Martes 12 de mayo de 2026
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Kicillof se suma a la marcha universitaria mientras crece la alarma por el financiamiento: “La situación es dramática”

La movilización volverá a poner en tensión al Gobierno nacional con el sistema universitario. Rectores advierten por salarios pulverizados, caída de becas y riesgo de paralización académica. En La Plata, la UNLP también sigue de cerca un escenario que impacta de lleno en miles de estudiantes y trabajadores.

Axel Kicillof confirmó que participará este martes de la nueva marcha universitaria convocada en defensa de la educación pública, en medio de un clima cada vez más áspero entre el Gobierno de Javier Milei y las universidades nacionales. La decisión del gobernador bonaerense llega después de una recorrida exprés por Escobar y busca reforzar un posicionamiento político que, además de confrontar con la Casa Rosada, intenta capitalizar un reclamo que atraviesa a buena parte de la clase media y del sistema científico.

La movilización tendrá fuerte presencia de rectores, docentes, no docentes y estudiantes. Y esta vez el foco ya no pasa solamente por el presupuesto: las universidades empezaron a hablar abiertamente de riesgo operativo, deterioro salarial y posible afectación del segundo cuatrimestre.

El dato que terminó de encender las alarmas fue un informe difundido en las últimas horas por sectores del sistema universitario nacional, donde se advierte que las partidas siguen corriendo muy por detrás de la inflación y que muchas instituciones sobreviven con fondos reasignados internamente.

La advertencia que preocupa a las universidades

El rector de la UBA, Ricardo Gelpi, sintetizó el clima con una frase que cayó fuerte en el ámbito académico: “No es un reclamo político, estamos en una situación dramática”. La definición expone el intento de las universidades de despegarse de la lógica partidaria con la que el oficialismo nacional suele responder a las protestas del sector.

Detrás de esa frase hay números concretos. Los rectores vienen denunciando pérdida salarial docente, dificultades para sostener programas de investigación, recortes indirectos y una caída real del presupuesto universitario frente a la inflación acumulada.

En la Provincia de Buenos Aires el conflicto adquiere una dimensión todavía más sensible por el peso territorial de universidades como la UNLP, una de las más grandes del país y motor económico para buena parte de La Plata.

La capital bonaerense no sólo depende del movimiento estudiantil en términos educativos: miles de alquileres, comercios, librerías, bares, transporte y servicios giran alrededor del funcionamiento universitario. Cualquier ajuste prolongado en el sistema impacta directamente en la economía local.

La Plata, entre el ajuste y la dependencia universitaria

En la ciudad el tema se sigue con especial preocupación. La UNLP concentra más de 120 mil estudiantes y miles de trabajadores entre docentes, investigadores y personal no docente. El deterioro salarial ya empezó a sentirse en distintos sectores y crece la preocupación por la continuidad de proyectos científicos y de extensión.

Además, el conflicto universitario vuelve a poner a La Plata en el centro de una discusión política nacional. No es casual: la ciudad tiene una fuerte identidad vinculada a la educación pública y suele transformarse en caja de resonancia de este tipo de movilizaciones.

La participación de Kicillof también tiene lectura política interna. Mientras el peronismo busca reordenarse frente al avance libertario, el gobernador intenta consolidarse como principal figura opositora en un terreno donde Milei todavía encuentra resistencia social importante.

En paralelo, desde el oficialismo nacional sostienen que las universidades deben transparentar gastos y avanzar en reformas estructurales. Ese discurso, sin embargo, choca con la postura de rectores y sectores académicos, que aseguran que el problema ya dejó de ser administrativo y pasó a ser de supervivencia financiera.

Un conflicto que amenaza con profundizarse

La marcha de este martes podría convertirse en otro punto de escalada entre el Gobierno y el sistema universitario. Y el dato político no es menor: a diferencia de otros reclamos sectoriales, la defensa de la universidad pública todavía conserva capacidad de movilización transversal.

En La Plata, donde la vida universitaria forma parte del funcionamiento cotidiano de la ciudad, el conflicto ya dejó de percibirse como una discusión abstracta sobre partidas presupuestarias. El impacto empieza a sentirse en aulas, laboratorios y bolsillos.

Si no aparecen señales concretas de financiamiento en las próximas semanas, en varias universidades ya admiten que el segundo semestre podría arrancar con mayores restricciones académicas y operativas.

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