Sábado 10 de enero de 2026
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Milei y su comunicación en X: más de 16.800 insultos en 20 meses de gestión

La forma en que el presidente Javier Milei comunica —y no solo lo que dice— volvió a colocar al debate público argentino bajo la lupa de los analistas de discurso político. Un nuevo informe del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) reveló que uno de cada siete mensajes publicados por el mandatario en X (antes Twitter) entre diciembre de 2023 y septiembre de 2025 contiene expresiones insultantes, ofensivas o de desprecio hacia distintos destinatarios, incluidos periodistas, organizaciones y actores del debate público. 

El trabajo, titulado “El insulto como estrategia. Un análisis de 113.000 tuits del presidente Milei”, no solo reunió datos cuantitativos —16.806 publicaciones con lenguaje ofensivo de un total de 113.649 posteos— sino que también exploró patrones de uso y categorías discursivas que sitúan al insulto como herramienta recurrente en los mensajes del jefe de Estado. Ese porcentaje representa el 15,2% de los mensajes de Milei desde su asunción hasta mediados de septiembre de 2025

El contexto: ¿un presidente que cambió la narrativa?

Desde su irrupción en la escena pública, primero como panelista y comentarista, luego como diputado y finalmente como presidente, Milei marcó su estilo comunicacional por la confrontación. Este rasgo, inicialmente ligado a discursos mediáticos y televisivos, encontró en las redes sociales un canal ideal para amplificarse. El análisis de FOPEA sostiene que esta agresividad no disminuyó con el tiempo, aunque hubo variaciones en su intensidad a lo largo de los meses. 

En agosto de 2025, el propio presidente se comprometió públicamente a “dejar de lado los insultos para discutir ideas”, una promesa que —según el informe— fue cumplida solo de forma parcial. Tras ese punto, la cantidad de insultos registrados en X disminuyó gradualmente, pero no se extinguió: los posteos ofensivos siguieron siendo una parte significativa de su actividad. 

¿A quiénes va dirigido el agravio digital?

El estudio de FOPEA no se quedó en los datos crudos: identificó patrones lingüísticos que van desde descalificaciones simples hasta expresiones de estigmatización y animalización del otro. Entre los insultos más frecuentes figuran términos como “kuka”, utilizado con sentido denigrante hacia el kirchnerismo; “delincuente”, “corrupto” y “ensobrado” —especialmente dirigidos al periodismo independiente—; o descriptores más groseros que buscan deshumanizar a quienes no comparten la mirada oficial. 

Además, el informe subraya que estos insultos no se distribuyen de manera homogénea: hay momentos en que su uso crece de manera sincronizada con la publicación de medidas económicas o anuncios de impacto, sugiriendo que el conflicto y la agresión funcionan como vectores de visibilidad en la plataforma digital. 

¿Qué significa esto para la democracia?

Más allá de las cifras, los analistas de FOPEA plantean una pregunta crítica para la Argentina actual: ¿cómo impacta este estilo comunicacional en la calidad del debate político y en la percepción social de instituciones clave, como la prensa y la oposición? La utilización sistemática del insulto, advierten, no solo polariza a los interlocutores, sino que puede erosionar la confianza en la deliberación pública y alimentar una cultura de confrontación constante que desplaza a la argumentación racional. 

Para un país que enfrenta desafíos económicos complejos —inflación, negociación de deuda, déficit fiscal y reformas estructurales—, este modo de comunicación presidencial introduce una variable adicional de tensión social y política que habrá que monitorear de cerca en 2026, año de elecciones nacionales y definiciones clave para la economía.

¿Qué sigue?

La base de datos y herramientas de visualización desarrolladas por DJV Bootcamp de FOPEA —disponibles en el portal del informe— permiten un seguimiento detallado de estos patrones y abren la puerta a investigaciones más profundas sobre comunicación política digital, polarización y rol de las redes sociales en la construcción de consenso (o disenso). 

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