Diego Santilli, jefe de Gabinete nacional, ya se consolidó como el candidato bonaerense de una derecha sin fisuras rumbo a 2027. Esa certeza es la que obliga a Axel Kicillof a sostener el equilibrio entre dejar competir a los suyos en el Movimiento Derecho al Futuro y evitar que la interna termine favoreciendo a la oposición.
El peronismo bonaerense sabe que no tiene margen para el lujo de dividirse. Con Santilli ya instalado como candidato de una derecha unificada, cualquier fractura del espacio en la Provincia juega directamente a favor del rival.
Ese cálculo es el que ordena, hoy, toda la estrategia de Kicillof.
El dato que condiciona todo
Santilli llegó a esta posición después de ganar por escaso margen las legislativas de octubre y de asumir como jefe de Gabinete nacional. Ese doble mérito lo convirtió, sin discusión interna, en la carta de la derecha para la gobernación bonaerense en 2027.
Del otro lado del mostrador, el peronismo llega con el problema inverso: no uno, sino varios candidatos con aspiraciones genuinas.
La interna que Kicillof no puede frenar
En el Movimiento Derecho al Futuro, el espacio propio del gobernador, ya compiten el ministro de Gobierno, Carlos Bianco; el de Infraestructura, Gabriel Katopodis; el intendente de La Plata, Julio Alak; y Jorge Ferraresi, que dejó la intendencia de Avellaneda en manos de su esposa, Magdalena Sierra, para dedicarse de lleno a la carrera hacia 2027.
Los cuatro participaron el jueves pasado de un encuentro del MDF en La Plata, cerrado por una exposición de Kicillof sobre sus ejes programáticos. Que el cónclave se haya hecho en la ciudad no es casual: pone a Alak en el centro del tablero justo cuando arranca la pulseada.
Kicillof ya bajó la definición que ordena el proceso: no va a haber pacto de arriba para bajar candidaturas. Todo se define en las PASO o, si el Gobierno nacional finalmente las elimina, en una interna partidaria propia.
La presión del cristinismo, de fondo
La carrera bonaerense no se agota en el armado de Kicillof. También asoman nombres del sector alineado con Cristina Kirchner, del Frente Renovador y de un grupo de intendentes con peso propio.
En el entorno del gobernador leen la última movida de Máximo Kirchner —el acto en Parque Lezama— como una presión para forzar una negociación que incluya cederle al cristinismo la candidatura a la gobernación. Kicillof ya dejó trascender su respuesta: esa posibilidad solo se abre si ese sector se impone en una interna.
El impacto en La Plata
Con Alak metido de lleno en la carrera provincial, la gestión municipal platense entra en un terreno conocido para la política argentina: el de un intendente que empieza a mirar más allá del Palacio Municipal, justo en el momento en que la unidad del espacio se volvió una condición no negociable.
Con Santilli ya consolidado como candidato único de la derecha, la presión sobre el peronismo bonaerense para resolver rápido su propia interna va a crecer semana a semana. La definición sobre el desdoblamiento electoral y el destino de las PASO nacionales va a marcar si Kicillof logra ordenar la competencia interna a tiempo o si la fractura se profundiza antes de 2027.


