La ola de frío que golpeó la región disparó el consumo energético y dejó sin combustible a taxistas, remiseros y conductores de aplicaciones durante el fin de semana. Este domingo, el servicio se normalizó de forma progresiva.
El primer frío serio del año le pasó factura al sistema de distribución de gas. Durante 48 horas, cientos de conductores platenses recorrieron la ciudad de punta a punta buscando una estación con GNC disponible. Este domingo a la mañana, el servicio comenzó a recuperarse en La Plata, Berisso y Ensenada —aunque la postal del fin de semana dejó expuesta una vulnerabilidad que se repite cada invierno.
Qué pasó y por qué
El problema arrancó el viernes. La baja de temperaturas disparó el consumo residencial de gas, y las distribuidoras activaron los cortes sobre los contratos interrumpibles, que son exactamente eso: acuerdos que permiten suspender el suministro a determinados clientes —entre ellos, muchas estaciones de GNC— cuando la demanda supera ciertos umbrales.
El argumento oficial es claro: en una situación de alta demanda, la prioridad son los hogares, hospitales y escuelas. Lo que no se discute es que ese esquema deja sin combustible a miles de trabajadores que dependen del GNC para su actividad diaria.
Filas, cupos y desesperación
Las pocas estaciones que siguieron operativas durante el sábado se convirtieron en imanes de tensión. Los cupos diarios se agotaban en horas, y los conductores que llegaban tarde se iban con el tanque vacío y la cita para volver al otro día.
Taxistas, remiseros y choferes de plataformas —Uber, Cabify, inDriver— fueron los más golpeados. Para ellos, el auto parado no es un inconveniente: es un día sin ingresos. Muchos reclamaron públicamente medidas de emergencia que garanticen el abastecimiento en episodios de frío extremo.
Una lógica que se repite
Lo que ocurrió en La Plata este fin de semana no es nuevo. La tensión entre contratos interrumpibles y la demanda invernal es una constante en el sistema gasífero argentino. Cada vez que bajan las temperaturas de forma abrupta, el equilibrio se rompe y los que pagan los platos rotos son quienes usan el GNC como herramienta de trabajo.
La normalización progresiva de este domingo es un alivio, pero no resuelve la pregunta de fondo: ¿qué pasa la próxima vez que el termómetro caiga en serio?
Nuevas restricciones?
Con el invierno recién empezando, la posibilidad de nuevas restricciones en el despacho de GNC sigue sobre la mesa. Si las temperaturas vuelven a desplomarse en las próximas semanas —algo más que probable en junio y julio—, el sistema podría volver a colapsar bajo la misma lógica. La diferencia estaría en si las autoridades y las distribuidoras logran anticiparse o si, una vez más, la solución llega cuando el problema ya está instalado.


