Desde este lunes 4 de mayo rige un nuevo cuadro tarifario para los colectivos del Gran La Plata, con un aumento promedio del 11%. La suba se suma al combo de nafta cara, peajes y estacionamiento medido que está empujando el costo de la movilidad muy por encima de los aumentos salariales.
Trasladarse en la capital provincial dejó de ser un gasto menor en el presupuesto familiar. Entre el boleto de colectivo que sube otra vez desde el lunes, la nafta arriba de los $1.200 el litro y el estacionamiento medido en revisión, una persona que se mueve todos los días gasta en promedio entre 50.000 y 100.000 pesos al mes solo en transporte.
La cifra varía según se elija el auto particular o el transporte público, pero en ambos casos la conclusión es la misma: moverse en la región se volvió un rubro pesado dentro del bolsillo, equiparable a servicios o alquileres.
Cuánto sale el colectivo desde el lunes
El aumento que entra en vigencia este lunes 4 es del 11% para la región del Gran La Plata, Berisso y Ensenada. Con SUBE registrada, los nuevos valores quedan así:
- 0 a 3 km: de $948,91 a $1.053,29.
- 3 a 6 km (la sección más usada): de $1.035,90 a $1.149,85.
- 6 a 12 km: de $1.120,94 a $1.244,24.
- 12 a 27 km: de $1.200,46 a $1.332,51.
- Más de 27 km: de $1.266,73 a $1.406,07.
Para los pasajeros que no nominalizaron la SUBE, los valores son significativamente más altos: el tramo mínimo arranca en $1.674,73 y el más extenso ya roza los $2.250.

La cuenta del que viaja en colectivo
Para un trabajador o estudiante que toma dos colectivos por día, cinco días a la semana, en la sección más usada (3 a 6 km), el gasto mensual queda en torno a los $46.000 con SUBE registrada. Si suma una vuelta extra los fines de semana, fácilmente supera los $55.000.
Si se trata de una familia con dos integrantes que viajan, el número se duplica y entra en la franja de los $100.000 mensuales. Y eso, sin contar combinaciones, viajes a CABA en tren o servicios largos hacia Berisso, Ensenada o City Bell.
La trampa del auto particular
Quienes optan por moverse en auto no salen mejor parados. En la zona, la nafta Súper de YPF cotiza en torno a los $1.248 el litro y la Infinia ronda los $1.460. Llenar el tanque de un auto chico cuesta entre $55.000 y $70.000.
A eso se suman patente, seguro, mantenimiento y estacionamiento. Hoy estacionar en el microcentro cuesta $300 la hora en horario regular y $500 en pico, aunque la Ordenanza Impositiva 2026 contempla un tope de hasta $1.100 la hora si se aplica el ajuste pleno. El cálculo final, según relevamientos sectoriales, ubica el costo mensual de un auto de gama media entre $100.000 y $200.000, sin contar imprevistos.

Para los que cruzan a CABA todos los días, el panorama es directamente prohibitivo: solo en peajes pueden gastar hasta $220.000 mensuales en horario no pico, según los últimos relevamientos.
Por qué en la región pagamos más caro
Un detalle que pasa desapercibido pero pesa en la factura: en el Gran La Plata las tarifas son más altas que en el resto del AMBA. La diferencia se explica por un acuerdo entre las cámaras empresarias y la Unión Tranviarios Automotor (UTA), que incluye un «Premio Estímulo» para los choferes y se traslada al precio del boleto.
A eso se le suma que la región recibe menos subsidios proporcionales que el AMBA, una pulseada que arrastra años entre la Provincia y Nación y que cada nueva suba vuelve a poner sobre la mesa.
Servicio que no acompaña al precio
El malestar entre los usuarios no es solo por el bolsillo. Las quejas por baja frecuencia, unidades que dejan de pasar y recorridos discontinuados se multiplican en redes y en mesas de entradas municipales. La sensación generalizada es que se paga cada vez más por un servicio que cada vez funciona menos.
En paralelo, las cámaras del sector advierten por la caída de pasajeros, un círculo vicioso que se viene profundizando: menos viajes, menos ingresos, menos frecuencia, más quejas y más aumentos.
Lo que viene en las próximas semanas
Con un boleto que ya supera los mil pesos, una nafta que no para de subir y un estacionamiento medido pendiente de redefinición, la discusión por el costo de la movilidad va a seguir escalando. Si la frecuencia no mejora y los aumentos siguen al ritmo de la inflación, la presión sobre el sistema —y sobre el humor social— se va a sentir cada vez más fuerte. La incógnita es hasta dónde puede estirarse esta cuerda antes de que el debate vuelva al centro de la agenda política, sobre todo en un año marcado por elecciones legislativas.


