Martes 7 de abril de 2026
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Interna libertaria sin control: Milei queda atrapado en la pelea entre Karina y Caputo y se empantana el caso Adorni

La disputa en la cúpula del Gobierno ya no se disimula. El Presidente intervino para frenar a su propia hermana, pero el conflicto sigue abierto y amenaza con impactar en la gestión, la Justicia y el armado político.

El gobierno de Javier Milei atraviesa una de sus crisis internas más expuestas. La pelea entre Karina Milei y Santiago Caputo dejó de ser un rumor de pasillo: hoy condiciona decisiones clave y mantiene en suspenso la salida de Manuel Adorni, convertido en el eje de un conflicto que ya escaló a niveles institucionales.

El problema es menos personal que estructural: dos centros de poder compiten dentro del oficialismo y el Presidente aparece obligado a arbitrar, sin lograr cerrar la disputa.

Un empate que paraliza

La tensión entre el círculo político de Karina Milei y el armado estratégico de Caputo derivó en un “empate nuclear” dentro del Gobierno. Ninguno logra imponerse y, en ese equilibrio frágil, decisiones sensibles quedan trabadas.

El caso más evidente es el de Adorni. Su continuidad o salida se discute hace semanas, pero la falta de acuerdo interno bloquea cualquier definición. El vocero, lejos de quedar al margen, se transformó en símbolo de la pelea.

La lectura que circula en la Casa Rosada es clara: cualquier movimiento sobre Adorni implicaría una victoria para uno de los bandos y una derrota para el otro. Por eso, el expediente no avanza.

Milei interviene, pero no ordena

Por primera vez desde que asumió, Milei decidió involucrarse de lleno en la interna. Lo hizo con un gesto político fuerte: desautorizar a su propia hermana para respaldar a Caputo en una disputa puntual.

El dato no es menor. Karina Milei fue, hasta ahora, la figura más influyente del esquema libertario, con control sobre la estructura política y territorial.

Sin embargo, la intervención presidencial no resolvió el conflicto. Al contrario, dejó en evidencia que el equilibrio interno es inestable y que el liderazgo no logra ordenar completamente a su propio espacio.

La crisis se expande: de la política a la Justicia

El conflicto ya no se limita a la dinámica interna del Gobierno. Las “esquirlas” de la pelea empiezan a impactar en otros frentes, incluida la relación con la Justicia y la Corte Suprema.

Las diferencias en la conducción política se trasladan a decisiones institucionales, donde cada sector intenta marcar posición. Esto genera un escenario de incertidumbre en un momento en el que el oficialismo necesita cohesión para sostener su agenda.

Un ruido que llega a la Provincia

Aunque la disputa se juega en la Casa Rosada, sus efectos empiezan a sentirse en la provincia de Buenos Aires y, en particular, en La Plata.

El armado político libertario en territorio bonaerense —todavía en consolidación— queda condicionado por estas tensiones. La falta de una conducción clara impacta en la estrategia electoral, el vínculo con dirigentes locales y la construcción territorial de cara a los próximos comicios.

En un distrito donde el oficialismo busca crecer, las señales de desorden en la cúpula no pasan desapercibidas.

El “efecto Adorni” no se apaga

Lejos de disiparse, el caso Adorni sigue funcionando como catalizador de la crisis. Su figura, inicialmente técnica, quedó atravesada por la disputa política y hoy representa algo más que un vocero: es el punto donde chocan dos formas de ejercer el poder dentro del Gobierno.

Mientras tanto, la gestión entra en una especie de “loop”, con conflictos que se reciclan y decisiones que se postergan.

Un escenario abierto

El corto plazo no muestra una salida clara. Si Milei no logra ordenar la interna, el conflicto puede escalar y afectar la gobernabilidad en un año clave.

La pregunta que empieza a circular en el sistema político es si el Presidente podrá consolidar un liderazgo capaz de disciplinar a su propio espacio o si la tensión interna seguirá marcando el ritmo del Gobierno.

Por ahora, la respuesta sigue en suspenso.

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