declaración aislada, sino de un mensaje pronunciado ante la mayor concentración de fieles de la historia de la peregrinación.
Qué se viene: la visita de León XIV
La homilía dejó planteado el clima con el que el Papa llegará al país en noviembre. La Iglesia argentina dejó en claro que no busca una visita protocolar, sino un llamado a revisar los vínculos sociales y las prioridades de la gestión.
Para el Gobierno nacional, el desafío será administrar una agenda en la que el Pontífice tendrá una enorme visibilidad y en la que la jerarquía eclesiástica ya marcó posición sobre los temas más sensibles: pobreza, jubilaciones, discapacidad y consumo problemático.
Para el peronismo y la oposición en general, el mensaje de Luján ofrece un respaldo simbólico difícil de ignorar, aunque la Iglesia evitó cualquier alineamiento partidario. En las próximas semanas, la preparación de la visita papal y la respuesta del oficialismo a las críticas marcarán buena parte de la agenda política nacional.


