Domingo 1 de marzo de 2026
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Encuesta, bolsillo y ánimo social: cómo cerró 2025 entre salarios en baja, consumo ajustado y señales de alarma

El cierre de 2025 deja un retrato social áspero y difícil de disimular. Según la última encuesta nacional del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, casi ocho de cada diez argentinos sienten que su salario perdió la carrera contra la inflación y más de la mitad evalúa de manera negativa la situación económica del país. Un combo que impacta en el consumo, condiciona las vacaciones y erosiona la confianza en las instituciones, mientras el malestar social empieza a reflejarse también en indicadores de salud pública.

De acuerdo al relevamiento realizado en diciembre, el 77,6% de los consultados aseguró que sus ingresos no acompañaron el aumento de precios durante el último año. Esa percepción no queda solo en el bolsillo: el 64% de la población se identifica hoy como clase media baja o baja, un dato que confirma el corrimiento social descendente y la presión sostenida sobre los ingresos reales.

La mirada sobre la economía nacional aparece incluso más deteriorada que la experiencia individual. Mientras el 39,5% evalúa negativamente su situación personal, ese porcentaje trepa al 55,3% cuando se pregunta por el estado general del país. Una distancia que habla de expectativas bajas y de un clima de desconfianza que excede lo cotidiano.

Desconfianza en los números y consumo en retroceso

El informe también expone un desgaste fuerte en la credibilidad de las estadísticas oficiales. El 59,7% de los encuestados afirmó no sentirse representado por el dato de inflación publicado por el INDEC, en un contexto marcado por la polémica en torno a la medición de la actividad económica. La confianza plena en las cifras oficiales cayó al 33,5%, mientras creció el segmento que admite no saber qué creer, una señal clara de fragilidad institucional.

Con salarios ajustados y precios percibidos como “corridos”, el impacto se traslada directo al consumo. Casi la mitad de la población (48,5%) señaló que gastó menos —o mucho menos— en las fiestas de fin de año en comparación con 2024. Menos volumen de compras, cambios de marcas y estrategias defensivas se volvieron moneda corriente, incluso en hogares que hasta hace poco sostenían cierto margen de consumo.

Vacaciones: el descanso como nuevo privilegio

El acceso al turismo termina de mostrar la profundidad del ajuste. El 39,3% de los encuestados dijo no contar con recursos para tomarse vacaciones, consolidando al descanso como un indicador cada vez más claro de desigualdad social. Entre quienes sí viajan, predominan las escapadas cortas y el turismo de cercanía: menos días, menos kilómetros y presupuestos acotados.

La segmentación política profundiza las diferencias. Entre los votantes de Javier Milei, el 39,4% declaró poder viajar, mientras que la exclusión por falta de dinero baja al 24,8%. En el electorado opositor, en cambio, más de la mitad (52,3%) aseguró que no saldrá de vacaciones por motivos económicos, con una presencia casi nula del turismo internacional y una fuerte concentración en destinos nacionales o cercanos.

La grieta también juega en la cancha

El clima de polarización no se limita a la economía o la política. El fútbol, termómetro social por excelencia, también aparece atravesado por la grieta. Claudio “Chiqui” Tapia acumula una imagen negativa del 54,7% a nivel nacional, con picos de rechazo que alcanzan el 85,6% entre los votantes de Milei.

La discusión alrededor de la AFA y las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) funciona más como un posicionamiento ideológico que como una evaluación estrictamente deportiva. No hay consenso y el debate se inscribe en una disputa más amplia sobre modelos de gestión, regulación y control, en sintonía con otras discusiones estructurales del país.

Humor social y una alarma que excede la economía

Cuando se pidió definir 2025 con una sola palabra, dominaron términos como desastre, horrible o destrucción. La principal palabra positiva fue esperanza, aunque asociada más al futuro que al presente. El balance social aparece marcado por ingresos deteriorados, consumo en baja e incertidumbre generalizada.

Ese clima no es solo una percepción. Datos oficiales del Boletín Epidemiológico Nacional encendieron una señal de alerta en salud pública: en Argentina se registra, en promedio, un intento de suicidio por hora. Entre abril de 2023 y octubre de 2025 se notificaron 22.249 intentos, casi 24 por día. Jóvenes y mujeres concentran la mayor cantidad de casos, mientras que el riesgo de desenlace fatal es significativamente más alto en varones.

Especialistas advierten que la combinación de crisis económica, deterioro salarial y dificultades de acceso a tratamientos de salud mental profundiza el problema. La situación es especialmente crítica en las fuerzas de seguridad, donde las tasas duplican a las de la población general de la misma franja etaria, según investigaciones académicas y testimonios de exfuncionarios del área.

Un cierre con más preguntas que certezas

El diagnóstico que deja el final de 2025 es consistente: salarios que no alcanzan, consumo retraído, vacaciones recortadas, desconfianza institucional y un humor social cargado de tensión. Para ciudades como La Plata, donde el empleo público, el comercio y los servicios sienten de manera directa cada sacudón económico, estos indicadores no son abstractos: forman parte de la vida cotidiana.

La esperanza aparece, pero más como deseo que como realidad inmediata. Mientras tanto, el termómetro social marca fiebre y obliga a mirar más allá de los números para entender el impacto real del ajuste en la vida de las personas.

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