El líder del Frente Renovador saluó a frenar el choque entre el kicillofismo y el kirchnerismo duro con un argumento directo: pelear entre ellos es la mejor garantía de reelección para Milei. La advertencia llegó a intendentes y legisladores bonaerenses.
Sergio Massa eligió junio de 2026 para romper la calculada distancia que mantenía frente a la interna peronista y bajar una directiva que ya circula en los despachos de la Provincia: «Hay que ir a buscar a todos». La frase, repetida en reuniones reservadas con sus dirigentes de mayor confianza, es su respuesta al desgaste que genera el choque abierto entre el kicillofismo y el kirchnerismo más duro de Cristina Fernández.
El diagnóstico que el tigrense comparte con su entorno no tiene matices: el electorado opositor está harto de la pirotecnia interna. «No se prendan en la interna, nosotros solo trabajamos por la unidad» y «el candidato que más mide es el de la unidad del peronismo», repite ante legisladores e intendentes que le responden directamente.
La Plata, en el centro del tablero
La advertencia de Massa cobra especial relevancia en La Plata, donde la tensión entre la Gobernación y el Instituto Patria se vive a diario en cada bloque legislativo, cada despacho ministerial y cada seccional del PJ. Con la calle 6 y el búnker de Kirchner con los puentes cortados, el Frente Renovador intenta posicionarse como el único espacio con capacidad real de articular una tregua.
Meses atrás, Massa ya había tanteado el terreno en un encuentro reservado con Axel Kicillof en La Plata, donde midió el pulso del gobernador luego de que este lograra desplazar al sector de Máximo Kirchner de la conducción real del PJ bonaerense. Desde entonces, los canales siguen abiertos.
La amenaza que todos escuchan pero pocos nombran
El argumento central de Massa es tan simple como contundente: cada cruce público entre Kicillof y La Cámpora le hace el juego a Javier Milei. Mientras el peronismo discute listas y conducciones, el gobierno nacional avanza en su agenda de reformas estructurales capitalizando cada grieta opositora.
«Vamos a trabajar en ampliar… no hay lugar para sectas», advirtió el exministro, en una crítica velada a los núcleos que pretenden poner condiciones ideológicas al armado de cara a 2027. Para Massa, la discusión de nombres y candidaturas presidenciales está groseramente adelantada.
El problema: el peronismo no tiene árbitro
El llamado a la madurez política suena lógico en los papeles. El problema es que el peronismo bonaerense lleva meses sin conducción unificada, y exigir que «seamos adultos y responsables» en un espacio que dirime sus jefaturas por desgaste público es, por ahora, más una expresión de deseos que una hoja de ruta concreta.
El kicillofismo quiere jubilarse del tutelaje de la vieja guardia. El kirchnerismo más duro prefiere la pureza de una derrota antes que ceder la lapicera de las listas. Y Massa intenta jugar de componedor en un espacio donde nadie le reconoce autoridad unilateral para hacerlo.
Proyección con perfil propio
Si la escalada entre el gobernador Kicillof y el espacio de Cristina no cede en los próximos meses, el Frente Renovador intentará ampliar su propio perfil hacia sectores independientes y clases medias productivas, buscando llegar a la campaña de 2027 como la opción más pragmática dentro del peronismo. La apuesta de Massa es larga: dejar que los extremos se desgasten y aparecer, cuando el mapa esté más claro, como el único garante de la sensatez. Si esa apuesta sale mal, el peronismo bonaerense podría llegar a la elección más fragmentado que nunca.


