El INDEC confirmó la aceleración del IPC tras el 1,7% de agosto, con fuerte impacto de los servicios y los alimentos. Una familia tipo necesitó más de $1,6 millones para no caer en la pobreza. En paralelo, el índice de incertidumbre económica de la UCA llegó al valor más alto del año y superó incluso al de la crisis poselectoral de 2025. El consumo platense, nuevamente bajo presión.
La inflación de septiembre marcó un 1,9% a nivel nacional y volvió a tensionar el bolsillo de los hogares en La Plata y la Provincia de Buenos Aires. El dato que difundió el INDEC confirmó la aceleración respecto del 1,7% de agosto, que había sido el registro más bajo en catorce meses. Con ese resultado, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumuló 23,6% en los primeros nueve meses del año y 33,4% en la medición interanual.
El dato llegó acompañado por otros dos números que terminan de pintar el escenario económico y político. Por un lado, el INDEC informó que una familia tipo necesitó $1.632.505 para no caer bajo la línea de pobreza en septiembre y $738.690 para no ser considerada indigente. Por el otro, el índice de incertidumbre económica que mide la Universidad Católica Argentina (UCA) trepó al valor más alto del año y superó incluso al que había registrado hace doce meses, en plena crisis poselectoral de 2025.

Inflación de septiembre: qué empujó la suba
El informe del INDEC muestra que los precios regulados y los estacionales se ubicaron por encima de la núcleo. La categoría estacional avanzó 2,9%, con fuerte impacto de verduras, tubérculos y legumbres. Los regulados subieron 2,3%, empujados por las tarifas de gas, electricidad y las cuotas de medicina prepaga. La inflación núcleo, que excluye estos componentes, se ubicó en 1,7%, con incidencia de las comidas fuera del hogar y los productos farmacéuticos.
Por divisiones, Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles encabezó la lista con una suba del 3,1%, seguida por Educación con 3%, Comunicación con 2,5% y Salud con 2,4%. Alimentos y bebidas no alcohólicas subió 2% a nivel nacional, pero fue la división de mayor incidencia en la mayoría de las regiones. Dentro de ese rubro, llamó la atención la aceleración de algunas verduras: el tomate se encareció 34,1% y la cebolla subió 24,6% en apenas un mes.
El Gran Buenos Aires y la región Pampeana registraron la inflación mensual más alta, con un 2%, por encima del promedio nacional. En La Plata, Berisso y Ensenada, el impacto fue directo: los platenses enfrentaron no solo la suba generalizada de precios, sino también una incidencia particular de los gastos vinculados a la vivienda, los servicios públicos y la salud, que son los que más pesaron en la medición regional.
Más de un millón seiscientos mil pesos para no caer en la pobreza
El dato más contundente para los hogares bonaerenses apareció en la actualización de las canastas básicas. Una familia de cuatro integrantes necesitó en septiembre $1.632.505 para superar la línea de pobreza. Para la canasta alimentaria, que determina la línea de indigencia, el umbral fue de $738.690.
Los números varían según la composición del hogar. Una persona sola necesitó $528.319 para no ser pobre y $239.058 para no ser indigente. Un hogar de tres integrantes requirió $1.299.664 y un hogar de cinco, $1.717.036. En todos los casos, el salario mínimo, los haberes jubilatorios básicos y los ingresos de la informalidad quedaron muy por debajo de esos valores, lo que obliga a los hogares a sostener dos o tres fuentes de ingreso para no caer bajo la línea.
La evolución del año es más preocupante aún que el dato puntual. La Canasta Básica Total acumuló un 24,7% en lo que va de 2026 y un 38,7% interanual. La Canasta Básica Alimentaria avanzó 25,3% desde diciembre y un 40% respecto de septiembre de 2025. Ambas canastas subieron por encima del IPC general, lo que confirma lo que ya se venía viendo en los comercios platenses: los precios de los alimentos y los servicios básicos corren más rápido que el promedio.
