Viernes 30 de enero de 2026
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Crisis habitacional: jóvenes sin emanciparse y adultos mayores al límite del sostenimiento de sus hogares

La vivienda, históricamente vista como un pilar de estabilidad social y económica, se está transformando en una barrera cada vez más inaccesible para sectores claves de la población argentina: los jóvenes que intentan independizarse y los adultos mayores que deben sostener su hogar con recursos menguados. Así lo confirma el reciente informe “La vivienda en la Argentina: relaciones intergeneracionales” elaborado por la Universidad Católica de La Plata (UCALP), que pone en evidencia una situación que ya no puede describirse solo con cifras económicas: es un desafío biosocial con implicancias profundas para la cohesión familiar y comunitaria del país. 

Un problema estructural que marca generaciones

El diagnóstico de la UCALP —desarrollado bajo la dirección de Marianela Ana Buono y Daniel José Buono, con aportes de académicos y estudiantes— describe una realidad dual: por un lado, los jóvenes ven cada vez más lejano el acceso a su primera vivienda; por otro, muchos adultos mayores propietarios carecen de recursos para mantener sus hogares en condiciones dignas

En Argentina, una combinación de precariedad laboral, mercados de crédito restrictivos y salarios deteriorados ha convertido el acceso al techo propio en una barrera casi infranqueable. La informalidad y la falta de antigüedad laboral excluyen a muchos jóvenes de los sistemas formales de financiamiento. Los programas orientados a promover la vivienda propia, como la línea “Casa Propia”, exigen condiciones —como antigüedad laboral mínima o ingresos elevados— que dejan afuera a quienes más lo necesitan. 

Para los jóvenes, esto no es solo una estadística: se traduce en proyectos de vida postergados, familias que se extienden en la convivencia intergeneracional mucho después de los 25 años y una creciente dependencia del hogar familiar como única opción de techo. Datos de instituciones especializadas muestran que una proporción significativa de jóvenes de 25 a 35 años sigue viviendo con sus padres o abuelos, reforzando la idea de que la emancipación habitacional quedó fuera del alcance de millones. 

Adultos mayores: techo propio, recursos ajenos

En el extremo opuesto del ciclo vital, la UCALP advierte que las jubilaciones y pensiones que perciben muchos adultos mayores no alcanzan a cubrir las necesidades básicas de mantenimiento del hogar, mucho menos para afrontar remodelaciones o adaptaciones necesarias para una vida digna. 

El deterioro de viviendas sin mantenimiento adecuado y la falta de redes de contención social dejan a muchos en una situación de vulnerabilidad extrema. Algunos ni siquiera cuentan con servicios básicos, reflejando una crisis que va más allá de los números del mercado y toca directamente la calidad de vida de las personas mayores. 

La crisis habitacional también se siente en La Plata

El fenómeno no es exclusivo del nivel nacional: la Región del Gran La Plata muestra brechas importantes. Monitoreos territoriales describen déficits significativos en servicios esenciales como agua corriente, cloacas y gas natural en barrios populares, un reflejo tangible de cómo las políticas públicas no alcanzan a revertir las brechas estructurales de acceso a la vivienda digna. 

Esto se suma a un contexto más amplio de precariedad habitacional en el país, donde un importante porcentaje de hogares depende de alquileres volátiles o vive en condiciones que no garantizan seguridad ni confort básico. 

Más allá de datos: la vivienda como nodo social

Al centrarse exclusivamente en variables económicas —precios de terrenos, tasas de interés o ingresos familiares— se pierde el corazón del fenómeno: la vivienda es un nodo complejo que incluye factores sociales, afectivos y de bienestar colectivo. El informe de UCALP subraya que sin integrar estos aspectos, las soluciones parciales pierden impacto. 

Entre las propuestas exploradas, los investigadores destacan los Programas Intergeneracionales, modelos que han mostrado resultados interesantes en otros países al fomentar la convivencia colaborativa entre generaciones. En este esquema, jóvenes acceden a un techo a cambio de brindar apoyo y compañía a adultos mayores, promoviendo una simbiosis social que va más allá de la mera transacción económica. 

Sin embargo, tanto esta como otras soluciones innovadoras necesitan ser parte de un marco de políticas públicas más amplio. Las estrategias deben articular vivienda, empleo, servicios básicos e inclusión social para contrarrestar la fragmentación que hoy atraviesa a amplios sectores de la sociedad. 

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