Viernes 10 de julio de 2026
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Menos desocupados, más pobres: la UCA describe un mercado laboral que se parece cada vez más al Perú

El Gobierno de Javier Milei muestra con orgullo la baja del desempleo. Sin embargo, un nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) revela que los números pueden engañar. El primer trimestre de 2026 cerró con una desocupación del 7,8%. Mientras tanto, la informalidad ya trepa al 44,2% de los ocupados. El fenómeno tiene nombre: «desintegración laboral sin desempleo».

La investigación advierte que el problema no es cuántos trabajan. El problema es cómo trabajan.

La trampa del número bajo

Que menos gente esté desocupada no significa que más gente viva mejor. La UCA lo demuestra con datos sobre trayectorias laborales de los últimos quince años.

Entre 2011 y 2013, el 24,1% de los desocupados lograba ingresar al empleo asalariado formal. Entre 2023 y 2025, ese porcentaje bajó al 19,6%. En paralelo, subió el destino más precario. Los desocupados que terminaron en el autoempleo informal pasaron del 24,1% al 29,5%.

Así, más personas salen del desempleo pero aterrizan en trabajos sin seguridad social, sin contrato y sin estabilidad. La escalera social, antes bidireccional, hoy baja más de lo que sube.

El mismo movimiento se registra entre quienes ya tenían empleo formal. La proporción de asalariados formales que cayeron al autoempleo informal aumentó del 4,8% al 6,2%.

Trabajar más para ganar menos

El sociólogo Eduardo Chávez Molina, investigador del Instituto Gino Germani de la UBA, apunta a otro síntoma revelador: el pluriempleo. Actualmente, el 16% de los trabajadores argentinos tiene más de un empleo para llegar a fin de mes. En Chile y Uruguay, países con salarios suficientes, esa cifra ronda el 4%.

La situación golpea incluso a quienes ya terminaron su vida laboral. Entre el 12% y el 13% de los jubilados argentinos sigue trabajando. Esa proporción duplica o triplica la de los países vecinos.

El salario mínimo —hoy en torno a los $330.000— es también parte del problema. Para el investigador, ese valor no garantiza dignidad. En cambio, funciona como techo para los sectores más vulnerables. «Al no tener reglado el salario mínimo, lo que hace ese valor tan bajo es reglar los ingresos de los informales», explicó Chávez Molina. El empleo doméstico y los trabajadores de la construcción son los más expuestos.

El sector que más crece es el más precario

El llamado «sector microinformal» concentra buena parte de la expansión del empleo en Argentina. En 2010, representaba el 46,4% de la estructura laboral. En 2025, ya llegó al 48,3%. En esos trabajos —changas, servicios por cuenta propia, empleos no registrados— la precariedad alcanza el 66,5%.

El dato más duro es el de los asalariados informales en microestablecimientos: el 81,1% trabaja en condiciones precarias. Es decir, cuatro de cada cinco no tienen cobertura de salud, no aportan a la jubilación y pueden perder su trabajo sin preaviso.

Además, el empleo público cayó del 20,1% al 16,7% entre 2023 y 2025. Cada punto que pierde el Estado es un trabajador que, en muchos casos, va a engrosar el sector microinformal. La Provincia de Buenos Aires no es ajena al impacto. El distrito concentra el 25% de los empleos registrados destruidos desde que asumió Milei.

El espejo peruano que nadie quiere ver

El informe de la UCA incluye una comparación que incomoda. En Perú, la informalidad alcanza el 70,2% de los ocupados. El desempleo, en cambio, es apenas del 4,9%. Poco desempleo, mucha informalidad: exactamente el modelo que los datos muestran en expansión en Argentina.

Piero Ghezzi, ex ministro de Producción de Perú, lo resumió con precisión: «La política macro, que es transversal, no alcanza». El orden macroeconómico no llega al trabajador de la economía popular. No lo incluye, no lo formaliza y no mejora su ingreso.

Por su parte, Ramiro Robles, del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, fue directo. «No parece evidente que en el corto plazo la situación del empleo vaya a mejorar», afirmó. La advertencia tiene fundamento: los motores del empleo formal —industria, construcción, comercio registrado— no muestran señales de recuperación sostenida.

La reforma que puede profundizar el daño

Sobre ese escenario llega la reforma laboral que el Congreso acaba de aprobar. Para Chávez Molina, la norma no corrige el problema. Al contrario, lo profundiza. Según el investigador, la reforma «profundiza el proceso en el sentido de los bajos salarios, la probabilidad del despido rápido y la flexibilización de las condiciones de empleo».

El Gobierno, por su parte, reconoce que la recuperación todavía no llega a todos. Una fuente del entorno presidencial lo admitió esta semana: «Nuestro desafío es pedirles un poco más de tiempo a quienes no les alcanza». De cara a 2027, el oficialismo prioriza la reforma del Banco Central y la baja del riesgo país como señales de solidez macroeconómica.

Pero los datos del consumo cuentan otra historia. La mora de las familias en los créditos lleva 19 meses consecutivos de suba. Ya alcanzó el 12,7%, el nivel más alto en dos décadas. Es una señal que se suma a los datos de empleo. La macroeconomía puede mostrar números positivos y, al mismo tiempo, sostener un deterioro real en la vida de los trabajadores.

La UCA llama a eso «desintegración laboral sin desempleo». En La Plata y en el territorio bonaerense, ese nombre técnico tiene cara y apellido. Es cada familia que trabaja más para alcanzar cada vez menos.

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