Viernes 17 de julio de 2026
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Indio Solari y Virginia: la historia de amor que empezó en La Plata en 1981

Durante 45 años fueron inseparables. Se conocieron en el verano de 1981 en casa de un amigo platense, y desde ese primer día nunca más se soltaron. Él lo contó en su autobiografía; ella lo escribió en un posteo de San Valentín que se volvió inolvidable.

Carlos «Indio» Solari murió el jueves en su casa, rodeado por la misma intimidad que eligió defender toda su vida. A su lado, como siempre, estaba Virginia Mones Ruiz, «la Flaca», «Viruta», «Viru»: la mujer que conoció en La Plata hace más de cuatro décadas y con quien construyó todo lo que importaba fuera del escenario.

La historia arranca en el verano de 1981, en casa de un amigo del Indio conocido como «Piti», en esta ciudad. Virginia era amiga del secundario de la mujer del Mufercho —Sergio Martínez, el primer maestro de ceremonias de los Redonditos— y el cruce fue casi por azar. El Indio acababa de volver de la costa sin un peso, después de cerrar la experiencia del Alex, y se quedó a dormir en lo de Piti. Ahí estaba la Flaca.

«Nos ligamos el mismo día en que nos conocimos», contó él mismo en su autobiografía Recuerdos que mienten un poco (2019), el libro escrito junto al periodista Marcelo Figueras.

De galpón en galpón, hasta que los Redondos los salvaron

Los primeros años no fueron fáciles. La pareja vivió saltando de casa en casa, dejando libros y discos como pago por la hospitalidad, hasta que terminaron arreglando un galpón en la casa de la familia de Virginia. El hermano de ella los convenció de quedarse en la casa principal. «Anduvimos como chanchos con el hermano de Virginia, con quien teníamos una sintonía grande. ¡Pensar que casi entro a trabajar en una oficina en esa época!», recordó el Indio.

Mientras él trabajaba como secretario en un hogar de niños en Once, Virginia era la bibliotecaria del colegio del mismo hogar. Ella le cortaba el pelo muy cortito para que encajara con el «look semiformal del secretario».

Y fue Virginia quien lo empujó a soltar ese trabajo y apostar de lleno a Patricio Rey. «Te estás haciendo mala sangre, ganás más durante los fines de semana. ¡Se te está agriando el espíritu!», le decía. Él le dio el crédito claro en sus memorias: sin ese empujón, los Redondos podrían haber sido otra cosa, o nada.

“Aún después de la muerte»

Se casaron en 1988. Tuvieron un hijo, Bruno, en febrero de 2000, y desde entonces cuidaron su intimidad con una disciplina casi monástica. Pocas fotos, pocas declaraciones, ninguna exposición innecesaria.

En el Día de los Enamorados de 2021, Virginia rompió brevemente ese silencio con un posteo que sintetizó todo: «Nos conocimos promediando el verano del año ’81. Años después, cuando escuché por primera vez ‘Me quedo contigo’, por Los Chunguitos, encontré las palabras que describían mi amor. Hoy, 40 años después, lo siguen haciendo.»

El Indio, por su parte, había dejado su declaración más precisa en 2007, cuando presentó el álbum Porco Rex y habló de la canción dedicada a su compañera: «Uno no vuelve virgen del amor. Creo que debe haber una sola oportunidad de enamorarse en la vida, cuando uno encuentra la necesidad de compartir la intimidad más profunda con una persona sin la cual la vida no tiene mucho significado.»

Esa canción, según explicó entonces, habla de alguien que promete encontrarse con otra persona «aún después de la muerte», en la oscuridad y la inmensidad, sin religión que ampare ese deseo.

Una historia con raíces platenses

No es un dato menor: la historia de amor más importante del rock argentino empezó en La Plata, en el living de un amigo, en uno de esos veranos de principios de los ochenta en que la ciudad era un hervidero de cultura, política y creatividad que el régimen intentaba aplastar. Solari era parte de ese mundo, y Virginia también.

Esa ciudad donde se conocieron, que los vio nacer como pareja y que los Redondos convirtieron en territorio propio con cada recital —desde los primeros shows hasta el mito que se fue construyendo show a show—, es también parte del duelo que hoy atraviesa la cultura popular argentina.

Lo que vendrá el día después

El velatorio público de Carlos Solari está confirmado para este domingo. Lo que viene después es más incierto: el destino de su archivo, el futuro de la obra, la figura de Virginia como eventual guardiana de esa memoria. En el universo ricotera, donde cada gesto del Indio fue siempre objeto de lectura y relectura, su historia de amor con la Flaca probablemente sobreviva a todo lo demás.

Foto:Instagram de Virginia Mones Ruiz

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