El Gran La Plata reúne condiciones estructurales que favorecen la propagación del virus. Mientras la provincia atraviesa un brote con 18 casos y siete muertos, las denuncias en escuelas crecen y apuntan a un problema sanitario más profundo.
La Plata tiene ratas en las aulas. Y tiene un brote de hantavirus activo a nivel provincial. Las dos cosas no son coincidencia. Son el resultado de años de condiciones urbanas que investigadores de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) llevan tiempo advirtiendo: basurales, malezas, viviendas precarias y urbanización sin planificación.
La combinación es peligrosa. Y esta semana se volvió visible en tres escuelas de la ciudad.
Tres escuelas con ratas en pleno brote
Las denuncias crecieron en los últimos días. La primera llegó desde la Escuela Secundaria N°16 de Los Hornos, ubicada en 66 entre 153 y 154. Allí reportaron una «alta concentración de roedores» en el comedor escolar. La biblioteca debió clausurarse.
Después llegaron los reclamos de la Escuela Normal N°3 y la Primaria N°1 «Francisco A. Berra», en 8 entre 57 y 58. En el jardín y la primaria aparecieron alacranes. En la secundaria, roedores.
«Esto no es de ahora, viene de la semana pasada. Nuestros hijos vieron caca de laucha. A mi hija le pasó una rata por los pies y los cambiaron a la biblioteca», denunció una madre. Los padres exigen limpieza profunda y desinfección urgente.
Desde la Normal N°3 confirmaron la situación. Informaron que especialistas del Conicet y del área de Toxicología recorrieron el establecimiento y asesoraron a los directivos sobre los pasos a seguir.
Por qué el Gran La Plata es zona de riesgo para el hantavirus
La presencia de roedores en las escuelas no es un hecho aislado. Es parte de un cuadro más amplio. Estudios de la UNLP y el Conicet identificaron que el Gran La Plata reúne condiciones estructurales que favorecen la proliferación del ratón colilargo, el principal portador del hantavirus en la región.
El primer factor es la cantidad de barrios vulnerables. Hay más de 160 barrios populares en La Plata con déficit de saneamiento, recolección de residuos irregular y hacinamiento. En esos ambientes, los roedores encuentran refugio y alimento cerca de las viviendas.
El segundo factor es la «interfaz urbano-rural». La periferia platense combina zonas urbanizadas con descampados, malezas y basurales clandestinos. Ese borde es ideal para la reproducción del ratón colilargo (Oligoryzomys flavescens), portador de los genotipos Lechiguanas y Hu39694 del virus.
A eso se suman las cavas y terrenos degradados convertidos en basurales ilegales. Los especialistas los llaman «trampas ecológicas urbanas». Son espacios donde la acumulación de residuos y la falta de infraestructura crean condiciones perfectas para la circulación de enfermedades zoonóticas.
El brote provincial: 18 casos y siete muertos
El contexto agrava el escenario local. La provincia de Buenos Aires atraviesa lo que las autoridades sanitarias definen oficialmente como «una situación de brote». En lo que va de 2026 se confirmaron 18 casos y fallecieron siete personas. Los contagios crecieron un 50% respecto al año anterior.
En La Plata se registraron dos casos confirmados. Sin embargo, los expertos de la UNLP señalan que el riesgo real de la ciudad es mayor al que reflejan los números oficiales.
El hantavirus se transmite al respirar polvo contaminado con orina, heces o saliva del roedor infectado. No se contagia entre personas. Sin embargo, la tasa de mortalidad en Argentina ronda el 30% de los casos confirmados.
Qué hacer para prevenir el contagio
Las recomendaciones sanitarias son claras y simples. Antes de ingresar a espacios cerrados que estuvieron sin usar, hay que ventilarlos al menos 30 minutos sin entrar. No barrer el polvo acumulado sin protección. Evitar el contacto directo con roedores o sus rastros.
En el hogar, hay que sellar grietas y huecos, no acumular leña ni basura cerca de las paredes y mantener los espacios limpios. En caso de detectar roedores, no manipularlos sin guantes y ropa protectora.
Lo que viene: el invierno no detiene el virus
El frío no frena el hantavirus. Al contrario. Cuando bajan las temperaturas, los roedores buscan refugio en las viviendas. Eso convierte al invierno en el período de mayor riesgo de contacto cercano con el vector.
Los investigadores de la UNLP son directos: sin mejoras estructurales en los barrios más vulnerables de La Plata, ninguna campaña de fumigación es suficiente. El problema es urbano y sanitario. La solución también tiene que serlo.