El pico de incertidumbre económica
En paralelo al dato del INDEC, un informe del Centro de Analítica Económica y Empresarial de la UCA aportó una lectura política que agrava el cuadro. El índice de incertidumbre económica (IIE), que se construye a partir del análisis de las conversaciones digitales sobre temas económicos, trepó en septiembre a 63,4 puntos, el valor más alto del año y el más elevado desde abril de 2025.
El dato tiene una lectura inquietante: el IIE supera incluso los niveles que había alcanzado en septiembre y octubre de 2025, cuando el país atravesaba la crisis poselectoral que terminó con la intervención del gobierno de Estados Unidos para contener la volatilidad financiera y despejar un escenario de riesgo político. Es decir, un año después y con una supuesta recuperación en marcha, los argentinos están más preocupados por la economía que durante aquel pico de zozobra.
El informe de la UCA, dirigido por el economista José Daniel Aromí, detalla además cuáles son las preocupaciones que empujan ese índice: trabajo (20,7%), política (19,4%) e inflación (18%) encabezan las menciones, seguidas por pobreza (11,9%), corrupción (8,6%) y política social (7,8%). Es una radiografía que incomoda al oficialismo: el discurso de la baja inflación como principal logro queda cruzado por una ciudadanía que ve con mayor claridad las deudas pendientes del modelo económico.
El “cero coma algo” sigue lejos
El dato del 1,9% golpea en el centro del relato oficial. Desde la campaña electoral, el presidente Javier Milei venía prometiendo que la inflación mensual pasaría a tener un primer dígito en cero antes de fin de año. En distintas entrevistas en streams y canales de televisión, el mandatario insistió en que durante el segundo semestre de 2026 iba a verse el resultado de su gestión económica.
Sin embargo, la trayectoria del IPC sigue más cerca del 2% que del 0,9%. En lo que va de 2026, la inflación mensual se ubicó por debajo del 2% solo en junio y en agosto. Para los meses que vienen, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyecta 1,7% para octubre, 1,6% para noviembre, 1,8% para diciembre y 1,6% tanto para enero como para febrero de 2027. Es decir, el escenario sigue siendo de inflación sostenida en torno a los dos puntos mensuales, muy por encima de lo que anticipaba el oficialismo.
El impacto en La Plata
Para La Plata, los números del INDEC se traducen en una realidad conocida pero cada vez más dura. El comercio local viene registrando una caída del consumo que las cámaras ya consideran estructural, y las ventas minoristas no logran recuperarse ni siquiera en los rubros tradicionalmente estables. Con una inflación regional del 2% y una canasta básica que supera el millón seiscientos mil pesos, los hogares platenses recortan gastos, cambian primeras marcas por segundas y achican la frecuencia de las compras.
La suba del 3,1% en los gastos de vivienda y servicios se cruza, además, con la actualización de tarifas de luz y gas, el aumento del transporte, el combustible y las expensas, en un contexto de salarios que —en el caso de los docentes bonaerenses, por ejemplo— ya pierden contra la inflación en lo que va del año. El resultado es un escenario donde el ingreso familiar queda cada vez más atrás frente al costo de vida.
En paralelo, el nivel de endeudamiento de los hogares bonaerenses siguió creciendo en septiembre, con un aumento sostenido de la mora en tarjetas de crédito y préstamos personales. Es la contracara financiera del dato del IPC: cuando el ingreso no alcanza, el consumo se sostiene a crédito y la deuda familiar se transforma en el salvavidas al que recurren las clases medias y populares para llegar a fin de mes.
Qué viene
Los próximos meses son decisivos para el oficialismo. Con un REM que proyecta inflación sostenida en torno al 1,6-1,8% mensual, el “cero coma algo” quedará para 2027 en el mejor de los escenarios. Mientras tanto, la UCA ya advierte que la incertidumbre de los hogares argentinos está en su pico anual, con el trabajo, la política y los precios como principales preocupaciones.
Para los platenses, el dato de septiembre consolida un escenario de ajuste permanente. El consumo se achica, los servicios se encarecen, los alimentos no bajan y los salarios no alcanzan. La inflación de septiembre, con todo lo que arrastra, deja planteado un desafío que excede al dato puntual: cómo sostener el poder de compra en una economía donde los precios siguen corriendo más rápido que los ingresos.


