El gobernador bonaerense encabezaba un congreso en la Facultad de Psicología de la UNLP cuando se conoció la noticia. Interrumpió el acto para rendir homenaje al músico y condensó su legado en tres banderas: libertad, alegría y futuro.
La muerte de Carlos «El Indio» Solari llegó a La Plata mientras Axel Kicillof estaba parado frente a un auditorio en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata. El gobernador bonaerense encabezaba la apertura del quinto Congreso «Para la Igualdad»: producir, trabajar y cuidar, organizado por el Ministerio de Mujeres y Diversidad bonaerense junto al Consejo Federal de Inversiones.
Fue ahí, en el corazón universitario platense, donde el mandatario se detuvo y le dedicó unas palabras al músico. Con la voz quebrada y ante una ovación espontánea del auditorio, Kicillof no dudó en calificarlo con una frase que define su lectura política de la figura del Indio.
”Despedimos hoy al Indio, despedimos a un artista, pero sobre todo a un héroe argentino. Alguien que le dio lenguaje, poética, voz, a varias generaciones de argentinos y argentinas”, dijo el gobernador.
Las tres banderas del Indio, según Kicillof
El discurso no se quedó en el homenaje emocional. Kicillof construyó una lectura política del legado del músico, organizándola en tres conceptos que no son inocentes en el contexto actual.
La primera: la bandera de la verdadera libertad, a la que el gobernador prefirió llamar «de la liberación». La distinción no es casual: es una respuesta implícita al uso que La Libertad Avanza hace del término como marca política. Kicillof reclamó el concepto para el campo popular.
La segunda: la bandera de la alegría, como motor de movilización colectiva. La tercera: la bandera del futuro, proyectando la obra del Indio hacia las nuevas generaciones.
El auditorio respondió con un aplauso cerrado que se extendió por varios minutos.
El escenario elegido no fue cualquiera
Que el homenaje haya ocurrido en la UNLP tiene una carga simbólica difícil de ignorar. La Plata fue una de las ciudades que más profundamente absorbió la mística ricotera. Generaciones de estudiantes universitarios, muchos de ellos hoy activos políticamente, crecieron con los Redondos como banda de sonido. El Estadio Único de La Plata fue escenario de algunos de los últimos recitales multitudinarios de la banda, con decenas de miles de ricoteros llegados de toda la provincia.
Que Kicillof haya rendido ese homenaje rodeado de militantes y funcionarios bonaerenses en la universidad más emblemática del peronismo platense dice algo sobre cómo el kirchnerismo procesa esta pérdida: como una deuda cultural, pero también como una oportunidad de reafirmar identidad.
La disputa simbólica ya empezó
Mientras Kicillof hablaba en La Plata, el oficialismo nacional también emitía su comunicado de condolencias, y desde el entorno de Milei ya circulaban voces intentando desligar al Indio del kirchnerismo. El cineasta oficialista Agustín Laje llegó a sostener que «el kirchnerismo le hizo un inmenso daño al arte», en un movimiento clásico de apropiación post mortem.
La pelea por el legado del Indio Solari ya está en marcha. Y La Plata, ciudad que lo vio actuar y que lo siente propio, será uno de los territorios donde esa disputa se juegue con más intensidad.
Identidad cultural
En las próximas horas se definirá el lugar del velatorio —el Congreso ya fue descartado por Martín Menem— y la figura del Indio seguirá siendo objeto de disputa política entre el peronismo y el oficialismo nacional. Para Kicillof, que atraviesa su propio proceso de reposicionamiento interno de cara a 2027, la identificación con Solari no es un gesto menor: es una apuesta por una identidad cultural que convoca más allá de las estructuras partidarias.


