Domingo 19 de julio de 2026
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La Selección volverá en vuelo propio y decide sola: la política corre detrás de un festejo que el plantel no le prometió a nadie

La Scaloneta regresará al país el lunes en un vuelo chárter que saldrá de Nueva York unas ocho horas después del final del partido. Aterrizará en Ezeiza entre las 13 y las 14. Y lo que haga después —si va a la Casa Rosada, al Congreso, a un estadio, o directamente a saludar a los hinchas en la calle— lo decidirán Lionel Messi, Lionel Scaloni y Claudio Tapia. Sin consultar a nadie. Como siempre.

Eso no impidió que durante toda la semana la política argentina se acomodara alrededor de ese regreso como si tuviera algún derecho sobre él.

Milei cede en lo que nunca cedió

El primero en moverse fue el Gobierno nacional. Javier Milei —que hizo del rechazo a los feriados y asuetos casi una declaración ideológica— está dispuesto a declarar un feriado nacional el lunes si Argentina se consagra campeón. Lo confirmaron fuentes cercanas al Presidente a distintos medios. La decisión no se formalizará hasta después del partido. «Lo comunicaremos el próximo domingo post partido», dijeron desde Balcarce 50.

También está sobre la mesa un asueto administrativo como opción intermedia, e incluso extenderlo al martes si el regreso sufriera demoras. La comparación que circula es inevitable: en 2022, Alberto Fernández también decretó feriado cuando la Selección volvió de Qatar.

Pero el feriado es la parte fácil. Lo complicado es lo otro: convencer al plantel de pasar por la Casa Rosada. Esa tarea la tiene el jefe de Gabinete Diego Santilli, que es el canal de llegada a Tapia. Los une un vínculo concreto —un funcionario clave de Santilli compartió con el presidente de la AFA el directorio de la Ceamse— y una necesidad política: para el oficialismo, una foto de la Selección en el balcón de Balcarce 50 valdría mucho más que cualquier spot de campaña.

El problema es que el plantel no prometió nada. Y tiene antecedentes: en 2022, tampoco fueron a la Casa Rosada con Alberto Fernández.

El plantel que incomodó al Gobierno

La semana que pasó mostró que la Selección no viene dispuesta a prestarse a ninguna narrativa oficial. Cuando el equipo venció a Inglaterra, Messi dijo en conferencia que querían darle una alegría «a la gente que la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes». El Gobierno respondió con un comunicado explicando que ese diagnóstico era herencia de gestiones anteriores —que el propio Milei amplificó en sus redes— y que la situación actual era distinta.

Antes de eso, algunos jugadores habían celebrado en el vestuario con una bandera de las Islas Malvinas, en un partido especialmente cargado de simbolismo por tratarse de una victoria ante Inglaterra. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, había advertido antes del partido que estaba prohibido ingresar al estadio con mensajes alusivos a Malvinas. El contraste fue notorio.

El plantel no hizo declaraciones políticas. Sencillamente actuó como lo que es: un equipo que tiene sus propias convicciones y que no le debe nada a ningún gobierno.

La fila de candidatos que piden lugar

Milei no es el único que quiere una foto. La diputada Marcela Pagano —enfrentada con el oficialismo— presentó un pedido formal ante la vicepresidenta Victoria Villarruel para que el Senado de la Nación y la explanada del Congreso sean el escenario institucional del recibimiento. En la solicitud habla de los valores de «humildad, liderazgo y trabajo en equipo» del plantel y cierra con «Las Malvinas son argentinas». Nadie del equipo le respondió.

Desde la provincia de Buenos Aires, el gobierno de Axel Kicillof dijo que está «a disposición de lo que decidan los jugadores y la AFA». La Provincia tiene un rol concreto e ineludible en el operativo: Ezeiza está en su territorio, y el Ministerio de Seguridad bonaerense —a cargo de Javier Alonso— ya diseñó el dispositivo de custodia para el traslado de la delegación. Esa coordinación obligada entre administraciones políticamente enfrentadas vuelve a mostrar que la Selección genera una convivencia institucional que la grieta habitual impide.

Kicillof, en paralelo, también juega su propio partido electoral. Esta semana apareció en fotos junto al intendente de Avellaneda Jorge Ferraresi, el ministro de Infraestructura Gabriel Katopodis y el platense Julio Alak. Tres nombres que circulan como potenciales candidatos a gobernador en 2027. Ninguna foto tiene que ver con el Mundial. Pero el timing tampoco es casual.

Un festejo que siempre fue del pueblo

En 2022, cuando la Selección bajó del avión con la Copa del Mundo, tampoco fue a la Casa Rosada. Fue directamente hacia la gente. La caravana terminó en helicóptero porque la multitud hizo imposible seguir en el colectivo. Nadie habló de Alberto Fernández ese día. Casi nadie mencionó a Axel Kicillof. El festejo fue lo que siempre fue: de los hinchas y del equipo.

Esta semana, con más recursos organizativos, con más operativos, con más declaraciones políticas y con más candidatos tratando de sumarse a la foto, la lógica debería ser la misma. La Selección decide sola dónde va. Llega en su propio vuelo. No le debe el título a ningún gobierno, y tampoco les deberá el festejo.

La política puede correr detrás. La pelota —y lo que venga después— va a caer donde el plantel quiera que caiga.

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