El deterioro del bolsillo se trasladó a la intención de voto y reconfiguró el mapa político hacia 2027. Una encuesta nacional de Proyección Consultores realizada entre el 1 y el 10 de julio sobre 1.817 casos mostró que Javier Milei y Axel Kicillof empatan en un eventual balotaje con 39,9% cada uno —dentro del margen de error de ±2,3%— mientras que casi uno de cada cinco electores aún permanece fuera de los dos polos.
El bolsillo como disparador
El dato más contundente no es electoral: es económico. El 59,3% de los consultados considera que la Argentina atraviesa una crisis y el 65,7% afirma que las políticas del Gobierno nacional tuvieron un impacto negativo en su situación personal o familiar. El 72% dice que su economía familiar empeoró o sigue igual de mal que en los meses anteriores. Las preocupaciones principales son los bajos ingresos (49,1%) y la inflación (40,9%), y el 37% reconoció haber pedido dinero prestado durante el último mes para cubrir gastos corrientes.
El Índice de Perspectiva Económica de la consultora quedó en 2,06: dentro de la zona de estancamiento, más cerca del pesimismo que de la estabilidad.

La gestión, en rojo
Ese clima se tradujo directamente en la evaluación del Gobierno. El 53,8% calificó su desempeño como malo o muy malo. La imagen de Milei acumula 55,4% de opiniones negativas frente a 40,5% de positivas. En mayo ese diferencial era similar, pero los datos de julio consolidan la tendencia: la administración libertaria enfrenta una mayoría que la rechaza sin que el kirchnerismo haya logrado todavía capitalizar ese descontento de forma plena.
Kicillof tampoco escapa al desgaste: 56% de imagen negativa contra 36,5% positiva. La diferencia es que él viene en alza —en junio el mismo estudio lo ubicaba con 38,9% positivo y 52,6% negativo—, mientras que el Presidente exhibe mayor estabilidad hacia abajo.
Primera vuelta: empate técnico
En intención de voto presidencial, Milei encabeza con 33,7% y Kicillof lo sigue con 32,1%. La diferencia de 1,6 puntos queda dentro del margen de error, por lo que ambos están técnicamente igualados. Más atrás aparecen Myriam Bregman (6,9%) y Maximiliano Pullaro (3,7%), mientras que el 13,5% elegiría el voto en blanco y el 10% todavía no definió su preferencia.
Con ese reparto, el Gobierno no lograría imponerse en primera vuelta y se vería forzado a una segunda vuelta que, según la medición, tampoco puede ganar por ahora. Por espacios, La Libertad Avanza obtiene 34,8% y Fuerza Patria 33,7%, con el PRO a 7,4%, el Frente de Izquierda a 4,3% y Provincias Unidas a 2,1%.
Balotaje: 39,9% a 39,9%
El escenario más revelador es el que enfrenta solo a los dos candidatos. Milei y Kicillof empatan a 39,9%. El 13,7% votaría en blanco o impugnaría el voto y el 6,5% no sabe qué haría: ese casi 20% de indefinidos es hoy la llave de la elección.

La paridad se sostiene en dos rechazos que se compensan mutuamente. El 40,1% aseguró que votaría a un candidato que no le agrada con tal de impedir que Milei continúe como Presidente. En espejo, el 37,5% haría lo mismo para evitar el regreso del peronismo. La polarización, en este caso, no le da ventaja a ninguno.
Kicillof gana en empatía, Milei en firmeza
La consultora cruzó los datos por perfiles sociales y atributos de liderazgo. Kicillof lidera en empatía entre los millennials integrados (44,3%) y la generación X estable (36,1%). Milei, en cambio, conserva el liderazgo en firmeza y en visión de país, pero esos atributos no alcanzan para abrir una brecha electoral.

Al preguntar qué debería ocurrir en 2027, el 37,8% eligió la llegada de un nuevo gobierno de un espacio cercano al peronismo. Solo el 20,3% quiere que la gestión actual continúe sin modificaciones, mientras que otro 19,1% aceptaría la reelección de Milei únicamente con otro equipo y cambios en las políticas.
Una tendencia que se consolidó desde junio
La ola de junio de la misma consultora, difundida a mediados de ese mes, ya mostraba señales similares: en aquella medición Kicillof obtenía 42,5% en el balotaje contra 42,4% de Milei. La de julio profundiza la imagen de paridad: la diferencia se acortó todavía más y los dos candidatos quedaron exactamente igualados. La tendencia, mes a mes, es que la ventaja estructural que el oficialismo tenía en los primeros meses del año se fue erosionando a medida que el impacto económico cotidiano se volvió más difícil de disimular.



