La senadora dejó abierta su candidatura presidencial, evitó por segunda vez en una semana respaldar la reelección de Javier Milei y se mostró ante el empresariado como garante del «proyecto». En el Coloquio de IDEA, el círculo rojo empezó a ensayar en voz baja una idea que hasta hace poco era impensable: el oficialismo sin su fundador.
Patricia Bullrich no se lanzó, pero tampoco se bajó. «Siempre hay que saber cuál es tu momento. Yo probé una vez y no llegué. Ahora voy a esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos», dijo en una entrevista con Robertito Funes Ugarte. Y agregó una frase que en la Casa Rosada leyeron con atención: «No me voy a apurar. Tampoco tengo tanto tiempo».
La definición de Bullrich sobre 2027 llegó pocas horas después de su paso por el Coloquio de IDEA en Mar del Plata, donde fue la figura central del oficialismo ante los principales empresarios del país. Allí repitió la fórmula que ya funciona como marca propia: lo que debe reelegirse es «el proyecto». El nombre de Milei, otra vez, no apareció.
Bullrich 2027: la diferencia entre el proyecto y el Presidente
La distinción no es semántica. Ante los empresarios, la jefa del bloque libertario en el Senado recordó que los proyectos republicanos nunca lograron reelegir en la Argentina y citó los casos de Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri. Por eso, sostuvo, lo importante es que «este proyecto pueda avanzar».
Cuando le preguntaron dónde estará en 2027, respondió que no lo sabe y que lo importante son las ideas. Sobre las alianzas y la oferta electoral, dijo que todo está «en veremos». Cada respuesta dejó abierta la misma puerta: un mileísmo que continúe con otra cara al frente.
El contraste con el resto del oficialismo fue nítido. En el mismo Coloquio, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, pidió de manera explícita en un video grabado en la Casa Rosada que los empresarios acompañen la reelección de Milei. Bullrich, que ocupa un lugar central en la estructura de poder libertaria, eligió no hacerlo.
El peso del círculo rojo: un almuerzo y un Presidente por Zoom
La escena de Mar del Plata explica buena parte de la movida. Milei viajó a París para la Semana Argentina con Karina Milei, Luis Caputo, Santiago Bausili, Pablo Quirno, Federico Sturzenegger y trece gobernadores. El Coloquio quedó sin la plana mayor del Gobierno, y Bullrich ocupó ese vacío.
Mientras el Presidente participaba por videoconferencia desde una habitación de hotel y se cruzaba con el presentador José del Río, la senadora compartía un almuerzo de una hora y media con 34 ejecutivos en el Hotel Costa Galana. La postal fue la que buscaban los empresarios: una dirigente del oficialismo que escucha, que no insulta y que habla de previsibilidad.
El establishment acompaña el rumbo económico, pero empieza a renegar de las formas del Presidente. Esa es la grieta por la que se mete Bullrich. No discute la orientación del programa; discute su velocidad y su estilo. En su paso por IDEA cuestionó los tiempos del plan de Caputo, pidió «más velocidad» en las reformas y presentó propuestas propias, por fuera de la agenda del Ejecutivo.
Para el círculo rojo, la ecuación es atractiva. Bullrich garantiza continuidad en lo que les importa —apertura, desregulación, reforma laboral, RIGI— y ofrece algo que Milei no da: un trato menos conflictivo con los sectores que el Presidente desprecia en público, desde los periodistas hasta los propios empresarios que lo critican.
Qué significa para la oposición y la Provincia
La interna libertaria tiene lectura directa en territorio bonaerense. Santilli, que encabezó la lista de La Libertad Avanza en la Provincia en 2025, construye su candidatura polarizando con Axel Kicillof y atado a la reelección de Milei. Una Bullrich competitiva desordena ese esquema: si el proyecto puede seguir sin Milei, también puede seguir con otros armadores en la Provincia.
En la Gobernación siguen el movimiento con interés. Cada señal de fisura en el oficialismo nacional refuerza el argumento de Kicillof de que el modelo libertario está agotado, aunque también anticipa un escenario más complejo: competir contra un candidato sin el desgaste personal del Presidente.
El peronismo bonaerense, además, tiene su propio espejo en esta pelea. Mientras La Cámpora y el gobernador discuten quién conduce, el oficialismo nacional empieza a transitar una interna con lógica parecida: un liderazgo fundacional que no quiere ceder y una figura que ofrece continuidad sin el fundador.
Estrategia de desgaste
Bullrich no va a definir nada en el corto plazo. Su estrategia es esperar a que el desgaste económico y las encuestas hagan el trabajo. Si la economía no repunta antes de mitad de 2027, su nombre crecerá como opción del oficialismo ante un electorado no peronista que quiere el programa pero no el estilo.
La respuesta de los hermanos Milei será la clave. Un intento de disciplinarla podría acelerar la ruptura que ella hoy evita. La tolerancia, en cambio, le dará tiempo para consolidarse como la candidata natural del círculo rojo. En ambos casos, el mileísmo sin Milei dejó de ser una hipótesis de café para convertirse en una conversación abierta entre empresarios.


