El gobernador avanza en una doble jugada: ceder posiciones a los jefes comunales para retener su lealtad, mientras consolida su estructura propia con nuevas ramas y un despliegue federal que ya no disimula sus ambiciones presidenciales.
Axel Kicillof tiene un problema que, paradójicamente, es también su principal fortaleza: los intendentes. Son el músculo territorial del peronismo bonaerense, pero también actores con agenda propia, límites de reelección encima y ambiciones que no siempre coinciden con las del gobernador. La respuesta del kicillofismo a esa tensión es una operación política en dos tiempos: abrir lugares estratégicos para los jefes comunales y, al mismo tiempo, blindar el núcleo duro del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) antes de que el tablero electoral de 2027 empiece a definirse.
La lógica del intercambio
La ecuación no es nueva pero se profundiza. El acuerdo dentro del peronismo llegó tras ceder espacios de poder en organismos clave y habilitar lugares estratégicos para los distintos sectores del movimiento, aunque la disputa interna sigue abierta.
Lo que Kicillof ofrece a los intendentes es reconocimiento institucional y acceso a recursos. Lo que pide a cambio es lealtad territorial y respaldo político para su proyecto. El MDF nuclea a unos cincuenta intendentes, mayoritariamente enemistados con el camporismo, y la relación tiene una condición tácita: «Axel necesita que los intendentes puedan reelegir, ellos mueven el aparato electoral».
Esa frase, que circula entre los operadores del peronismo bonaerense, explica buena parte de la estrategia. Sin reelección indefinida, los intendentes pierden poder y el gobernador pierde base. Por eso, la cuestión de la reelección de intendentes se convirtió en uno de los debates centrales del espacio, con Verónica Magario como una de las voces más activas en reclamar que se destrabe el asunto legislativo.
El MDF se expande: salud, trabajo y juventudes
La jugada no es solo territorial. Kicillof intensifica su construcción política con una serie de actividades enmarcadas en el MDF que incluyen el lanzamiento de tres nuevos frentes: salud, trabajo y juventudes, mientras el movimiento ya acumula varias ramas sectoriales desde su lanzamiento en febrero de 2025.
A comienzos de mayo, el MDF presentó su rama de Mujeres y Diversidades en el Polideportivo Municipal de Ensenada. Ensenada —territorio de Mario Secco, uno de los intendentes más leales al gobernador— es también un punto clave de la geografía política del Gran La Plata que Kicillof cuida con atención.
La conducción del PJ: una pieza central
El blindaje del núcleo duro tuvo su momento más visible en febrero. Kicillof será el nuevo presidente del Partido Justicialista bonaerense, cargo al que accedió luego de intensas negociaciones con el kirchnerismo. El mandatario puso como condición un respaldo casi unánime a su gobierno.
Fueron las propias fuentes cercanas al líder de La Cámpora las que confirmaron que fue Cristina Kirchner quien ordenó dejar de lado la discusión endogámica y, si eso implicaba darle la presidencia del PJ al gobernador, avanzar en ese sentido.
Con el PJ en su mano y el MDF en expansión, Kicillof tiene hoy más poder formal del que tenía hace un año. Pero eso también multiplica los frentes a sostener.
La mirada desde La Plata
En ese esquema, Julio Alak ocupa un lugar doble. Es intendente de la capital provincial y uno de los referentes del MDF, pero también un dirigente con agenda propia de cara a 2027. Alak recibió en su distrito al intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray —el primer dirigente en oponerse a la conducción de Máximo Kirchner en el PJ bonaerense en 2021—, quien lo elogió públicamente y lo describió como «un gran amigo».
Esa red de contactos que construye el intendente platense suma al MDF, pero también proyecta a Alak como figura propia. En la lógica del kicillofismo, eso no es necesariamente un problema mientras el gobernador siga siendo el eje.
La carrera presidencial que nadie nombra
La estrategia del MDF busca que Kicillof consolide primero una estructura territorial nacional que le permita competir de igual a igual con el oficialismo libertario, antes de anunciar una candidatura presidencial —»para lo cual falta una eternidad», según admiten en su entorno.
Sin embargo, los movimientos son los de quien ya está en campaña. En el entorno del gobernador buscan dejar en claro que no hay margen para el surgimiento de otros candidatos en el peronismo, y aparecieron cientos de carteles con la leyenda «Axel o Milei» en la ciudad de Buenos Aires.
Sostener el equilibrio
El ritmo de expansión del MDF marca que Kicillof no tiene intención de esperar. La apertura de lugares a los intendentes es funcional a ese objetivo: un jefe comunal con cupo asegurado en las listas tiene menos incentivos para salirse del carril. Pero la estrategia tiene un límite claro: cuanto más espacio cede hacia afuera, más presión acumula para mantener cohesionado su propio núcleo. Si algún intendente clave decide apostar por nombre propio —y los hay con imagen para hacerlo— el equilibrio que hoy sostiene el MDF puede volverse mucho más difícil de administrar.


