El exministro de Economía Sergio Massa dejó atrás el bajo perfil y empieza a mostrarse en actos públicos, mientras trabaja en privado para asegurarse el apoyo de Cristina Kirchner. El gobernador bonaerense Axel Kicillof avanza con su despliegue territorial —con Alak organizando un evento con el vicegobernador de Salta— sin confirmar todavía su candidatura. De fondo, el dilema de las PASO define qué camino tomará cada uno.
A un intendente que lo visitó recientemente, Sergio Massa le sugirió, en broma, que no se sacara fotos con ningún candidato presidencial del peronismo. El dirigente entendió el mensaje real: el propio Massa se prepara para ser ese candidato.
El exministro de Economía viene abandonando de a poco el bajo perfil que sostuvo desde el inicio del gobierno de Milei. Participó de un acto en Rosario junto a todas las tribus del peronismo santafesino, dio una charla con jóvenes del Frente Renovador y reivindicó públicamente la unidad del espacio. El próximo hito público será el 8 de septiembre, en un homenaje a José Manuel de la Sota en el hotel Savoy, bajo el lema «Tomar la posta».
La estrategia de Massa: necesita a Cristina para vencer a Kicillof
Massa siempre buscó representar a los sectores moderados del peronismo, pero sabe que sus chances electorales dependen del respaldo explícito de Cristina Kirchner si pretende ganarle una interna a Kicillof. Sus colaboradores más cercanos creen que necesita tanto de los vínculos que tejió con gobernadores de fuerzas provinciales —como el salteño Gustavo Sáenz o el misionero Hugo Passalacqua— como de la estructura del cristinismo en la provincia de Buenos Aires, donde confía en que los intendentes le retirarán el apoyo a Kicillof si el gobernador no cumple sus promesas.
Esa promesa incumplida tiene nombre concreto: la reelección indefinida de intendentes. En tiempos de María Eugenia Vidal, el Frente Renovador —entonces aliado de Cambiemos— impulsó en la Legislatura bonaerense la ley que puso el límite de dos mandatos. Massa ya avisó que no dará marcha atrás: sus legisladores no acompañarán el proyecto que impulsa Kicillof para modificarla. Si el gobernador no consigue esos votos, pagará el costo político frente a los intendentes.
Un dirigente que conoce a Massa desde hace más de dos décadas resumió con humor la estrategia: apuesta a que el cristinismo y Kicillof se desgasten mutuamente para después presentarse él como la solución.
Kicillof avanza sin confirmar candidatura, pero cada vez lo insinúa más
En el entorno de Kicillof, la duda sobre si el proyecto presidencial va en serio ya no se plantea puertas adentro: en una reunión reciente de diputados nacionales alineados con el gobernador, la jefa de asesores bonaerense Cristina Álvarez Rodríguez confirmó que sí.
Pero afuera del círculo íntimo persisten las dudas. Algunos estudios de opinión que se realizan en el interior bonaerense muestran que buena parte de quienes valoran positivamente a Kicillof no están seguros de si logrará ser candidato, ni de si podrá independizarse de la sombra de Cristina para conducir a todo el peronismo.
La semana pasada, en el Council of the Americas, Kicillof desplegó un perfil bajo que contrastó con el de Milei. Ante la pregunta directa de un empresario sobre si quería ser presidente, no dio un «sí» explícito, aunque lo dejó entrever.
Alak, protagonista del despliegue territorial de Kicillof
El armado de Kicillof avanza con visitas personales a distintas provincias y el envío de emisarios propios. Tras acompañar al gobernador en Chaco, el secretario de Interior de la CGT, Héctor Daer, siguió camino a Formosa para reunirse con Gildo Insfrán, que prometió colaborar. Días después hizo lo mismo con José Luis Gioja, que trabajará en el armado de Kicillof en San Juan.
En ese mismo esquema, el vicegobernador de Salta, Antonio Marocco, participó de un evento del PJ bonaerense organizado por el exintendente de Florencio Varela Julio Pereyra junto al intendente de La Plata, Julio Alak. El detalle de color: la senadora jujeña Carolina Moisés, cercana a Massa, fue desinvitada a último momento por cuestiones vinculadas a la interna del PJ de esa provincia.
La orden de Kicillof para estos armados territoriales es clara: no tomar partido en los conflictos locales y no excluir a quienes colaboraron con el gobierno de Milei. El ministro Andrés Larroque lo resumió esta semana en una radio jujeña: la reconstrucción del país necesita a todos, sin excepciones.
El dilema de las PASO: la conducción, el verdadero drama del espacio
No está claro si el gobierno nacional conseguirá los votos para eliminar las PASO. Patricia Bullrich anunció que el debate empezará en dos semanas en el Senado, pero dentro del oficialismo admiten que el panorama es complicado.
Para el peronismo, sostener las primarias es también una forma de resolver su drama de conducción: nadie quiere negociar con un sector si después el otro no valida el acuerdo. La diputada Victoria Tolosa Paz, que recorre provincias en nombre del peronismo de centro, planteó esta semana que el espacio necesita una conducción vertical y validada en las urnas.
Kicillof cree que ganar una eventual interna lo legitimaría como candidato y lo liberaría de la sombra de Cristina. Por eso insiste en que se preste atención a las encuestas, donde aparece mejor posicionado que cualquier otro dirigente peronista. Massa, en cambio, apuesta a sus estructuras, su capacidad de operación y el respaldo de la expresidenta.
Si finalmente no hay PASO, quedan dos caminos: un candidato único por consenso —hoy casi imposible— o una interna dividida con riesgo de que Milei se imponga en primera vuelta con un electorado desmovilizado. El peronismo, puertas adentro, admite que lo mejor que le puede pasar en 2027 es que los enojados con Milei directamente no vayan a votar.


