Con rebajas de hasta 40% y precios por debajo de comercios de barrio, el predio de 520 y 115 se consolida como refugio frente a la inflación. Qué conviene comprar y dónde están las diferencias más claras.
En una ciudad donde cada semana se recalcula el gasto en alimentos, el Mercado Bonaerense Fijo de La Plata volvió a actualizar su lista de precios con una batería de ofertas que apuntan directo al bolsillo. La vigencia se extiende hasta el 21 de abril, pero el trasfondo es más profundo: caída del consumo, salarios que no acompañan y una demanda cada vez más selectiva.
El esquema combina precios de referencia en productos básicos, descuentos agresivos con Cuenta DNI y acuerdos con cooperativas. El resultado: valores que, en varios casos, quedan por debajo del circuito comercial tradicional.
Carne y pollo: el rubro más sensible, con precios que buscan marcar piso
En un contexto donde la carne vacuna viene perdiendo protagonismo en la mesa por su costo, el mercado intenta sostener volumen con precios más accesibles:
- Asado a $15.900 el kilo
- Dos kilos de carne picada por $15.000
- Bife a $12.500
- Milanesas a $8.500
A eso se suman alternativas más económicas en pollo y cerdo:
- 3 kg de pata muslo por $12.000
- Alitas a $2.500 el kilo
- 2 kg de bifes de cerdo por $16.000
En la práctica, estos valores aparecen como una referencia más baja frente a carnicerías barriales, donde los aumentos vienen siendo más constantes que los ingresos.
Verduras y frutas: la brecha que empieza a inclinar la balanza
Uno de los puntos más competitivos sigue siendo la verdulería y los puestos de agricultura familiar. Ahí se ve con claridad la diferencia de precios:
- 2 kg de tomate desde $1.200
- Bolsa de papa a $4.000
- 2 kg de berenjena a $2.000
- Limón: 2 kg por $3.000
- Manzana: $3.000 el kilo
También aparecen opciones aún más económicas desde cooperativas: tomate, lechuga o acelga a valores que, en algunos casos, quedan hasta un 30% por debajo del promedio de verdulerías de barrio.
El dato no es menor: en el gasto semanal de una familia, este rubro explica una parte creciente del ajuste.
Panificados y lácteos: el termómetro del consumo diario
El pan, otro indicador clave, se mantiene en $2.200 el kilo, mientras que la docena de facturas llega a $4.000. En lácteos:
- Leche sachet desde $1.100
- Leche larga vida entre $1.300 y $1.350
- Queso cremoso a $6.750 el kilo (llevando horma)
Son precios que buscan sostener consumo básico en un escenario donde incluso productos esenciales empiezan a recortarse en cantidad.
Congelados y compras por volumen: la estrategia que gana terreno
El mercado refuerza una lógica cada vez más extendida: comprar más para pagar menos. Los packs de congelados lo reflejan:
- 40 hamburguesas de 110 g por $25.450
- 20 unidades por $13.780
- 10 unidades por $7.410
También hay combos de pollo, pescado y rebozados desde $9.980, pensados para resolver varias comidas a menor costo unitario.
Esta tendencia se replica en muchas familias de La Plata, donde el freezer empieza a ser una herramienta clave para ordenar el gasto.
Limpieza e higiene: ajuste silencioso y promociones cruzadas
Los productos de limpieza, que subieron fuerte en los últimos meses, aparecen con combos y kits:
- Kit de baño completo a $7.200
- Combo de detergente, esponjas y guantes a $7.500
- Packs de lavandina, suavizante y jabón desde $9.000
Además, se incentiva llevar envases propios para abaratar costos, una práctica que empieza a consolidarse en consumidores más ajustados.
Bebidas y consumo recreativo: también con descuentos
Incluso en bebidas se ve el intento de sostener ventas:
- Fernet + gaseosa a $22.200
- Vodka + energizantes a $12.500
Aunque el consumo en este rubro cae, las promociones buscan mantener algo de movimiento.
Beneficios: el gancho para sostener el flujo de compradores
El diferencial sigue estando en los medios de pago:
- 40% de descuento con Cuenta DNI (tope $6.000)
- 10% de rebaja para jubilados
En la práctica, estos beneficios terminan definiendo la elección de compra para muchos vecinos.
Una postal de la economía real en La Plata
El crecimiento del Mercado Bonaerense no es casual. En la ciudad, donde los ingresos pierden frente a la inflación y el consumo se retrae, este tipo de espacios empieza a funcionar como un “canal de escape” para sostener la compra de alimentos.
La dinámica ya se siente: más volumen, compras planificadas y búsqueda constante de precio.
A corto plazo, el interrogante pasa por cuánto pueden sostener estos valores frente a una cadena de costos que sigue presionando. Por ahora, el mercado logra algo clave: ofrecer referencias más bajas en una economía donde casi todo empuja para arriba.


