Después de más de un mes de filas interminables, cupos diarios y estaciones cerradas, la distribuidora Camuzzi levantó este viernes las restricciones al suministro de Gas Natural Comprimido (GNC) en La Plata, Berisso y Ensenada. Las estaciones de servicio con contratos interrumpibles —la gran mayoría de la región— volvieron a despachar combustible con normalidad. La crisis que comenzó a mediados de junio llegó a su fin.
Desde la empresa distribuidora lo confirmaron con una frase que esperaban miles de automovilistas, taxistas y remiseros: «Debido a la baja demanda residencial que se registró en los últimos días, a partir de hoy estamos liberando los consumos interrumpibles.»
Por qué se levantaron las restricciones
La razón es la misma que explicó la crisis desde el principio, pero al revés. En junio, la caída brusca de temperaturas disparó el consumo de gas en hogares, comercios, escuelas y hospitales. Esa demanda residencial activó los contratos interrumpibles y dejó sin suministro a las estaciones de servicio que los habían elegido. Ahora, con la mejora térmica de los últimos días —una suerte de mini primavera invernal que bajó la presión sobre el sistema— la demanda residencial cedió lo suficiente para que Camuzzi liberara los consumos.
Nunca hubo una fecha oficial para el fin de la restricción. En el terreno de las especulaciones, siempre se habló de que se normalizaría «cuando suban las temperaturas». Esta semana, ese momento llegó.
Un mes de cortes que dejó su marca
El conflicto comenzó a mediados de junio y se extendió por más de 30 días. Durante ese período, la imagen de largas filas de autos en las pocas estaciones habilitadas se convirtió en una postal cotidiana en distintos puntos de La Plata. Las bocas de expendio que podían vender GNC lo hacían con cupos diarios, y solían suspender el despacho a las pocas horas de abrir.
La situación había mejorado parcialmente en las últimas semanas. La distribuidora fue incorporando nuevas estaciones a la lista de habilitadas y flexibilizó de manera gradual las restricciones para el sector industrial —las ladrilleras, entre otros rubros, pudieron retomar parte de su actividad—. Sin embargo, el grueso de las estaciones de la región siguió operando con limitaciones hasta este jueves.
Los taxistas, los más golpeados
El sector que vivió con mayor intensidad el conflicto fue el de los taxis y remises. Al ser el GNC su combustible principal y más económico, las restricciones golpearon directamente en el ingreso diario de los trabajadores. Durante las semanas más críticas, el gremio amenazó con denunciar a todos los involucrados en las restricciones y llegó a reclamar prioridad de despacho frente a los vehículos particulares.
Las protestas, los cortes y el reclamo público del sector fueron parte del paisaje urbano de junio y julio. Con la normalización del suministro, esa presión se descomprime.
El problema de fondo sigue en pie
La crisis expuso una contradicción estructural que no desaparece con el fin del invierno. La mayoría de las estaciones de servicio de la región opera con contratos interrumpibles, que tienen un costo menor pero permiten a la distribuidora cortar el suministro durante los picos de demanda. Solo las bocas con contratos firmes —más caros— mantienen el servicio sin interrupciones durante el invierno.
Esa arquitectura contractual garantiza que cada año invernal, con mayor o menor intensidad según el frío, el conflicto pueda repetirse. Lo de este junio-julio no fue una excepción: fue la expresión más prolongada de una tensión que está incorporada al diseño del sistema.


